viernes, 16 de febrero de 2018

Entrevista: MANUEL CALDERÓN

“Tenemos que recuperar a nuestro ser poético”

Esperando a Godot (2017) de Samuel Beckett fue una de las temporadas de teatro clásico del absurdo más celebradas por publico y critica el año pasado, consiguiendo el premio de la encuesta de Oficio Crítico al Mejor actor para Manuel Calderón, quien cumple 31 años de actividad artística. “Le dimos un vuelo diferente a nuestra propuesta”, menciona en referencia a la puesta dirigida por Omar Del Águila. “Teníamos que jugar con otras dinámicas más inmediatas, en darle a la espera una actividad, que no quede como espacio vacío”. Manuel reconoce que como actor a veces es “absurdo”, pero que como profesor sí tiene todo estructurado. “Es la primera vez que hago teatro del absurdo, lo único que hice antes en ese rubro fue dirigir una obra de Sergio Arrau, Balseando con Edelmira (2001), que tenía mucho de ese estilo, para el primer festival de teatro del ICPNA”.

Los inicios en el arte

“En el colegio hice teatro en Secundaria, pero yo ubico mi inicio formal en 1987 en la carpa teatro del puente Santa Rosa”, recuerda Manuel, quien aceptó la convocatoria de Iván Olivares, en ese entonces profesor de psicología de academias pre-universitarias y alumno del Club de Teatro de Lima, para integrar el taller de su grupo llamado Constelación, en el referido espacio. “El alcalde Alfonso Barrantes facilitó este lugar (la carpa teatro) para gente de arte diverso, como teatro y danza para grupos independientes o “subtes”; un amigo me pasó la voz y entré a este taller, que en realidad fue un grupo de teatro básico”.

Ese mismo año, Manuel llega al Club de Teatro y conoce a su director, el señor Reynaldo D’Amore. “Fue mi maestro, mi padre putativo, al que quiero mucho; él me enseñó la pasión, la entrega, la disciplina y el compromiso con lo que haces; más allá de lo que se pueda decir del maestro, estaba comprometido con el teatro”. Fueron varios los profesores del Club que marcaron la vida profesional de Manuel. “De Sergio Arrau aprendí a jugar, a leer, a conocer y entender el teatro, pero él siempre relajándose y disfrutando”. Por otro lado, la profesora Eugenia Ende trabajó con Manuel a nivel del cuerpo; y Efraín Rajman, en la dirección de uno de los montajes más emblemáticos del Club, Heredarás el viento (1989). Gregor Díaz, también conocido por su producción dramática, dirigió a Manuel en el montaje que considera como el más relevante en su paso por el mencionado centro de estudios, Gregor vs Gregor (1988). “Rescato de Gregor su forma de decir lo que sentía, ya que todas sus obras tienen que ver con sus complejos, con su ser interior, con la relación que tenía con Lima como provinciano, él le puso una cuota social a su teatro”. 

Manuel termina de estudiar en el Club en 1989 y en el verano del año siguiente, lleva el curso de Pedagogía teatral con el señor D’Amore. “Me interesaba la docencia y Reynaldo tenía una gran sensibilidad para enseñar”, rememora. “Al terminar el curso, tuve con él charlas larguísimas, hasta que un día me dijo: ¿Quieres enseñar?, tengo un grupo de adolescentes, ¿quieres o no? Así empecé, dictando el curso de adolescentes y luego el Primer Año”. Posteriormente, Manuel se retiraría del Club y les cedería la posta a Paco Caparó y Pold Gastello, quienes actualmente se encuentran en la directiva del Club.

“En 1990, entro a la escuela de Quinta Rueda, en un taller intensivo de un año dictado por Ruth Escudero (mi madre putativa del teatro), y con compañeros como Elsa Oliveros, Carlos Mendoza, Patricia Riera y otros muchachos más”, recuerda Manuel. “Solo pagamos inscripción, ya que contábamos con auspicio; dimos examen de cuerpo, de voz, de actuación, de conocimientos y una entrevista personal”. Allí tuvo como profesores a Walter Zambrano, Ana Correa y Ruth Escudero. Con esta última, se abrió la Escuela de Quinta Rueda, que duró solo un par de años. “En 1993, gané una beca y viajé a Cuba a hacer un taller intensivo en la EITALC (Escuela Interamericana de Teatro para América Latina y el Caribe), y al año siguiente entro a trabajar en el Instituto Charles Chaplin hasta el 2008”. Manuel no solo continuó actuando, sino también dirigiendo, como la puesta en escena de Tartufo (1994), con versión de Roberto Cossa en la Alianza Francesa, con Paco Caparó, Giovanni Ciccia, Patricia Romero, Pold Gastello, Juan Carlos Díaz, entre otros. “También estudié e hice un taller con Alberto Isola como alumno y dos como asistente suyo; participé en  talleres con Integro, IMPRO con Francois Vallaeys y Clown en Pataclaun; además, estudié Pedagogía Teatral en la ENSAD, así como muchos otros cursos y talleres”. Aparte de siempre estar atento a los diferentes talleres para continuar reforzando su trabajo, Manuel ha trabajado con diferentes grupos de teatro , entre ellos, Cuatrotablas, bajo la dirección de su amigo Mario Delgado, y Teatro del Sol, con Bruno Ortiz, con quien también hizo la película Rehenes.

Los requisitos para actuar y dirigir

Para Manuel, un buen actor de teatro debe tener ciertas cualidades. “Tener compromiso y humildad en el trabajo, aceptar que si no te sale, no te sale; tú eres parte del teatro, el teatro no eres tú; además, tener sensibilidad, que es la intuición”. Afirma también que la técnica se aprende, pero la sensibilidad y la intuición recaen en el actor. “Para mí, el talento no existe, es un concepto más bien abstracto, se le llama así a un grupo de capacidades y destrezas que se encaminan al dominio para hacer algo, en todo caso, el talento es esa sensibilidad que viene contigo, la intuición”. Por otro lado, un buen director de teatro debe “tener sensibilidad para percibir y organizar, un buen manejo de grupo y además, conocimientos, cultura general”.

Manuel viene colaborando estrechamente con la Asociación de Artistas Aficionados (AAA); justamente, una de esas primeras obras fue El soplador de estrellas (2011) de Ricardo Talento. “Esa obra salió de la nada”, reconoce divertido. “En la AAA, estábamos un grupo de actores desocupados conversando y surge la posibilidad de hacer un taller laboratorio, fuimos quedando al final Yazmín Loayza, Ximena Arroyo y yo”. Un pedido para hacer una obra para Navidad para un evento, motivó que los tres prepararan la obra en cuestión. “Yazmín ya tenía esta obra para dos actores, ella dirigiría y Ximena actuaría conmigo; la hicimos para ese  evento, pero después nos dijimos que valía la pena ponerla en la AAA, en la calle y se volvió itinerante”. El soplador de estrellas participó en la Muestra Nacional de Teatro en Tacna y sigue presentándose de manera intermitente hasta la fecha.

Para Ximena Arroyo, Manuel solo tiene palabras de aprecio y admiración. “Con Ximena actuamos en El zoológico de cristal (1990), junto a su madre Sonia Seminario; desde entonces nos volvimos hermanos”. Posteriormente, en el 2004, coincidieron en el taller dictado por Isola. Y en 2011 sería dirigido por ella en Yerma… mujer que no se habita. “En todos los ámbitos, como directora de la AAA, compañera de tablas y directora teatral, hay una relación muy especial: nos queremos mucho, aunque a veces también chocamos, pero luego nos perdonamos”, admite. “Ximena es perfeccionista, además, nos comunicamos bien en escena y eso ha surgido naturalmente, hay empatía y sensibilidad el uno con el otro; cuando uno se pierde, el otro lo apoya”.

La importancia del arte

Manuel cita al filósofo Edgar Morin con respecto a la importancia del arte: “En nosotros coexisten dos seres, el del estado prosaico y el del estado poético; esos dos seres constituyen nuestro ser, son sus dos polaridades, necesarias una para la otra: si no hubiera prosa no habría poesía, el estado poético no se manifiesta como tal sino en relación con el estado prosaico”. Es decir, el ser humano es un ser poético al nacer, es puro y sensible, que valora las cosas simples. “Pero conforme crecemos nos volvemos prosaicos”, reflexiona Manuel. “Tenemos que sobrevivir, preocuparnos por el trabajo y la plata; nos hemos convertido demasiado en seres prosaicos y nos hemos olvidado del ser poético, el ser sensible, ese es el que tenemos que recuperar”. El arte, para Manuel, debe ser el ámbito en el que el ser poético se recupera, porque se recuperan la inocencia y la humildad, el ser primitivo. “Y esa es la gran misión con mis alumnos”, afirma. “El ser prosaico está bien, pero se debe buscar un equilibrio con su ser poético”.

Como actor, Manuel asegura tener una misión consigo mismo y con su entorno más cercano, que es el público que asiste al teatro. “También he hecho cine, este año se estrena una película que hice con Aldo Miyashiro llamada Sangra, Grita, Late; pero yo estoy muy relacionado con el teatro”. Manuel no busca darle al espectador un mensaje en sí, pero sí sensibilizarlo. “En su esencia más pura, el arte tiene funciones, como la de hacer que el público empiece a ver más allá, la de sintetizar aspectos de la realidad para que el público vaya a su casa con una reflexión, la de conectar a la gente con el mundo real”. Manuel tiene un proyecto de enseñanza teatral llamado CAUCE, al quiere dedicarse este año. “Es un espacio pedagógico de investigación teatral, todavía no físico, que busco promocionar; pero por el momento, estoy dedicado a la docencia en los talleres de la AAA y al curso de Teatro en el Colegio Antares para chicos con problemas de aprendizaje”, concluye.

Sergio Velarde
15 de febrero de 2018

martes, 13 de febrero de 2018

Entrevista: PALOMA REYES DE SÁ

“Descubrir el payaso dentro de ti es transformador”

“He encontrado un grupo de gente increíble para trabajar”, nos comenta la artista brasilera Paloma Reyes de Sá, ganadora del premio del jurado de Oficio Crítico por su trabajo de dirección en Armando equipaje (2017), en compañía de Carol Hernández. El sólido elenco que ha venido acompañando a Paloma en sus aventuras teatrales, entre quienes se encuentran Manuel Gold, Cesar García, Jely Reátegui  y Fiorella Kollmann, por citar algunos, le ha permitido dirigir un puñado de puestas en escena tan divertidas como interesantes, como Los Fabulatas (2013) y sus posteriores reestrenos;  el unipersonal Mi nombre es 23 (2015); o Casi Don Quijote (2016). “Es gente demasiado creativa, apasionada, con la que tengo mucha afinidad no solo en ideología, sino también en cómo nos manejamos en el humor”.

Inicio en Rio

Desde muy pequeña, Paloma se interesó por el teatro, especialmente teniendo como padres a dos artistas plásticos y además, actores callejeros. “Conviví desde siempre con el mundo del arte y la música”. A diferencia de nuestros colegios, en Rio de Janeiro el teatro sí es una materia importante, especialmente en escuelas alternativas. “No pensaba que iba a ser profesional de teatro”, recuerda Paloma. “Pero me dejaba con mucha ilusión, porque era una persona muy tímida; ser otra persona me daba múltiples posibilidades”. Ella admite que no tenía muchos amigos, pero sí muchos miedos y vergüenza. “El teatro me abrió posibilidades de hacer cosas nuevas, de conocer gente, de sentirme más cómoda conmigo misma”.

A los 13 años, en 1991, Paloma decide profesionalizarse y llevó un curso mucho más intenso y más profesional. “Mi vida de colegio fue una locura, yo lo dejé por el teatro, después tuve que regresar para completar mis estudios”, rememora. Su madre siempre la apoyaba, pero no precisamente para que deje el colegio. “Fue una cosa radical mía; pero después empiezo la carrera profesional de teatro en la Casa das Artes de Laranjeiras en Rio de Janeiro”.  En el mencionado centro de estudios, Paloma afina su creatividad en el arte, especialmente en base al trabajo del clown, además de cultivar su gusto musical, que perdura hasta ahora en sus montajes como directora.

Beneficios de la música, el clown y a improvisación

“Para un actor es muy importante el tener nociones  de música”, menciona Paloma. “El teatro es ritmo,  vive de un pulso; si el actor no entiende ese pulso, entonces es difícil que encaje”. Entender la pulsación de las escenas conscientemente es, para Paloma, un requisito básico. “Cuando marco a un actor sin habilidad musical es más “titireteado”; en cambio el otro, entiende mejor la comedia. La comedia es romper ritmos, el timing es muy importante”. Paloma viene de una formación especializada en clown en Brasil, ya que es obligatorio: si te formas como actor casi siempre te formas como clown. “Ahí  fue que elegí ser payasa para siempre, mi primer maestro Thierry Tremouroux fue el que me encaminó en aquella época: el humor es donde me sentí más plena”. El clown es visto por Paloma como el punto de partida del humor; es muy esencial, ya que es entrar en contacto con la verdad del actor. “Ahí es donde conoces tu fragilidad, tu inocencia y donde rompes tus esquemas limitantes; el humor para mí lo es todo, por eso todos mis espectáculos son de humor”.

Por otro lado, Paloma considera a la improvisación como parte importante del proceso creativo. “Desde que empecé a dirigir, con Mi querida neurosis (2008) con Fiorella Kollmann, las escenas las armábamos en base a la improvisación, y después empezábamos a fijar para ver qué es lo que valía la pena”. Para Paloma, el mundo absurdo del payaso puede llegar a ser “muy pastrulo, si no lo cuadras, porque entonces nadie entiende; hay que revisar siempre”. Y es que Paloma, como directora, cree mucho en la impro, afianzando las escenas y situaciones, fijando lo improvisado en los ensayos. “Salvo en espectáculos como Armando equipaje, en el que hay momentos ya pactados para ser básicamente improvisación”.

Paloma recomienda que todo actor debiera llevar talleres de clown e improvisación, debido a los múltiples beneficios que traen estas disciplinas. “El payaso es un ser vivo dentro de ti y  descubrirlo es transformador”, analiza. “Es maravilloso aceptar tu ridículo como persona, descubrir cuáles son tus neurosis, tus miedos más profundos o tus sueños, y luego exponerlos dentro del personaje”. Esta técnica permite múltiples rangos de actuación, ya que se está en un estado de juego, que es el más genuino con el que se puede estar en escena. “Si lo entiendes, lo puedes trasladar a cualquier personaje, te deja pulsando en escena, y el público dice: ¡Eso es real!, porque el actor está en estado de trance, en el estado del payaso”. En contraste, la improvisación es el estado de libertad plena del actor. “Todo el mundo  hace impro; por ejemplo, si vas a leer un texto por primera vez, ya estás improvisando una forma de hablar. Crear es improvisar. Investigar esta técnica y utilizarla hace que crezcas como artista”.

Actuación, dirección y dramaturgia

“Un buen actor de teatro debe tener pasión, disciplina y divertirse con lo que hace”, asegura Paloma. Agrega además, que ella no cree en el talento. “La disciplina y la pasión hacen el talento,  son dos ingredientes infaltables. La pasión hace que el actor tenga disciplina, que investigue, que sea puntual, que respete, que vuelva a intentar; en cambio, uno con talento y sin disciplina, no hace caso, llega tarde, y no vale”. Como directora, Paloma se autodefine caótica, pero esperaría de un director que la provoque, que sea apasionado y que literalmente, la alimente con su pasión. “Quiero que me rete, que sea loco, tiene que tener un poco de locura”.

Paloma afirma vivir en el mundo al revés, como directora, ya que en su mundo del payaso, nunca sabe nada de las escenas cuando empieza a dirigir un espectáculo. “Yo tengo una idea base, por ejemplo, hacemos el Quijote con actores que van a ser fracasados y no van a lograr hacer la historia; también me gustaría tener un tren, ¿por qué?, no tengo idea (ríe), se me vienen ideas sueltas y yo armo el rompecabezas”. Ese es el punto de partida y lo demás, Paloma lo trabaja en conjunto. “Creo que el trabajo en equipo y creación colectiva hacen que el montaje sea más genuino y verdadero, sembrando con semillas que los actores aportan y así va creciendo un árbol de mezclas con todos los sabores”. Obviamente, después de ese proceso creativo, llega el momento más duro para Paloma, que es el de eliminar cosas, ya que puede tener espectáculos de cinco horas. “Entras a limpiar y buscar pepitas de oro de la creación y se va acomodando y armando”.

La reciente polémica sobre el final cambiado de la ópera Carmen mereció la siguiente opinión de Paloma: “Puedes coger Carmen y hacer lo que quieras, es del dominio público”. Ella recuerda haber hecho un video de 5 minutos de Carmen, dentro de una secuencia para niños en programa de televisión en el Perú. “Se llamaba Ópera prima, con óperas transformadas en clown; nadie se picó, ¿entiendes? (ríe); ahora, si solo cambió el final para ser políticamente correcto, es su decisión, está experimentando y es chévere que quiera transformar el mundo”. Paloma ha adaptado cuentos, relatos y mitos antiguos que todos conocen para sus puestas en escena. "Transformo los personajes para que comuniquen lo que queremos comunicar, como una herramienta, y porque es divertido: yo hago parodia, que es la adaptación de las cosas”. Por su parte, Paloma asegura no molestarse si otros artistas cambian sus espectáculos ya escritos. “No creo que  me vaya a picar si me los cambian, sería ridículo en mi caso”.

La elección del artista

En épocas tan difíciles como las que nos toca vivir actualmente, el arte debería servir como un ente transformador en el público, para que sea mejor cada día. “Pero la responsabilidad es para quien la quiera tener, no es algo obligado, yo no juzgo”, reflexiona Paloma. “En mis obras siempre vas a ver algo de transformación social, porque eso es parte de mí”. Desde niña, Paloma ha sido políticamente muy consciente, al igual que sus padres. “Es parte de lo que yo quiero sembrar en el mundo; si en un momento ya no lo quiero hacer, pues no siento esa responsabilidad; yo lo hago porque es parte de mi personalidad”. Y es que así lo podemos apreciar en sus montajes: en Casi Don Quijote, los personajes son discriminados porque son diferentes; en Los Fabulatas se habla muchísimo de reciclar, de cómo jugar de manera que no sea dañino para el medo ambiente. “Yo fui voluntaria en Greenpeace a los 13 años, lo que me importa yo lo pongo en mis espectáculos”.

Paloma menciona que sus proyectos para este año serán un montón de reposiciones. “Para descansar mi cerebro un ratito (ríe), pero sí tengo un proyecto nuevo, que no es teatro, con Saskia Bernaola”. Los Fabulatas 2 y la Máquina Legendaria se estrenará en marzo; Casi Don Quijote volverá en setiembre, así como la comedia El primer caso de Black & Jack (2017); y además, Mi querida neurosis, unipersonal que cumple 10 años de estrenado, también regresará a escena. “Y por supuesto, seguimos con la escuela de Gestus en la Payacasa de Barranco, dictando talleres de impro, clown, técnicas corporales, de máscaras y así todo el año, tanto para principiantes como para actores profesionales, que quieran empaparse de estas  y otras técnicas escénicas”, finaliza.

Sergio Velarde
13 de febrero de 2018

domingo, 11 de febrero de 2018

Colaboración regional: MOVIDA TEATRAL TACNEÑA

Evitar los encharcamientos

Es febrero del 2018 y la ciudad heroica hoy, comienza a consolidar un movimiento teatral, que de manera prolongada retiene una cantidad importante de espectadores gracias a la existencia de agrupaciones y colectivos artísticos que de manera independiente aran este camino, jóvenes y veteranos, trabajan a corto, mediano y largo plazo desde sus agrupaciones, promoviendo la aparición de nuevas propuestas y espacios, dejando atrás el efecto centralizador que mantuvo estacionada la escena regional.

Tacna es una ciudad de paso, nuestro espectador local ha sido susceptible a participar de espectáculos itinerantes de toda índole (compañías y productoras nacionales o internacionales rumbo al sur e internacionales rumbo al norte) que de producciones locales, esto ha generado que la percepción del espectador tacneño acerca de las artes escénicas se limite en su mayoría por las formas comerciales de la escena influenciadas en las industrias de cine y la televisión, por ello, a pesar de la gran cantidad de espectadores que los grupos congregan anualmente, los estrenos, las temporadas y los encuentros producidos por los núcleos teatrales locales en muchas oportunidades llegan a ser eventos aislados mediáticamente por diversas circunstancias: la poca proyección mediática, la falta de difusión, la escasa sostenibilidad, y la poca identificación del público tacneño hacia sus formas y discursos teatrales locales; a pesar de estas carencias y dificultades, la actividad teatral ha ido en incremento considerable en los últimos 3 años, aún no se puede evidenciar un panorama profesional regional o hablar de un mercado teatral sostenible, pero este crecimiento ha permitido que la percepción de la prensa y la ciudad frente a nuestro teatro haya evolucionado constructivamente.

Ciertos eventos y proyectos son actualmente puntos de la cultura teatral en nuestra ciudad y contribuyen a este crecimiento por la EVIDENCIA sistemática que demuestran cada año:
El “FITEAL” (Festín Internacional de Teatro Alternativo) promovido por el Grupo Teatral Masdenosotros, que ha llegado a congregar en sus once versiones aproximadamente a 15 mil espectadores, y que en el mes de noviembre del 2017 inauguró su XI versión.
La Sala de teatro “Cuadra 21”, única sala de teatro independiente de la ciudad, proyecto en ejecución y en implementación dirigido por el Grupo Teatral Deciertopicante, ahora ubicado en Calle Alto Lima #2021.
La Especialidad de Teatro de la Escuela de Formación Artística Pública Francisco Laso, único espacio de formación ACADÉMICA profesional en nuestra ciudad, que lamentablemente durante los últimos 3 años no ha vuelto a abrir su convocatoria para nuevos postulantes por “falta de presupuesto”.
El Teatro Orfeón propiedad de la Benemérita Sociedad de Auxilios Mutuos “El Porvenir” con un reciente cambio de administración de la cual la ciudad continúa expectante.

De la misma forma proyectos prometedores que marcaron su línea de trabajo durante los últimos 2 años: 
El nuevo espacio del Grupo de Teatro Comunitario RompiendoTablas, ubicado en el Distrito de Gregorio Albarracín Lanchipa y dedicado al trabajo con niños de bajos recursos económicos.
El Centro de Innovación Artística “Casa LaramaMango” espacio activo de creación, difusión y exhibición de distintas disciplinas artísticas, proyecto de la Asociación Cultural Colectivo LaramaMango.
La formalización de las agrupaciones de teatro universitario: UPT Teatro, Elenco teatral de estudiantes de lengua y literatura de la UNJGB, el Taller de Teatro de la Escuela de Formación Superior “NEUMANN”, entre otros.

Evitar el encharcamiento en todas sus formas: de público, de espacios, de agrupaciones, de propuestas; renovar y circular, es prevenir la podredumbre del ecosistema teatral.

Luis Felipe Ramírez Montesinos
Tacna, 10 de febrero de 2018

viernes, 9 de febrero de 2018

Entrevista: RENATO MEDINA

“El teatro tiene que volver a significar algo para la gente”

“Para destacar como actor, se tiene que buscar lo que en marketing se llama ventajas diferenciales”, asegura el joven intérprete y productor Renato Medina, ganador del premio del público como Mejor actor de reparto en Comedia o Musical durante la Premiación de Oficio Crítico 2017 por Un país tan dulce, espectáculo dirigido por Alberto Isola con dramaturgia de Celeste Viale sobre textos de Leonidas Yerovi. “Se tiene que ser multidisciplinario, porque el actor debe ser completo y su capacitación, fundamental”. Así como el cuerpo, Renato resalta la importancia de la voz del actor. “Es una de sus herramientas principales, así no cantes en tu obra, tienes que llevar estudios de voz para trabajar potencia y dicción”.

El marketing y sus primeras experiencias

Renato confiesa divertido que sus padres trataron siempre de alejarlo, a él y a sus hermanos, del arte. “A pesar de que mi papá ganó un conocido concurso de cuento”, recuerda. “Nosotros teníamos afición por escribir, pero siempre nos alejaron de ello por temor a que no tuviéramos un sustento económico suficiente”. En el colegio, a Renato le llamaba la atención la actuación desde pequeño, pero recién se animó a participar en Secundaria, en un montaje de Jesucristo Superstar organizado por una pareja de esposos, Claudia Ortiz y Sergio Sanhueza, que tenían a sus hijos en el colegio. Fueron sus primeros maestros. “Estaré siempre agradecido con ellos por haberme abierto las puertas de la actuación, arte que pude retomar al finalizar la universidad”. Renato es licenciado en Administración y Marketing y esta carrera le ha ayudado mucho en su desarrollo como actor.

Dentro de la universidad, Renato estuvo brevemente como alumno libre en el Taller de Teatro de Carlos Acosta. “No tenía plata, le conté mi caso a Carlos y me permitió asistir, pero que el resto de participantes sí haya pagado y yo no, me desanimó”. Posteriormente, ingresó a un grupo aficionado comandado por Domenico Poggi y su entonces productora D-Javú. “Estrenamos el musical Rent (2010) de Jonathan Larson, junto a Marco Zunino, Tati Alcántara, Gustavo Mayer, Gabriel Anselmi, entre otros”. Renato tuvo como coach vocal a Andrés Arriaza, quien fuera jurado en un conocido reality de canto. “Yo era el antagonista (Benny) y era el que menos experiencia de canto tenía; tuvimos que trabajar muy duro, fue una gran experiencia, aunque creo que ahora podría hacerlo mejor”.

En el 2012, Renato entra a estudiar a Aranwa Teatro y tuvo la suerte de tener a la toda la familia Chiarella Viale como profesores. “Los tres son increíbles. Coco (Chiarella) por ejemplo, es una enciclopedia; nos enseña con sus anécdotas, él ha tenido la fortuna de conocer y entrevistar a Peter Brook, de viajar a la Cuba de Fidel Castro a hacer teatro y mucho más. Gracias a eso, podemos conocer estas experiencias de primera mano”. Su postulación a Aranwa fue siguiendo la recomendación de una amiga que había ingresado. “Y ahora trabajo ahí, dictando el módulo de Ruptura con el Realismo, del que podemos ver mucho en Un país tan dulce. El curso le permite a Renato revisar y refrescar sus conceptos teatrales en todo momento. “He tenido mucha suerte al elegir Aranwa y ahora más al haber sido elegido por ellos para ser profe, es mi segunda universidad y todos ahí tienen una calidad humana que se debe agradecer”.

Los requisitos para actuar y dirigir

“Un buen actor de teatro necesita principalmente, concentración”, menciona Renato. “Necesita esta suerte de consciencia-inconsciencia para minimizar su propia personalidad para que salga la del personaje, y entrar en este trance, en el que necesitas acordarte de tus marcaciones, entradas y salidas, pero en personaje; para eso se necesita concentración”. Agrega además, que en los ejercicios que propone a sus alumnos, muchas veces solo resultan bien al segundo o tercer intento. “Porque no tenemos la costumbre de calentar, de concentrarnos; yo he tenido la suerte de ver a Alberto Isola antes de salir a escena, él se sienta en cualquier esquina, se abstrae 10 a 15 minutos y nadie se le acerca; cuando otros estamos ajustando vestuario o maquillaje, él ya entra en un plano distinto”.

Como ya se mencionó anteriormente, el cuidado de la voz y el cuerpo resulta indispensable para Renato como actor. “Se tiene que ser responsable, ¡qué facilidad la de decir que soy bohemio, porque soy actor, así que vamos a “chupar” un lunes!”, exclama. “Un actor debe cuidarse, incluso de manera marcial. Es cierto que nosotros, los latinos, somos más flexibles, y es también inadecuado convertirse en un “cachaquito”, pero si integramos esa cuestión latina con la parte marcial, sería lo ideal”. Y no menos importante es el pensamiento de que siempre todo se puede hacer mejor. “Llego a una obra fuera de Aranwa y veo a mis compañeros actores decir: “Ahí nomás, así está bien, si no nos sale tan bien, entonces simplifiquemos las cosas”; si se toma esta decisión por mediocridad, entonces es algo que no se debe hacer”. Para Renato, cada función es una posibilidad de hacer las cosas mejor. “Fui a ver una misma obra cuatro veces, una comedia, y cada vez me reía menos, porque se notaba que los actores ya sabían que el público se iba a reír, y así ya no hay chiste, ya se acostumbraron; el actor no puede perder su frescura y debe siempre buscar hacerlo mejor”. 

Por otro lado, para Renato, un buen director de teatro debe ser fiel a su estilo. “He trabajado con directores que te lo dicen todo y otros que van uniendo los puntos en los ensayos contigo”, refiere. “En cualquier caso, que haya comunión entre el actor y el director". Asimismo, un director debe ponerle corazón a la obra, así sea por encargo. “Debe amar el producto, al igual que yo como actor, si voy a elegir un papel, primero lo leo y si no hago “click” en ese momento y la obra no me genera nada, entonces ¿para qué hacerla?” Además, es importante que un director tenga una estructura mínima, con los puntos claros a los que tiene que llegar. “Yo soy medio “estructurado” y tiendo a eso, pero también me gusta trabajar con directores que me hagan romper mis propios esquemas para buscar nuevas maneras de crear”.

Un país lejos de la dulzura

Acaso el mayor cumplido que haya recibido Renato por Un país tan dulce, haya sido: “Es la obra más bonita que has hecho”, a pesar de no haber previamente conocido a profundidad al autor. “Desde el comienzo, Alberto nos contó que íbamos a trabajar textos originales de Yerovi, eso le dio un peso a las lecturas, además del trabajo titánico de Alberto  y Celeste de unir los escritos para darle un sentido a lo que se vio”, rememora Renato. “Hubo por lo menos cuatro o cinco versiones de la obra, ya que nosotros al leerla e interpretarla también aportábamos, Alberto podía pensar en nuevas opciones y todo iba cambiando”. Los comentarios políticos y sociales de Yerovi, reconoce Renato, se escribieron hace tantos años, pero lamentablemente todavía funcionan hoy en día. “La obra era divertida y al a vez, urgente, ya que en 100 años no hemos avanzado nada”.

Renato destaca el hecho de que la historia de Un país tan dulce transcurra durante un carnaval. “Es una festividad efímera, dura muy poquito, te queda esa melancolía que se siente cuando el fin de semana acaba”, explica. “Yo soy  una persona altamente involucrada con la reflexión social, de lo que sucede en nuestro país, viendo noticias y participando en redes; lo que ocurre en el Perú es desmoralizador por todos lados, es  desesperante, lo único bueno últimamente es que hemos clasificado al Mundial, me alegro por eso, por la comida y por la música. Todo lo demás está en emergencia”.

Las posibilidades del Teatro

¿Acaso tiene el Teatro el poder de remover los sentimientos del espectador? “El teatro está muriéndose”, es la lacónica respuesta de Renato. “Y es porque el teatro ya no significa lo mismo que antes; por ejemplo, en épocas de Yerovi había crítica social y política en sus obras, y era alimento para la mente de la gente ir a ver a Yerovi, para enterarse  de lo que está diciendo”. Para Renato, las redes sociales y las plataformas televisivas han cambiado drásticamente los hábitos del público. “El usuario o consumidor no piensa principalmente en ver algo que lo eleve filosófica o culturalmente, busca entretenimiento, pero el Teatro no solo es eso. Es eso y más”.

Y gracias a sus conocimientos de Marketing, Renato resalta el valor agregado que tienen las Artes escénicas. “La experiencia del teatro es única, ni siquiera el cine la puede copiar, pero sí existen varias barreras: la gente ya no sale, todo se hace por redes, por Netflix, por delivery”. Pedirle al espectador que salga de su casa, que vaya al teatro, que pague su entrada y encima, que se concentre, son para Renato factores que juegan en contra. “El teatro tiene que volver a significar algo para la gente”, afirma. “Uno puede discutir los contenidos, pero se tiene que ser creativo para lograr enganchar al espectador; la mediocridad y el conformismo hacen que las obras peruanas sean de mala calidad y esa no es una mentira en la gran mayoría de casos”. También asegura que la valla está bajando peligrosamente. “Ahora todos en Facebook le dicen a todo el mundo: ‘Eres extraordinario, tu obra es la mejor de las mejores’, ¡basta de hipérboles! Si seguimos así terminaremos de matar al teatro en el Perú”.

Renato ha incursionado con éxito en la producción. “Con Idea Original hemos producido el año pasado tres montajes: Love Doll, escrito y dirigido por Sergio Anchiraico en Microteatro; Penúltima comedia inglesa de Marco Antonio de la Parra, también dirigido por Anchiraico, con las actuaciones de Paco Caparó y Ursula Kellenberger; y Un chico de Bosnia de Ad de Bont con la dirección de Felien De Smedt. Ursula es una gran compañera, súper dispuesta, al igual que Paco; Penúltima comedia inglesa fue una clase maestra de construcción de personajes”. Y añade que Un chico de Bosnia es la obra que le ha reportado más satisfacciones hasta el momento como productor. “Nos conectó con una asociación de refugiados, hicimos colectas y conversatorios”. Renato anuncia los próximos estrenos de Idea Original: Novecento de Alessandro Baricco, dirigida por Felien de Smedt; Paso Peatonal, escrita y dirigida por Pablo Luna y  la reposición de La muchacha de los libros usados de Arístides Vargas, con Mariana Palau en la dirección, que trata temas relevantes como la violencia contra la mujer y la trata de personas. “Apostamos por obras con contenido social, ese será el principal valor agregado de las obras que produciremos, creemos que se puede cambiar al mundo con nuestro arte y hacerlo un lugar cada vez mejor”, finaliza.

Sergio Velarde
9 de febrero de 2018

Crítica: LA MASCOTA PERFECTA

La búsqueda de Azul

La Mayu, agrupación cultural especializada en teatro para niños nos trae durante la temporada de febrero a marzo y en los escenarios del Club de Teatro de Lima, la obra “La Mascota Perfecta”, creación original y dirección de Henry Sotomayor, fundador de la agrupación y con las actuaciones de Luisa Caldas como el títere-niño Azul, Julio Cesar Delgado como El Elefante, Gabriela Chero como La Cotorra y La Madre Selva y, finalmente, el mismo Henry interpretando al Tigre Vegetariano y al papá de Azul. La obra es una reedición de su anterior muestra “Azul y la mascota perfecta” del mismo contenido y estrenada en setiembre del 2015.

Son las 4 de la tarde y el teatro en la avenida 28 de Julio luce lleno de padres y niños expectantes del espectáculo que empieza puntualmente. La escenografía consiste en un juego de paredes móviles que simulan un ambiente bucólico y de paisajes hermosos, en donde los colores vivos llaman la atención de los espectadores; al mismo tiempo, es un escenario con aires de transformación inmediata, donde no es el tiempo el que pasa. La distribución de los asientos es escalonada hacia el fondo y con un público lleno especialmente de jóvenes; mientras que, en las primeras filas, los niños miran atentos la acción ante la cautela de sus padres. Henry aparece en escena y con una dinámica de juegos, rompe la verticalidad propia del teatro convencional respecto al público.

La puesta en escena gira en torno al deseo del un niño, Azul, y su búsqueda y persistencia por tener una mascota que llene su soledad de ser el hijo único; por su parte, ante el pedido su padre recibe el rechazo. No obstante esa negativa, el resto de la obra trata sobre el viaje que emprende Azul a las entrañas de la selva en búsqueda de su acompañante ideal. No son pocas las veces en las cuales la tan conocida en el mundo del teatro “cuarta pared” se vuelve permeable, pues la interacción con el público es particularmente activa, tanto con padres que son tomados por los actores como voluntarios en escenas y los niños que interactúan en los diálogos sin generar entre los protagonistas de las escenas molestia, sino más bien agrado y mucha paciencia. Los personajes como la Madre Selva, la Cotorra, el Elefante y el Tigre Vegetariano siempre se presentan entre escena y escena con un musical temático y juegan con los niños del público quienes muchas veces invaden, sin querer, el escenario. Otra característica de la obra es la instrumentalización musical de momentos tensos en las escenas, es decir, personajes que ya habían aparecido anteriormente están presenten tocando algún instrumento musical, como la guitarra o el cajón, acompañando momentos en que la acción dramática llega a un cénit como cuando hablan del peligro del “hombre malo” (antagonista implícito) o la final conclusión de la búsqueda de la mascota. Ningún personaje parece ser un antagonista de Azul.

La Mayu ha tenido varias puestas en escena en los últimos tiempos como “Woopy”, “Pum Patatús”, “El Viaje de la Oruga”, entre otros, y la gran mayoría bajo la dirección de Henry Sotomayor, así como de la coproducción creativa de Luisa Caldas. “La Mascota Perfecta” es una obra de carácter familiar muy recomendable que promete no dejar al público al otro lado del escenario, sino invitarlos a ser parte de un espectáculo lleno de música, humor, emociones y mensajes positivos.

Enrique Pacheco
9 de febrero de 2018

Crítica: ERMITAÑO

Arte de corporalidades

La Pontificia Universidad Católica del Perú, a través de la Especialidad de Artes Escénicas de la Facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación, la Especialidad de Creación y Producción Escénica de la Facultad de Artes Escénicas y el Centro Cultural PUCP, dieron lugar a la décimo séptima y última edición del Festival Saliendo de la Caja. Este es un evento donde los alumnos de dichas especialidades tienen la oportunidad de mostrar sus proyectos finales al público en general. Una de esas muestras fue el montaje Ermitaño de Martín Pérez del Solar, con Anaité Caycho y Andrea Zárate como jefas de proyecto.

La puesta en escena contó con la participación de actores con distintas corporalidades, con el fin de encontrar distintos códigos de comunicación y enriquecer el montaje. El haber adaptado “El cangrejo ermitaño” a un lenguaje más inclusivo definitivamente ha sido lo más destacable del proyecto. La exploración que cada actor ha hecho con su propio cuerpo, saliendo totalmente de la zona de confort de cada uno, dio realmente buenos resultados para la creación. El uso de distintas corporalidades fue un recurso efectivo para introducirnos en el mundo fantástico de estos personajes, donde pudimos ver a un cangrejo representado de una manera que no se suele ver, o a un anciano sabio con una forma de hablar pausada y grave.

La dirección en este montaje ha sido un elemento clave para su consolidación. La partitura de movimientos y desplazamientos de cada personaje fue limpia, respondiendo a las convenciones teatrales que ya se conocen. No hubo ningún tipo de “trato especial” a los actores por sus diferentes corporalidades. Era reconfortante ver una puesta en escena en la que los actores no han tenido que cumplir con un determinado físico, sino que se ha hecho toda una investigación personal y grupal para poder sacar el jugo al material actoral. La obra en ningún momento tuvo problemas de ritmo; al contrario, las diferentes corporalidades ayudaron a comunicar al público cierto tipo de convenciones respecto a los actores, de modo que la imagen del personaje que encarnaban quedaba clara. Lo mejor del trabajo actoral de este montaje definitivamente fue el lenguaje corporal. La obra se sostuvo gracias al nivel de expresión corporal que todos los actores alcanzaron de manera uniforme. El elenco logró representar el mundo fantástico no solo en conjunto, sino a través de la calidad de cada uno de sus movimientos. Por otro lado, la iluminación y la música fueron elementos que lograron redondear la puesta.

Ermitaño no solo nos ha traído personajes fantásticos a escena, sino que nos da la posibilidad de ver otras formas de ver teatro: nos dice que no solamente actores con una corporalidad “estándar” pueden lograr comunicar, sino que las posibilidades son infinitas. En el mismo mundo actoral existe esa idea preconcebida de que el actor debe tener una corporalidad “flexible y esbelta” cuando en realidad el cuerpo, en cualquier condición, es un conjunto único de posibilidades. Ermitaño es un ejemplo de aquello.

Stefany Olivos
9 de febrero de 2018

martes, 6 de febrero de 2018

Crítica: MUÉSTRATE

El escenario libre

Muéstrate de Paloma Reyes de Sá y César García extrae la vulnerabilidad del payaso, unifica a los participantes en un duelo de sinceridad, mostrando a través de la jocosidad, la ridiculización o la tristeza, particularidades de cada ser, que además lo transcienden para darnos un panorama social actualizado sobre los prejuicios modernos, los clichés contemporáneos, las frases hechas, y las emociones cotidianas; que reconocemos y con las que logramos empatizar de inmediato.

Muéstrate alude a deslumbrar a partir de la esencia de una persona sobre el escenario, la nariz enmascara y al mismo tiempo trasparenta, esta sencillez, a veces ardua de conseguir, aglomera a los espectadores hacia el filo de su silla, expectantes ante la desnudez, siendo conducidos por esta; así, Muéstrate encandila y genera una atmósfera liberal, donde todo puede ser dicho.

El espectáculo expone a cada payaso en un cuadro independiente para inmiscuirnos dentro de su personalidad, para tener un contacto directo y privado con él. En este encuentro, relucen temas de cada quien que se vuelven material de juego en confidencia. Así, se habla de la soledad, la indolencia limeña ante el inmigrante, el feminismo peruano, la homosexualidad, la idolatría, la traición conyugal, la superioridad de clases, el acoso hacia la mujer; tópicos que son provistos de una perspectiva actual y sincera de la cual reflexionar a pesar de lo lúdico.

El trabajo del payaso en Muéstrate es espontáneo y vivo. A pesar del personaje construido, podemos acceder a alguien dentro, que está al tanto de nuestra reacción y construye un pensamiento nuevo sobre esta, o sobre las equivocaciones dentro del escenario. Todo es posibilidad de un nuevo juego, lo gratuito es parte de lo elaborado, los sentidos y la atención complejizan la representación de cada integrante.

Muéstrate llena el escenario de humildad, la desnudez de sus payasos incita a la liberación de uno mismo, la expresión clown trasciende el juego para resonar fuera de la tarima, en una invitación a resquebrajar barreras interpersonales.

Bryan Urrunaga
6 de febrero de 2018

domingo, 4 de febrero de 2018

Entrevista: ALFREDO CARREÑO

“El estudiar Teatro te hace mejor persona”

Franco y directo, el actor Alfredo Carreño, ganador del premio del jurado de Oficio Crítico como Mejor actor de reparto 2017 por Casa de perros, nos contesta que no tiene idea si heredó su vocación artística por el lado paterno, ya que en la familia de su madre no hay artistas. “Soy hijo de madre soltera, no conozco a mi papá, solo sé que es venezolano”, nos comenta. Lo que sí recuerda es la educación en el arte que recibió en su colegio en Chincha. “Pertenece al Sodalicio (nunca tuve ningún problema con ellos, en mi experiencia siempre han sido excelentes personas), inculcaban mucho el deporte, el arte y tuve una profesora, Isabel Mármol, que sí -recalcando- sabía de música y teatro, porque mirando al pasado me doy cuenta de que ella tenía cierto acercamiento a la formación profesional que he recibido”. Los gustos de Alfredo se inclinaban inicialmente, más por la música en sí que por el teatro. “Confieso que como espectador no me gustan los musicales y como actor, no me llaman la atención”. Alfredo perteneció a una banda llamada Revez de singular éxito en Chincha, como baterista (él es autodidacta). “Tocábamos reggae, afro, ská, jazz y fusionábamos, luego empezamos a hacer cosas más comerciales y nos fue muy bien; no fuimos famosos, pero sí algo conocidos en Chincha, Pisco, Ica, Nazca, llegamos a participar en el Centenario de la Universidad Agraria, admito que tocábamos bien”.

Música y actuación de casualidad

Apenas terminó el colegio viajó a Lima para estudiar Administración de empresas y Publicidad. “No las terminé, me dediqué a la música y quería estudiarla profesionalmente; hasta ahora me gusta crear e improvisar sobre un set de batería”. Además, menciona que había considerado entrar al Conservatorio, pero que pensaba sería muy riguroso y nada fácil. “Así que voy a la Universidad Católica para ver talleres de música para prepararme mejor. Entonces un día, en el campus, paso por las oficinas del TUC de casualidad, me entregan un folleto, entro a averiguar, ya que siempre me ha llamado la atención, leo la currícula. Y dentro de mí digo ¡carajo!, esta currícula, soy yo”.

Para Alfredo, las puestas en escena en las que participó en su colegio fueron muy cuidadas y dignas. “Es por eso que cuando veo que iba a estudiar, aparte de Actuación, Música, Canto, Filosofía, Historia del espectáculo teatral, Psicología, Semiótica teatral, Sociología, Literatura, Producción teatral, etc., me entusiasmé mucho, ya que me parece excelente que un actor llegué a este nivel de instrucción para poder guiar su talento”, opina. Se decidió a probar suerte en el TUC, a pesar de no haber llevado nunca formalmente un taller de teatro. “Además del examen ordinario de Ingreso a la Católica, tenía una semana de exámenes de corporalidad, música y actuación. Todos los postulantes ya habían hecho talleres, y yo ni siquiera fui al teatro; es más, la única obra que fui a ver fue El juicio final (1997), una ópera rock con Los Mojarras en el Montecarlo, que tocaban como banda de fondo; fue para un trabajo de uno de los cursos que llevaba cuando estudiaba Administración".

Alfredo postuló e ingresó al TUC en el puesto 16, y tuvo muy buenos profesores que fueron puliendo su talento. “El primer y segundo ciclo tuve a Alberto Isola como profesor de Actuación; también a Alejandro Córdova, Vanessa Vizcarra y Wendy Vásquez, tremendos actores; y la base corporal me la dio Ana Correa, maestra”. Recuerda, además, a sus profesores de Literatura y Comunicación, Alfredo Bushby y de Historia, Juan Luis Orrego, Gino Luque, entre otros, de los que recibió muy buena preparación. Lamentablemente, el curso de Semiótica Teatral le significó a Alfredo postergar sus estudios. “Tenía que analizar y leer un montón, me descuidé, jalé el curso y tenía que repetir el ciclo, todo el ciclo, así eran la disciplina y las reglas antes en el TUC; Alberto Isola me dijo que tenía que esperar si quería continuar y que por mientras, entrara a talleres para seguir aprendiendo”, comenta.

Alfredo no perdió el tiempo e intervino en una obra infantil con unos amigos en un colegio de Magdalena, ingresó al taller de Bruno Odar, del cual aprendió mucho y de ahí se le abrieron las puertas para llevar el taller de cuentacuentos con Francois Vallaeys y el taller de construcción del personaje con Alberto Isola en el 2006. “Yo iba y venía de Chincha, un día el TUC me comunica que podía dar un examen para pasar el curso que jalé y pasar al siguiente ciclo en la universidad”. En ese tiempo trabajaba en Mad Science como animador hasta ser ascendido a productor, era un trabajo de oficina, así que rindió el curso pendiente, pero optó por seguir trabajando en la mencionada empresa de animación. En el 2011 fue llamado para apoyar en la producción teatral por el 50 aniversario del TUC. “Se haría toda una serie de montajes, conferencias y eventos durante al año, así que necesitaban gente para apoyar en producción. En febrero del 2012 renuncié, les dije a mis jefas Paola Vera y Paola Terreros que prefería estar en el escenario y no detrás, ellas entendieron y apoyaron mi decisión”. Ya con 32 años y una actitud renovada, Alfredo regresa a estudiar la carrera en el TUC, conoce y aprende de maestros como Mateo Chiarella, Joaquín Vargas, Pepe Bárcenas, María Luisa de Zela, Jorge Villanueva, Urpi Gibbons, el maestro Ernesto Raez y nuevamente Alberto Isola, en 5to y 8vo ciclo. “Estoy muy agradecido con el TUC, con todos mis maestros y en especial con Alberto que lo he tenido de profesor cinco veces”, comenta.

Experiencias y montajes

La primera obra en la que participó Alfredo, después de su formación en el TUC, fue Ausentes, proyecto escénico (2016), en donde integró el coro de Policías, en medio de una confrontación entre la población civil y el Estado, debido a un proyecto minero en la localidad. “La gente de la producción me comentó que había un pequeño proyecto de la facultad de Comunicaciones para hacer una obra itinerante en calles y plazas”, nos dice sobre la siempre vigente puesta de A ver, un aplauso (2016) de César De María. Alfredo fue elegido luego del casting para interpretar a Tripaloca y compartió roles con Daniel Cano, Leny Luna Victoria y Dusan Fung. “Una de las fechas fue en el Parque Universitario, con los cómicos ambulantes presentes a manera de homenaje; el anfiteatro se llenó y nadie se movió en las dos horas que duró el montaje”, recuerda emocionado. “En el Parque Kennedy de Miraflores sí tuvimos algunos altercados, porque empezamos tarde y los abuelitos querían su sitio para ponerse a bailar; terminaron sentándose sobre el público, fue incómodo pues no paraban de interrumpir la obra, se quejaban de algunas lisuras en la obra, pero así estaba escrito y las palabras en el teatro no están por las puras, además algunos se horrorizaron del “pico” que me daba con Dusan; ¡cómo es posible que dos hombres se besen!, gritaban. Pero era parte del espectáculo y de las indicaciones del director, admito que me costó en los ensayos, pero donde manda capitán no manda marinero. Siento que actuar en la calle y sostener una obra por dos horas es para gente brava, me sentí orgulloso del trabajo que logramos”. Alfredo y su monólogo de Tripaloca lograron conmover al público, que una vez terminada la función, algunas de las señoras en el Parque Kennedy se acercaron a darles una propina y a felicitarlos por su trabajo. “Las cosas se dan por algo, en pleno caos con los adultos mayores al final de la obra parte del público confundió la realidad escénica con la vida misma, creyeron que el monólogo final era un reclamo mío, no tenían idea que era parte del texto. ¡Eso significó que lo hicimos bien, jamás lo olvidaré!”, manifiesta.

Si bien Alfredo se considera “medio” ermitaño, decide seguir entrenándose como actor y optó por presentarse al grupo Ópalo de su exprofesor Jorge Villanueva. “Y los dioses del teatro estuvieron conmigo, porque el monólogo que me entregaron para presentarme al casting con tres días de plazo fue el de Tripaloca. A Jorge, Marcello (Rivera) y Nidia (Bermejo) les gustó”. Unos meses después, Jorge Villanueva invita a Alfredo a una lectura para una obra en la que posiblemente exista un personaje para él. “Tienes la energía para hacerlo, me dijo; me invitó después a una segunda lectura, pasé la prueba y ya era Nicolás en Casa de perros. En Ausentes, Alfredo tenía una pequeña participación y A ver, un aplauso era un montaje dentro de un contexto académico; es por ello por lo que considera a Casa de perros como su primera experiencia profesional en el teatro, como antagonista. “Trabajé nuevamente con Daniel Cano y con algunos de mis profesores, como Katiuska Valencia, una capa, quien fue asistente de Alberto en el TUC”.

Casa de perros de Juan Osorio, ganador del premio Oficio Crítico del público como Mejor montaje en Drama, fue un contundente llamado de atención hacia una problemática mucho más actual de lo que creemos. “Más allá de estar ambientada durante la Reforma Agraria, habla del abuso del hombre contra la mujer, pues el contexto es muy machista, ¿por qué hacer la obra ahora?, ¿por qué mi personaje es tan violento? El teatro refleja nuestro comportamiento en la sociedad, no busca enseñar cómo el público se debe comportar, pero casi siempre te deja una reflexión y tú decidirás qué hacer con ella. Estas cosas pasaron hace 40 años y siguen sucediendo ahora, todo sigue igual”, asegura Alfredo. “El tema de la corrupción, tan vigente como hace décadas retrata el hambre de poder de los seres humanos. El gobierno de turno no expropia al hacendado, es el gobierno quien les dio herramientas a los campesinos para expropiar las tierras; fue así como empezaron a organizarse, se crean las cooperativas, asambleas, hay elecciones, los intereses políticos tras las sombras manejando a los campesinos como títeres sin capacitarlos crean una base oportunista, mal intencionada y corrupta que aporta al resultado de nuestros días. En lo que pude investigar, rescato el cambio social que pretendía Velasco, ya que ciertamente el abuso y la explotación de los campesinos no tenía por qué tolerarse más. Pero no fue de buena forma, a mi humilde opinión no favoreció al campesino, vemos todos los días gente sin preparación, que sorprendentemente adquieren el poder para dirigir y estar al frente de un país, sin ética, sin moral, sin instrucción, sin educación y así surge una nueva corrupción acompañado de un atropello constante de los derechos civiles en todos lados”. Alfredo considera que fue por eso por lo que se hizo Casa de perros, para constatar el comportamiento del limeño y del peruano en general, incrustado en el machismo y en la sed de poder. “Todos llevamos un gamonal metido entre las tripas”, nos hace recordar Alfredo al citar al personaje de don Julián en Casa de perros.

Alfredo se muestra muy agradecido por la nominación y el premio de Oficio Crítico por su actuación. “Pienso generar mis propios proyectos, pero si alguien me llama, ¡acá estoy!”, manifiesta, así como también nos confiesa que varias personas lo han llamado para trabajar, pero todavía nada se ha concretado. “Tengo un grupo de teatro en Lima, con participantes de 30 años para arriba, a los que estoy guiando y enseñando, ya que quieren formar su propio grupo y presentarse a un concurso en agosto”. Asimismo, Alfredo enseña en un colegio en Chincha, y como nos dice, más que hacerlos actuar, les enseña a que observen mejor la vida, a que potencien su habilidad corporal, sensorial, que sean honestos en cada ejercicio pues el actor trabaja con la verdad, a estar más relajados, despiertos y prepararlos para la siguiente etapa. “En Chincha la gente pide teatro, pero hay que profesionalizarlo, hay que descentralizar el teatro, por eso tengo en miras un proyecto por allá, que explique y ejecute cómo funciona un espectáculo teatral y la técnica del actor. Planeo con mi experiencia como docente, dictar un taller con técnica profesionalizada, que no sea meramente recreativo ni súper relajado. Confío en que el aprendizaje de la técnica del actor ayudará en todo sentido al ser humano, pues el estudiar teatro te hace mejor persona”, concluye.

Sergio Velarde
2 de febrero de 2018

Crítica: PINOCHO EN EL CIRCO

Las decisiones de Pinocho

La Asociación Cultural Camisa de Fuerza nos trae por segunda vez, tras una breve temporada en agosto del 2017 en el teatro de la AAA, la muestra para público infantil Pinocho en el Circo en las distintas sedes del Centro Cultural Británico. Cuenta con Miguel Vergara en la dirección y a los actores Ernesto Ayala como Juan El Honrado, José Curoto como Stromboli, Luis García como Pepe el Grillo, Karen Martínez como la Hada Azul y a Katya Castro como la principal protagonista: el muñeco Pinocho. La adaptación es creación de Ángel Morante, quien ya ha abordado las aventuras de este muñeco en Pinocho y el Emperador de la noche (2017), en el mismo teatro del Centro de Lima.

El argumento central gira en torno a la conciencia del bien y el mal, y la complejidad de las consecuencias de estas decisiones. Pinocho, a lo largo de la obra, tiene que aprender a discernir sobre lo que es correcto de lo que no lo es, y al mismo tiempo, entender que una mala decisión le conllevará a nefastas consecuencias. Pepe el Grillo es la conciencia, la voz interna y quien por instrucciones del Hada Azul tiene que escuchar antes de aventurarse en alguna decisión; “siempre mira la estrella que soy yo”, así le genera confianza. Pinocho pasa a través de transiciones, desde la candidez e ingenuidad hasta el miedo y la culpa. Por otro lado, Stromboli, el antagonista de la muestra, logra engañar a Pinocho, por mediación de Juan el Honrado, y embaucarlo a través de un falso contrato para trabajar en condiciones de explotación para él en su circo; esto pese a las advertencias de Pepe El Grillo de no caer en el timo y desobedeciendo las claras instrucciones del Hada, quien le advierte la importancia de ser prudente ante el peligro.

Dentro de la acción dramática, aflora cómo la persistencia del error no es una definitiva condena hacia los personajes; estos pueden resarcir su gran desacierto a través de la redención que es representada por el Hada Azul, personaje que perdona en dos oportunidades: primero a Pinocho por su desobediencia de no querer ir a la escuela y caer en manos en Stromboli; y en segundo lugar, a Juan el Honrado, quien pese a ser el principal embaucador de Pinocho, decide liberarle de la jaula cuando cae en desgracia. Durante la muestra hay una relación interactiva con el público, a quienes se les permite dirigirse a los actores en cualquier momento de las escenas, generando una ambiente en el cual la conocida “cuarta pared” del teatro se muestra permeable ante un público específico: el infantil; de este se prestan muchos recursos escénicos y cuya opinión y cambios de humor, como gritos o risas, durante los diálogos de la obra son importantes, porque incluso llegan a complementarlos y cambiar extractos de los textos de los actores.

Pinocho en el Circo tiene una escenografía que optimiza el espacio: una jaula, un estrado de circo con el nombre del dueño, Stromboli, y una pared móvil del cual salen los personajes. No hay cambios de utilería entre las escenas, sino que los actores recurren a los elementos, con el auxilio del juego de luces, en el momento que entra en escena la acción. El sonido entra en consonancia con la musicalización de los personajes; entre cada escena, cada uno se presenta en una performance personal, con música, sus sumos valores que practican en la obra. El Hada Azul es la protectora de Pinocho y símbolo de perdón; Stromboli, el avaro que piensa en hacer daño; Juan el Honrado, la duda y obediencia a su amo pese al daño que hace. Pinocho en el Circo es una muestra impecable y muy recomendable, llena de música, emociones, interacción actor-niño y personajes con un lenguaje empático que genera un ambiente alegre e ininterrumpido de entretenimiento familiar.

Enrique Pacheco
2 de febrero de 2018

Entrevista: VERONY CENTENO

“Cuando entré al escenario supe que quería hacer esto toda mi vida”

Una de las jóvenes promesas que viene destacando actualmente en el circuito teatral es, sin duda, Verony Centeno. La ganadora del premio del jurado de Oficio Crítico como Mejor actriz de reparto por Parientes lejanos (2016), comedia escrita por Johuseline Porcel, afirma que participar en dicho montaje fue una gran oportunidad para entrar en un medio teatral más comercial, pues anteriormente se había dedicado de lleno a escribir y actuar en producciones más independientes. “Me encantó que Parientes lejanos tuviera un estilo muy cinematográfico, con una cuidada dirección de arte que provocaba en el espectador una atmósfera real”, comenta sobre el espectáculo dirigido por Vanessa Vizcarra y estrenado con el apoyo del Ministerio de la Cultura.

Inicios chalacos

“Le decía a mi mamá que quería actuar y bailar en la tele”, recuerda Verony, quien vivía en el Callao. Su madre la matriculó a los 14 años en un taller de actuación de la municipalidad en el gran Teatro Municipal del Callao, a cargo de Marcelo Oxenford. “En mi colegio no alimentaban el arte, nunca había visto una obra de teatro, pero el primer día que fui al taller me enamoré”. Cada verano, Verony le pedía a su madre entrar en el taller, hasta que ese gusto por la actuación se transformó en algo mucho más serio. “Para pasar al siguiente nivel me hicieron una prueba con jurado en la que tenía que interpretar un monólogo, no sabía muy bien que era eso y era la primera vez que nos presentábamos ante un público, así que me preparé; y saqué un 20. Ahí me di cuenta.  Cuando entré al escenario, supe que quería hacer esto toda mi vida”.

El monólogo de Verony lo escribió ella misma. “Era sobre una chica que debía aprobar un examen. Pero el enamorado, la comida, el cansancio, etc. la entretenían.  Fue en tono de comedia”. Hasta que llegó el momento de la universidad y Verony se inclinaba por la psicología. “En realidad, no estaba segura, la elegí porque mi hermana también la estudiaba, pero no sé qué tan buena hubiera sido (ríe). Ella tenía que estudiar en una academia para prepararse, pero le pidió a su madre estudiar teatro por última vez, pues le decía que ella sí aprobaría el examen de admisión. Sin embargo, el Municipio del Callao cerró el taller y Verony tuvo que buscar otros lugares dónde seguir estudiando. Es así cómo llega a tomar clases en el Taller de actuación de Isabel Cabrera en San Miguel. 

El salto al escenario

“Mi profesora Isabel le dijo personalmente a mi mamá que me apoyara y que podría ser muy buena en esto”, rememora Verony. Y agradece además, tener un gran soporte familiar, ya que su madre la apoyó con su decisión de no estudiar una carrera tradicional para dedicarse de lleno a la actuación. Posteriormente, gracias a un anuncio por radio que su madre escuchó, Verony entró al Teatro Ensamble en Barranco, dirigido en aquel entonces por Sergio Galliani. “Soy de la primera promoción de Ensamble y tuve como profesor a Sergio por dos años, antes que le dejara la posta a otros profesores muy buenos”. Sobre Galliani, Verony destaca la garra que entrega en cada trabajo. “Él es muy intenso, todos siempre teníamos que estar trabajando y proponiendo. Era una de las más jóvenes del grupo y no sabía qué tan difícil era un proceso de ensayos para presentar un montaje. Aprendí mucho”. Otra artista importante en la vida de Verony es Nazira Atala, a quien considera su madre teatral. “Siempre me apoya, aplaude todo lo que hago, es una gran persona.  La quiero mucho”, refiere.

Verony ha participado en interesantes montajes, como el musical La Chica de la Torre de Marfil (2013) de Cesar De María, con la dirección de Galliani. “Fui parte del ensamble, era un animalito dentro del bosque que cantaba y bailaba las canciones”. Pero así como ella misma escribió su monólogo para aquella prueba, la misma necesidad la llevó a escribir sus propios textos. Es así como llegó a escena Tiempos para vivir (2015), con un colectivo que tuvo hace un par de años junto a compañeros artistas. Se llamaba “En la mira – Colectivo teatral”, con la dirección de Atala, en el Teatro Mocha Graña. “No pude esperar y fui empírica. Pero Nazira pulió y editó mucho el texto, con la colaboración de todos”. Posteriormente, postula con éxito a Microteatro y estrenó así El Tesoro Perdido (2016), escrito y dirigido por ella misma. “Escribí originalmente la obra en formato para colegios y shows infantiles”.

Aparte de la excelente puesta en escena de Parientes lejanos, otra obra en el que intervino Verony llamó poderosamente la atención. Se trató de Ñaña (2017), montaje escénico interdisciplinario basado en hechos reales, en el que compartió protagonismo con la actriz y bailarina Anahí De Cárdenas, bajo la dirección y dramaturgia de Claudia Tangoa. “A Ñaña le tengo mucho respeto y cariño. La obra narra el lazo que se crea entre dos hermanas, una de ellas es adoptada y ha sufrido abusos físicos y psicológicos. Es un montaje que te invita a reflexionar”. La pieza, que además aborda polémicos temas como la violencia hacia menores de edad, la desigualdad social y el abandono de las ciudades y pueblos en el interior del Perú, tendrá una reposición en el marco del FAE.

“Creo que un buen actor de teatro debe tener disciplina, buena escucha, coraje y valentía; y un buen director, debe ser directo, abierto, y además, divertido (ríe), no me gustan los ambientes densos”. Veremos a Verony en las tablas este año, no solo en la reposición de Ñaña. “Estoy trabajando en una creación colectiva de Romeo y Julieta de William Shakespeare, participaré en la puesta en escena de El Principito en el Aranwa Teatro y en la obra Barro en el Gran Teatro Nacional”, finaliza.

Sergio Velarde
4 de febrero de 2018