Una suite de locos encantadores
La comedia se instala desde el primer momento, cuando aparece el botones del hotel (Miguel Iza), con una apariencia estrafalaria, casi un Micky Vainilla (el personaje de Daniel Capusoto) con su bigotito hitleriano y delicadeza amanerada, para dar la bienvenida a la pareja de recién casados (Sergio Galliani) y (Connie Chaparro). Completa el elenco Lilian Schiappa, mucama de este increíble hotel.
En una noche de bodas pueden pasar muchas cosas, pero ninguna como las que le sucede a nuestra pareja. Lo peor es que la historia se repite, como un inútil intento de no tropezar, pero el resultado es cada vez más caótico y de ese modo, la diversión del primer momento se intensifica. El único agotado es el pobre novio que debe cargar a la novia cada vez que reingresa a la habitación. Los demás la pasamos felices de que vuelva y quedamos a la expectativa de qué nueva locura nos depara.
Una comedia refiere realidades, pero de manera absurda y nosotros nos reímos de lo absurdo, porque lo creemos imposible y, sin embargo, no resulta tan lejano de nuestra experiencia cotidiana. Claro que nadie espera encontrar a un botones y a una mucama como ellos y seguramente tampoco a recién casados como estos.
Felizmente, el autor (Fernando Schimdt) ha tenido la genialidad de construir estas breves historias sucesivas de modo tal que el ritmo no decaiga en ningún momento sino, por el contrario, que el público se pegue a lo que viene; y los transeúntes que tropiezan con ellos al salir del teatro Marsano, poco antes de las 10 de la noche, ven salir a gente feliz o al menos lo suficientemente alegre para creer que la vida todavía puede ser divertida, pese a lo que pasa en el mundo real.
Galliani, además de sorprendernos bien como director, se complementa con Chaparro para constituir la pareja de recién casados cuya “normalidad” no es tan normal. Pero el ritmo de la comedia se desarrolla gracias a la genial actuación de Iza (a quien acostumbramos ver en estupendas interpretaciones dramáticas). La participación de Schiappa es secundaria, pero juega su rol complementario para refrescar la hilarante acción del botones.
El escenario de la suite nupcial no cambia en cada historia. Ni siquiera los pasos iniciales. Solo se hacen más intensos los efectos y las situaciones resultan cada vez más absurdas. La obra juega con la farsa como propuesta escénica y la frivolidad como temática, que el director logra combinar de manera creativa para conseguir el objetivo: divertir con gags efectivos y sin mayores complicaciones, como le gusta al público del Teatro Marsano, que el último miércoles (popular) llenó a tope la sala. ¡Felicitaciones por ello!
David Cárdenas (Pepedavid)
30 de enero de 2026









