lunes, 26 de septiembre de 2016

Crítica: ZAPPING, 3 MUSICALES EN 1

Un musical que nos hace bailar en “la palma de sus manos”

¿Alguien duda del poder de la música? No lo creo. La música entra en nosotros saltándose nuestra racionalidad, se estaciona cómodamente en nuestras emociones y se hace dueña de ellas. Desde ahí, nos hace reír o llorar, gozar o sufrir, recordar o querer desesperadamente olvidar. En conclusión, la música nos ataca directo en el corazón.

Entonces, espero que tomen lo antes dicho como una advertencia pues eso es lo que les ocurrirá cuando vean “Zapping. 3 musicales en 1”, la nueva obra de Vodevil Producciones: Pasarán dos horas siendo sacudidos por sus emociones y esto no es broma.

Y es que si bien los musicales que conforman Zapping, (Acepto, Ensueño y Japan) son diferentes entre sí, tienen algo en común que aflora y nos atrapa rápidamente y es la comunión entre los textos y las canciones, comunión que se afianza en dos puntos clave: pasión y mucha verdad.

El musical que abre Zapping, Acepto, de Sebastian Abad y Federico Abrill, nos hace preguntarnos por qué seguimos creyendo que una forma de amar vale más que otra y por qué aún consideramos válida la mentira como camino a la felicidad. ¿Hasta cuándo seguiremos esperando “que cambie el 70% que odia una forma de ser”? En serio, ¿hasta cuándo?

Ensueño, de Mario Mendoza (excelente en su trabajo de director de Zapping) y Antonio Gervasoni, es una obra que a primera vista solo tiene sentido si se le ve como parte de un sueño, como una preciosa aventura surrealista. Y quizás sea mejor para el público seguir creyendo que es así, incluso cuando sepa que la verdad es otra. Al final, lo que pasa en un sueño siempre duele menos.

Japan, de José Miguel Ríos, Ivana Pedreschi y Mario Mendoza, es el musical que cierra Zapping y es una oda a la inocencia en donde los personajes se encuentran en la difícil etapa en que los niños empiezan a crecer y la amistad empieza a dar paso al amor. Creo que Japan es el cierre perfecto pues nos permite, además de recordar la belleza de la inocencia infantil, irnos del teatro con una gran sonrisa.

No puedo terminar sin dejar de resaltar el trabajo de los actores: Gabriel Gil, Natalia Salas y Martín Velásquez, pues su trabajo está muy bien logrado y son capaces de convencernos, con cada uno de sus papeles, de que la amistad es para siempre, de que a pesar de las situaciones que afrontemos siempre habrá un amanecer y de que los artistas nunca mueren.

Les recomiendo que no se queden sin conocer lo que estos talentosos peruanos tienen para nosotros. Emociónense con las canciones,  abracen a los personajes y por encima de todo sean parte de este grupo de locos que confían y creen que ya es hora que el Perú tenga sus propios musicales. Lo más probable es que la historia del teatro peruano algún día se los agradezca.

Daniel Fernández
26 de septiembre de 2016