Entre memoria y olvido: una experiencia escénica profundamente bella
La obra Con-cierto olvido del grupo cultural Yuyachkani, presentada los días 28 y 29 de marzo de 2026 en el Gran Teatro Nacional, se manifiesta como una experiencia escénica de notable belleza y profundidad, en el marco de la conmemoración de sus 55 años de trayectoria.
Lejos de una estructura fragmentada o anecdótica, la propuesta se percibe como un tejido orgánico donde música, voz, cuerpo y memoria conviven en perfecta armonía. La escena, construida con una sobriedad rigurosa, alcanza imágenes de gran potencia estética, en las que la luz, el color y la disposición de los intérpretes configuran una poética visual que cautiva sin recurrir al exceso.
Uno de los mayores aciertos de la obra radica en la presencia escénica de sus intérpretes. Cada uno sostiene un peso específico dentro del conjunto, pero es en lo colectivo donde la propuesta alcanza su mayor fuerza: se escuchan, se acompañan y se responden con una precisión que evidencia un trabajo sostenido a lo largo del tiempo. La voz, en particular, se convierte en un vehículo expresivo central, capaz de transitar desde lo íntimo hasta lo expansivo, llenando el espacio con una resonancia clara y conmovedora.
La música no cumple un rol accesorio, sino estructural. A través de ella se construyen atmósferas que evocan memoria, territorio y emoción, dialogando con tradiciones diversas del Perú y reafirmando el compromiso del grupo con la investigación y la transmisión cultural. En este entramado, el público no permanece distante: se ve inevitablemente convocado a recordar, a acompañar y a formar parte de esta experiencia.
Fiel a su identidad, Yuyachkani sostiene una mirada crítica sobre la realidad peruana, abordando de manera directa problemáticas como la corrupción, sin perder por ello la delicadeza poética que atraviesa toda la obra. Esta coexistencia entre denuncia y belleza constituye uno de los rasgos más potentes de la propuesta.
Con-cierto olvido se revela así como una obra profundamente humana, donde la memoria no es solo evocación del pasado, sino un acto vivo que se construye en el presente. Su mayor virtud reside en transformar lo escénico en una experiencia compartida, recordándonos que el teatro, como la vida, no se define por un final, sino por la intensidad de su recorrido.
En escena, seis intérpretes junto a dos músicos construyen una unidad viva, donde la música no acompaña: emerge del propio cuerpo escénico. La capacidad de los ocho artistas para ejecutar diversos instrumentos con notable destreza eleva la propuesta a un nivel de sensibilidad excepcional, consolidando una experiencia orgánica y memorable.
Así, Con-cierto olvido trasciende la representación y se instala en la memoria del espectador, afirmando que entre el olvido y el recuerdo existe un territorio profundamente humano donde el teatro encuentra su sentido.
Tammy Alfaro
1° de abril de 2026
