viernes, 5 de agosto de 2011

Crítica: PROMETEO ENCADENADO

Arriesgada propuesta escénica  

Debemos ser claros al momento de reseñar la puesta de un clásico griego: no necesariamente todos los espectadores que acuden a la sala para apreciar el espectáculo saben, o al menos conocen superficialmente, la historia que verán en escena. Por eso en ciertos casos, se hace imprescindible ayudar de alguna manera al público por medio de trípticos, voz en off, introducción actoral en escena, etc. y así orientarlo previamente para que disfrute a plenitud de la pieza dramática, pues es complicado entender la historia sin conocimientos previos. Prometeo encadenado, escrita por Esquilo y adaptada por Ricardo Morante con el grupo Aqualuna en el Teatro Auditorio Miraflores, acusa este problema del cual se vio libre, curiosamente, Electra de Sófocles (anterior montaje del grupo), cuya mayor virtud fue justamente la total sencillez que facilitó su entendimiento. Por otro lado, para quienes conocemos el mito de Prometeo, titán que fue encadenado a una montaña por Zeus como castigo por favorecer a la humanidad, esta nueva e irreverente versión ofrece una propuesta minimalista y creativa, reemplazando los vestuarios clásicos por jeans y casacas de cuero; las cadenas, por telas colgadas; y todo esto acompañado por música rock a todo volumen. Un enorme riesgo que se debe valorar.

La tragedia de Prometeo encadenado sucede en un apartado lugar, en donde la Fuerza y la Violencia han llevado a Hefesto para que encadene a Prometeo a una montaña. Éste debe cumplir un severo castigo por haberse rebelado contra Zeus, ya que robó el fuego de la morada de los dioses y se lo entregó a los hombres. Y este castigo será más fuerte aún, pues Hermes es enviado por Zeus para solicitarle que le revele el destino que le depara al nuevo imperio del dios. Como toda tragedia, el destino inexorable de Prometeo se cumple, ya que considera su castigo injusto y no acepta el trato propuesto. El estilo contemporáneo de esta nueva actualización del mito griego luce interesante en escena, y las telas colgantes suponen una estilización del tormento que sufre Prometeo, que es bien aprovechado por la dirección escénica. La música sirve también para agregar un elemento de caos “ordenado” para escenificar algunas acciones, bien ejecutadas por los actores.

Prometeo encadenado sirve de lucimiento para un versátil actor como lo es Daniel Zarauz en el papel principal, bien acompañado por Michella Chale, Inés Sadovnik y especialmente Jonathan Oliveros, quien derrocha energía y precisión en cada una de sus intervenciones. Algunos personajes, como por ejemplo Ío, que es transformada en ternera en escena, necesitan de una revisión en cuanto a su construcción física. Algunos datos clave, como el águila que come el hígado de Prometeo en el día para que se regenere de noche eternamente, deben tener mayor protagonismo. La disposición escénica, con parte del público en el escenario tradicional, aprovecha las posibilidades del teatro. Vale la pena revisitar este clásico griego y saber apreciar esta arriesgada y minimalista propuesta del grupo Aqualuna y del director Ricardo Morante, quien busca nuevas maneras de abordar estos textos dramáticos de visionado obligatorio, útiles para entender y valorar la historia del teatro en general.

Sergio Velarde
06 de agosto de 2011

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