viernes, 22 de febrero de 2019

Estreno: EL PÁNICO


Obra escrita por el dramaturgo argentino Rafael Spregelburd

El Pánico se presentará en el CCPUCP bajo la dirección de Jorge Chiarella y con las actuaciones de los alumnos del curso de Actuación 8 de la Especialidad de Teatro de la Facultad de Artes Escénicas de la PUCP. La Especialidad de Teatro de la Facultad de Artes Escénicas de la PUCP presenta la obra El Pánico, del dramaturgo argentino Rafael Spregelburd, y bajo la dirección de Jorge Chiarella.

El Pánico, es una tragicomedia que, según su autor, es “Un relato policial que cuenta una historia secreta (el horror al reencuentro entre vivos y muertos) mientras aparenta contar otra a viva voz (la búsqueda de una llave)”.

La obra narra la historia de Lourdes, quien luego de la misteriosa muerte de su esposo Emilio, persuade a sus dos hijos para que le ayuden a buscar una llave que el difunto escondió. Esa llave abre la caja de seguridad de un banco. Su contenido es la esperanza de un nuevo comienzo para la familia, aunque nadie sabe exactamente qué podrían encontrar.

El Pánico es un montaje realizado por los alumnos del curso de Actuación 8 de la Especialidad de Teatro de la Facultad de Artes Escénicas de la PUCP. La temporada va del 25 de febrero al 04 de marzo en el CCPUCP. Las entradas ya están disponibles en Teleticket de Wong y Metro.

INFORMACIÓN IMPORTANTE:

El pánico, de Rafael Spregelburd
Dirigida por Jorge Chiarella
Asistencia de dirección: Rodrigo Chávez

Elenco:
María José Bueno, Almendra Calle, Erick Cumpa, María Alejandra Del Águila, Farah Estremadoyro, Betsy Loza, Muki Sabogal, Valeria Mannucci, Christian Mora, Giuliana Muente, Franco Ocaña, Eveling Olivares, Maricielo Paiva, Viviana Pereyra, Renzo Rospigliosi, Valentina Saba, Paloma Scargglioni y Michelle Vallejos.

FECHAS:
Del  25 de febrero al 4 de marzo de 2019
8:00 p.m.
Teatro Centro Cultural PUCP (Av. Camino Real 1075, San Isidro)

Estreno: CONFUSIÓN EN LA PREFECTURA… Y ALGO MÁS


Presenta DITIRAMBO TEATRO

Grupo teatral de Ventanilla con una trayectoria de más de 40 años, antes como IPAVECO, bajo la dirección del señor Christian Neyra.

CONFUSIÓN EN LA PREFECTURA
Obra en farsa de Julio Ramón Ribeiro escrita en 1976, cuyo tema central es el acomodo y reacomodo de nuestras autoridades en la política, demostrándonos que ellos no cambian, sino que se adaptan al tiempo.

Dirección: Christian Neyra
Elenco:
Prefecto: Santiago Moreno
Gobernadora: Alejandra Garay
Alcalde: Carlos Pereyra
Duración: 30 minutos

AÑORALGIAS
Obra corta en farsa donde un entrevistador y un artista nos muestran que el arte no tiene edad, ya que los personajes son dos artistas bastante mayores.

Dirección: Christian Neyra
Elenco:
Entrevistador: Santiago Moreno
José Jodian: Carlos Pereyra
Entrada general 10.soles

Ventanilla
Avenida Beltra calle 14 Local Sitramun
Al costado de la canchita sintética
Ventanilla
Ciudad satélite

Entrevista: CLAUDIA TANGOA

“Me interesan los procesos largos y acompañados”

San Bartolo (2018) fue una valiente apuesta teatral que abordó los escandalosos abusos cometidos por el Sodalicio. Escrita y dirigida por Alejandro Clavier y Claudia Tangoa, la puesta presentada en el Teatro La Plaza fue recompensada con el Premio Especial de Oficio Crítico. “Estudié parte de la Primaria en Tarapoto, mi familia es de la selva”, comenta Claudia. “En mi colegio en Lima no había teatro, pero sí ballet; había mucha disciplina, hacíamos cosas que nunca había hecho”. La exigencia física y la disciplina impartida en el curso le llamó la atención de Claudia, así como su particular música. “El ballet me exigía explorar y trabajar mi cuerpo de una manera no cotidiana, y me gustaba descubrir eso nuevo en mi”.

La importancia del trabajo de grupo

Claudia descubrió el teatro siendo adolescente, pero fuera de las aulas, en un grupo de teatro aficionado y autogestionado. “Estuve bastante tiempo (cuatro años) y había mucha entrega, teníamos talleres y luego presentaciones, que eran para todo público pero iba más la familia; nosotros vendíamos las entradas y trabajábamos todo el sábado y todo el domingo”. Para Claudia, la experiencia vivida le hizo identificarse con el trabajo teatral en grupo. “El teatro tuvo un efecto transformador en nuestras vidas, conservo muy buenos amigos de esa experiencia”. Agrega que fue muy enriquecedor encontrar y trabajar con todas aquellas personas que venían de realidades distintas. “Porque estábamos pasando por esa etapa tan difícil que es la adolescencia, en la que no estamos conformes con nuestro cuerpo, vivimos conflictuados con el mundo; fue un momento muy claro donde el teatro entró en nuestras vidas y nos empoderó, me sentía buena haciendo teatro. Como adolescente tenía muchas dudas pero sentí que era buena en esto, entonces empecé a producir y escribir”.

Una educación escolar sin talleres artísticos, específicamente de teatro, resulta a estas alturas desafortunada y hasta condenable. “Es importantísimo, te da disciplina, desarrollas otras habilidades, aprendes a trabajar en equipo, incentivas la creatividad y la sensibilidad”, opina Claudia sobre los cursos de Teatro en colegios. “Entrar en el chip del teatro es tener la mente abierta, cuestionarse todo el tiempo, poder atreverse a hacer cosas, porque si sientes miedo de hacer algo por temor a fallar, no lograrás nada; la idea es sentir que la vida es prueba y error, hay que darle esa otra mirada, otro filtro de ver las cosas”. Evidentemente, todavía tenemos un sistema castrador y castigador, y dado a la recompensa. “No permite que podamos descubrirnos a nosotros mismos; por ejemplo, veo a compañeros que vienen de colegios donde han hecho teatro y siento que hay una forma distinta de afrontar las cosas, menos limitadas, entran más al juego”.

El teatro como profesión

Claudia es egresada de Artes Escénicas, cuando esta estaba en la Facultad de Comunicaciones en la Universidad Católica. “Una profesora que me impactó mucho fue Bertha Pancorvo”, recuerda. “Tenía una forma de vivir como profesional del teatro, tenía disciplina, investigación; nos exigía de tal manera, que si tú querías vivir de esto, tenías que hacerlo en serio, sino serías un mediocre en tu trabajo; sentí que me exigió de una manera estimulante”. Por otro lado, Claudia tuvo como profesor de Dirección al consagrado Jorge Guerra, a quien califica de ser “un visionario como director, veía el potencial en el trabajo que le presentabas, leía lo que estaba escrito sobre la escena de otra forma; me hacía pensar que lo que yo creía, podía significar otras cosas”. Una persona que influenció mucho en las búsquedas escénicas de Claudia fue Carlos Cueva de LOT. “La experiencia en LOT me motivó a revisar y cuestionar lo aprendido en la universidad, me acercó a lo posdramático”. 

Algunos proyectos de Claudia que llamaron la atención de Oficio Crítico fueron Ausentes – Proyecto escénico (2016), en donde se encargó de la Dirección Teatral (la Dramaturgia estuvo a cargo de Claudia y Rodrigo Benza; y la Dirección General, de este último), en un montaje que habló sobre la la desigualdad, el manejo del poder, los intereses y las causas de los conflictos sociales en el Perú; Ñaña (2017), con su dramaturgia y dirección, mostrando la dura realidad de nuestra sociedad, llena de abuso sexual y violencia; y la ya citada San Bartolo. “La búsqueda que desarrollé cuando estudiaba en la universidad era la memoria personal como punto de partida para la creación, el trabajo del actor-creador”, refiere Claudia. En el 2012, se estrenó Proyecto 1980/2000, el tiempo que heredé como parte de la convocatoria “Ayudas a la Producción y Exhibición de Artes Escénicas en Perú” realizado por el Centro Cultural de España en Lima, en donde Claudia se encargó de la dirección y dramaturgia del montaje, al lado de Sebastián Rubio, con testimonios de los propios protagonistas. “Para mi, la propuesta partió del interés de trabajar con la biografía del actor/no actor, después lo reconocimos como teatro testimonial”.

El sólido trabajo escénico que significó Ñaña, le valió a Claudia una nominación para Oficio Crítico como mejor trabajo de dirección. El espectáculo contaba con las sentidas actuaciones de Anahí de Cárdenas y Verony Centeno, quienes interpretaban a dos hermanas que luchan por construir juntas un lugar al cual pertenecer, en medio de un caso de maltrato infantil basado en un testimonio de la vida real. “El proceso duró cuatro años de trabajo, fue la historia de mi hermana y la mía en el escenario; mi búsqueda escénica era abordar la historia de ella, pero lo que más me interesaba era cómo esta rebotaba en mí, en cómo era mi mirada sobre ella y viceversa, de nuestros encuentros y desencuentros”. Para Claudia, esta obra significó un proceso en el que tenía que enfocarse mucho más en el texto, esta vez no partía de la memoria de las actrices, partía de ella misma. “Era mi experiencia vivida pero traducida en la obra, había que probar el material con las actrices; me enfoqué en mi trabajo como dramaturga y directora, porque necesitaba una distancia con el tema, el tener estos roles me ayudaba a separarme de mi historia y tener lucidez a partir de esa distancia”. La obra abordaba temas muy claros, pero especialmente la distancia que separaba a estas dos hermanas que no lo son. “Son peruanas, pero con distintas crianzas; una con privilegios y la otra, sin ellos; decidí hacer el trabajo, porque sentí que podía interesarle a más gente”.

Atrocidades y religión

San Bartolo llegó al Teatro La Plaza a través de una invitación ofrecida a Alejandro Clavier (autor y director) para dirigir una obra en la programación para adultos. “Jano había viajado a un festival en Alemania y vio una obra sobre un pederasta belga; cuando regresaba a Lima pensó en el Sodalicio y ese fue el “link” con el tema”, comenta Claudia. “En un momento, me dijo que había que hacerlo juntos y me pareció bien, el caso es muy grande, habla de muchas cosas”. Ambos quisieron explorar cómo influye la religión en relación al cuerpo y a la sexualidad. “Creo que nos pasa a todos los que hemos tenido una crianza católica, a las mujeres se nos impone la imagen de la virgen, creo que nos influye de manera directa”. Claudia y Clavier trabajaron todo un año, discutiendo el concepto y la manera que abordarían el caso para contar los hechos. “Nos llenamos de información, entrevistamos a mucha gente, conseguimos aliados”.

Una realidad tan difícil de asimilar causó, sin duda, un doloroso efecto en Claudia. “Fue impactante, pensaba en las personas que habían sido capaces de hacer esto, con tanta energía negativa”, revela. “Tuve pesadillas durante algún tiempo, solo de pensar que hay personas vulnerables en espacios supuestamente seguros, como colegios, pero expuestos al peligro; yo tengo un sobrino, escuchaba de una pijamada y me preocupaba”. La investigación de Claudia y Clavier fue exhaustiva, accediendo a testimonios, no solo los propiciados por los periodistas Paola Ugaz y Pedro Salinas, sino incluso de casos de otros países. “Literalmente, hablábamos de San Bartolo todo el día; a mí me asustó saber que existen personas que tienen esos propósitos cerca a gente tan vulnerable, y fue impactante escuchar la valentía de los que han hecho frente al problema y que quieren rehacer su vida desde cero”.

En referencia al montaje en sí, Claudia y Clavier atravesaron un exigente proceso de selección para decidir qué aspectos del tema aparecerían o no en la puesta. “Especialmente, en torno al abuso sexual, ¿cómo hablar de algo que la gente no quiere escuchar y cómo no caer en el morbo? Porque fueron abusos sexuales, físicos y psicológicos; era importante que esté en el montaje, pues uno tiene que tener una posición en los trabajos que desarrolla”. Para Claudia, los procesos largos le resultan atractivos, ya que los temas que trabaja le exigen tanto que captan todo su tiempo. “Capturan tu emoción, creo que son como relaciones que uno tiene con las obras. Para empezar un nuevo proyecto, no me es tan fácil decidir cual es el siguiente tema que quiero abordar y prefiero darme un tiempo para pensarlo, pero tampoco puede ser mucho porque esta es una carrera en la que tienes que trabajar y no enfriarte”.

Claudia está concentrada en la reposición de San Bartolo en el Teatro Peruano Japonés, que va hasta el 2 de marzo, con funciones todos los días a las 8 pm, a excepción de los lunes y martes. Posteriormente, estará viajando durante el año. “Postulé a una residencia de directores que organiza la Fundación Teatro a Mil, el Teatro La Plaza, el Instituto Goethe y El Instituto Nacional de Artes Escénicas de Uruguay. Es el primer año que lo hacen con participación de peruanos y uruguayos; es una residencia que dura un año, ya fuimos a Chile, luego iremos a Alemania, después a Uruguay, y en enero regresaremos a Chile para ver los resultados de los avances. Prefiero no contar aún sobre qué es, pero estoy contenta porque me reta, va a ser un proceso largo y acompañado”, finaliza.

Sergio Velarde
22 de febrero de 2019 

jueves, 21 de febrero de 2019

Seminario: TÉCNICAS TEATRALES PARA LA ENSEÑANZA


A cargo de Alexander Pacheco

Ayepotámono Producciones y Casa Mocha Cultural producen este taller práctico, dirigido a docentes de cualquier asignatura que desee innovar en la metodología tradicional y conectarse mejor con sus alumnos a través del teatro. De esta manera orientará su profesión, la docencia, a un camino más creativo y satisfactorio tan sólo usando al teatro como herramienta pedagógica que servirá de estrategia para captar mejor la atención del alumno, mejorando su capacidad de comprensión e involucrándolo de manera más activa y dinámica ya sea en actividades grupales o individuales.

OBJETIVOS
• Conocer el juego dramático como herramienta.
• Desarrollar estrategias pedagógicas a través del teatro
• Conocer y trabajar una situación teatral.
• Conocer el rol del profesor a través del teatro.
• Conocimientos básicos de dirección.

CONTENIDOS
• Juego dramático: juegos para el desarrollo de las habilidades sociales, libre expresividad, espontaneidad y creatividad.
• Juego de roles.
• Creación y desarrollo escénico de una situación dramática.
• Reflexionar sobre el rol del profesor y el del alumno desde el juego teatral.

DATOS IMPORTANTES:
Profesor: Alexander Pacheco
Fecha: sábado 02 de marzo del 2019
Horario: Jornada de 8:00a.m. a 1:00p.m.
Lugar: Casa Mocha Cultural (Av. Sáenz Peña Nº 107 – Barranco)
Inversión: Individual s/. 70.00 soles - Corporativo s/ 50.00 soles (4 a más participantes).

*Se entregará constancia por participación en el taller. Los pagos se realizarán mediante depósito a la cuenta ahorros soles del BANCO CONTINENTAL Nª 0011- 0521-0200102838 a nombre de María Morales Castro. Luego enviar el voucher al correo electrónico: info@mochacultural.com o al WhatsApp 943236801 con sus datos completos (nombres, edad, colegio dónde enseñan, curso que dictan, teléfono celular y correo electrónico).

Crítica: CICATRICES


Heridas por cerrar

El Club de Teatro de Lima, una de las escuelas de actuación más longevas en la capital, sigue formando nuevas generaciones de actores, quienes se despiden de su centro de estudios en el tercer año con interesantes muestras que comprueban sus innegables progresos. Guiados con mano firme por la plana docente, sus egresados no temen enfrentar temáticas controvertidas o problemáticas sociales, muchas veces generando sus propios textos como creaciones colectivas. Por ejemplo, en La ola (2016), basada en la película del mismo nombre, se abordó un fallido experimento universitario para frenar la escalada de delincuencia en la sociedad; y en Aquí no hay lugar para unicornios (2018), se hizo hincapié en la violencia de género, a través de múltiples historias en donde las mujeres luchaban por reclamar sus justos derechos. Este año, la nueva promoción de egresados del Club de Teatro se embarca en la complicada misión de retratar la violencia originada por el conflicto interno terrorista en la vida de cuatro familias fragmentadas, estrenando la obra Cicatrices, creación colectiva guiada por Paco Caparó.

Como ya es habitual en los trabajos de Caparó, cada uno de los integrantes de la promoción asume un personaje dentro de historias independientes que confluyen al finalizar la puesta. En ese sentido, Fabiola Alfaro, Mariela Lorenzo, Berenice Contreras, Omar Cordova, Yeferson Chávez, Sara Ayala, Pamela Ausejo, Sandra Makishi, Andrea Castro y especialmente, Jerenny Guía, Diego Vargas y Rahib Bend defienden personajes muy bien bosquejados, entre víctimas y victimarios, en medio de una locura que desangró por mucho tiempo a nuestro país. Esta vez, Caparó y su elenco tocan fibras muy sensibles, alternando algunas escenas en el límite de lo escabroso (como las violaciones) con crudos testimonios de ciertos personajes (como la madre en busca de justicia), pero trabajados con cuidado y esmero. Atinadamente, el montaje se encarga de mostrar ambos bandos, centrándose en el sinsentido de la violencia, sin caer en sensacionalismos ni en el burdo panfleto.

Sin llegar a la densidad dramática de otros excelentes montajes de temática similar, como La cautiva (2014), La humilde dinamita (2016) o Entre colinas y senderos (2018), y salvando las distancias, Cicatrices sí nos depara un par de momentos inquietantes y conmovedores: desde el inicio, con la desesperada voz de la señora reclamando por ayuda, siendo apagada por las recomendaciones del teatro antes de empezar la función; pasando por las arengas del senderista convencido que está en lo correcto; hasta la utópica reconciliación entre padre e hijo, simbolizando dos generaciones que tienen mucho que entender la una de la otra. Acaso la lectura de las cartas, impecablemente ejecutada, pueda revisarse en beneficio de la fluidez de la historia. El último tramo de Cicatrices, con el flamante elenco egresado del Club de Teatro despojándose de sus prendas para revelar los vendajes ensangrentados que cubren sus heridas, cierra un pertinente montaje en contra del olvido y el terror, y a favor de la memoria y la reconciliación.

Sergio Velarde
21 de febrero de 2019

miércoles, 20 de febrero de 2019

Crítica: LO QUE NOS FALTABA


Cambio de etiquetas

Mencionábamos en Oficio Crítico acerca del estreno de Lo que nos faltaba (2015), la primera comedia escrita, dirigida y protagonizada por David Carrillo, que esta sirvió para “constatar, a plenitud, su feliz vocación como artista escénico, ya que representó una suerte de compendio de todo su aprendizaje como director y ocasional actor de las muy apreciables comedias de su productora Plan 9, y que recogió hábilmente lo mejor de cada una de ellas, en beneficio de un producto teatral logrado y altamente recomendable”. Acaso sea Lo que nos faltaba su obra más premiada y reconocida por la crítica, solo unos pasos delante de Demasiado poco tiempo (2011), pero a su vez la que le trajo en su momento a Carrillo una serie de eventos desafortunados, felizmente ya superados, y que le otorgan a esta reposición del mismo texto nuevos niveles y matices, tanto dentro como fuera del hecho teatral, que la convierten en toda una nueva experiencia.

El íntimo espacio de Yestoquelotro Estudio Teatro en Barranco le permite a Carrillo como director experimentar más a fondo su propio texto. El resultado sorprende gratamente, pues mantiene su esencia, pero a la vez se ubica en las antípodas de su versión original. Las tribulaciones del director Manolo Saldívar (Carrillo), en los días previos a su estreno teatral, van mermando poco a poco su salud, tanto física como mental, generando un caótico ambiente de trabajo, involucrando no solo a sus actores (Carol Hernández y Claudio Calmet), a su asistente (Emily Yacarini) y a su productor (José Antonio Buendía), sino también a su propia esposa (Marijú Núñez). Imposible no asociar la difícil situación de salud que atravesó el verdadero Carrillo durante la temporada original, ya que esa lectura extrateatral, sumada a los vestuarios oscuros y al mayor énfasis en la progresiva locura del director de "la obra dentro de la obra", le cambian la etiqueta de comedia dramática a esta nueva versión de Lo que nos faltaba, por una inequívoca de drama con tintes cómicos.

El delirio, el estrés y la pérdida de la razón, agravados por aquel enemigo número uno del teatrista llamado celular (cuyo sonido cobra aquí una connotación de pesadilla) consiguen crear una atmósfera opresiva y pesada a lo largo del montaje, finalizando en aquel notable contrapunto actoral durante el paralelo escénico, que ahora se percibe desde tres niveles: los actores que hacen de actores, interpretando "la obra dentro de la obra"; mientras son observados por Manolo, quien desarrolla su propia escena con su esposa; y a la vez, el público asistiendo a esta suerte de exorcismo teatral de Carrillo que redondea esta mejorada versión de su propio original. Acaso sería oportuno afirmar, con mucho cuidado y discreción, que este remake de Lo que nos faltaba de Carrillo se ubica a unos cuantos pasos más adelante de la primera versión, y se convierte (ahora) en un contundente drama en toda regla, y naturalmente, de visión obligatoria.

Sergio Velarde
20 de febrero de 2019

Crítica: DIÁLOGO EN PRIVADO


Cautivante triángulo amoroso

María Paula del Olmo es una interesante dramaturga y directora argentina, con varios logros conseguidos también como cineasta. Por su parte, el director Pancho Tuesta debutó profesionalmente en el 2016 con el estreno de Siento perderte, de autoría de Del Olmo, una dolorosa historia de separación y olvido en una pareja, como parte del III Festival “Directores en acción” del Centro de Formación Teatral Aranwa. Del Olmo y Tuesta se encuentran actualmente en cartelera, en una coproducción peruano-argentina en el acogedor espacio de Yestoquelotro Estudio Teatro en Barranco; ella, como dramaturga y directora; y él, como productor. Diálogo en privado, el montaje en cuestión, nos trae un puñado de poderosas imágenes que acompaña los encuentros y desencuentros de un matrimonio y una amante en una habitación de hotel, inmiscuyéndonos así en sus vidas e intimidad.

Los argentinos Carolina Silva y Fabián Bril interpretan a María y Mariano, dos amantes que vienen encontrándose furtivamente tres veces a la semana desde hace buen tiempo, hasta que un trágico suceso provoca la sorpresiva aparición de la esposa de Mariano, Julia (nuestra Lucía Caravedo); es entonces que ambas mujeres inician una curiosa relación, en la que irán descubriendo poco a poco sus más profundos sentimientos. Del Olmo propone un montaje atractivo visualmente, utilizando los cuerpos de los actores para generar intrigantes atmósferas, como por ejemplo, con la semidesnuda María envuelta en sombras y mirando la lluvia a través de la ventana. Dividida en escenas con sentidas conversaciones y monólogos, un prólogo, un epílogo y un flashback, la puesta explora con éxito los laberintos del corazón de estos confundidos personajes en su búsqueda de estabilidad emocional.

El íntimo espacio barranquino le permite a la directora aprovechar las luces, el sonido y la proyección de imágenes de manera efectiva. Esta estética no distrae de los conflictos en escena, manejados de manera intachable por el elenco, especialmente por la conmovedora Silva. Del Olmo y Tuesta nos regalan con Diálogo en privado, un cautivante y oscuro triángulo amoroso, repleto de miradas, pausas y sutilezas de gran contenido emocional, que en complicidad con el espectador, desnuda el afecto, el deseo y la imposibilidad de amar a plenitud. Del Olmo es una artista con una gran sensibilidad, de la que esperamos futuros proyectos a estrenarse en nuestras salas.

Sergio Velarde
20 de febrero de 2019

martes, 19 de febrero de 2019

Crítica: INTIMIDAD ATÓMICA


Los peligros de la ciencia-ficción

Continuando con el VI Festival “Directores en acción” del Centro de Formación Teatral Aranwa, y luego del entrañable llamado al respeto y tolerancia hacia la comunidad LGBT que fue Love, le llegó el turno al empoderamiento femenino, con la puesta en escena de Intimidad atómica del argentino Leonardo Maldonado, con la primera dirección profesional de Chiara Rodríguez Marquina, productora de la Asociación Cultural Trenzar, que es una de las organizaciones más visibles dedicadas a la cerrada defensa de los derechos de la mujer. Si bien es cierto, se entendió la propuesta de la directora en escena, algunos inconvenientes al momento de retratar una pieza con un contexto distópico o puramente ficticio le restaron fuerza el producto final.

Retratar el futuro no es cosa fácil y menos en el teatro, ya que acaso debe lograrse la convención con el público con una mayor rigurosidad, para así hacer creíble la trama que se piensa contar en escena. Algunos montajes, como ¿Qué tierra heredarán los mansos? (2011) de Estela Luna o Zoocosis (2018) de Emilie Kesch y Paola Terán, se las ingeniaron para narrar con propiedad sus respectivas historias en mundos futuristas. En el caso de Intimidad atómica, que se centró en una polémica y aclamada artista (María-Eugenia Amayo), la cual planea realizar un espectáculo multimedia explosivo (literalmente) en el que su actor principal (Alejandro Guzmán) perdería la vida en nombre del arte, las formas elegidas, como los vestuarios, el contado mobiliario y los efectos lumínicos y sonoros, no llegaron a trasladar del todo al espectador a este universo incierto; sin embargo, el fondo del montaje sí se sostuvo, con una pasmosa pérdida de nuestra humanidad, gracias a las esforzadas actuaciones del elenco y al atinado reconocimiento del mensaje que quería transmitir Maldonado.

Salvando las distancias con la clásica Función Velorio de Aldo Miyashiro, Rodríguez señaló los difusos límites a los que se puede llegar en nombre del arte, en los que se mueven aquella directora todopoderosa y aquel esforzado actor, sin negarles a ambos la posibilidad de enamorarse, revelada en aquella magnífica pausa antes que se apaguen las luces. Las metáforas con nuestra realidad se muestran clarísimas: el mundo salvaje del espectáculo (en tiempos de guerra por el rating), el poderío femenino (en un país en el que paradójicamente la mujer corre peligro a diario) y los excesos en nombre del arte (con pseudo-directores cruzando la línea); no obstante, la propuesta estética debería revisarse para futuras reposiciones. Intimidad atómica fue una oportuna recreación de la terrible situación a la que nos enfrentaremos en un futuro no tan lejano, si continuamos con nuestro absurdo proceso de deshumanización.

Sergio Velarde
20 de febrero de 2019

Crítica: LOVE


Amor sin barreras

Como no podía ser de otro modo, el VI Festival “Directores en Acción” del Centro de Formación Teatral Aranwa fue inaugurado por una romántica obra en el mes del amor. Dirigida por Germán Díaz, Love, texto escrito por el joven actor Jesús Oro en clave de comedia, se inscribió dentro de las puestas en escena que buscan la aceptación de las parejas LGBT y la no discriminación por su opción sexual. Evidentemente, muy necesarios en nuestra todavía pacata sociedad renuente al cambio, estos espectáculos corren el riesgo de caer en exageraciones, lugares comunes o situaciones trilladas, en su pertinente intento por fomentar la reflexión en el espectador. Sin embargo, Love logró llegar a buen puerto, evitando en gran medida los mencionados riesgos, consiguiendo incluso una personalidad propia gracias a su muy correcta dirección de actores.

Díaz apostó por crear una doble y directa comunicación, con el público y con el resto de personajes, por parte del protagonista. Fue así que la acción arrancó desde que ingresó el público al escenario circular de Aranwa, cuando Norman (Oro) personalmente invitó a la mayoría de asistentes a escribir en un papel la primera palabra que se les venga a la mente para describirlo, material que sería utilizado durante la obra. Este rompimiento de la cuarta pared, que ocurrió intermitentemente a lo largo del montaje, fue un recurso interesante, pero que acaso cayó por momentos en cierto acartonamiento, mermando la fluidez de la puesta. Mucho mejor fue la química conseguida entre Norman y Sebastián (Augusto Gutiérrez), quienes debían hacer creíble su moderna love story en tan solo 24 horas, desde que se conocieron en el transporte público hasta la pedida de mano formal de Sebastián a su novia. Esta relación no solo fue muy creíble, sino que consiguió momentos genuinamente entrañables y conmovedores.

Mención aparte la interesante construcción del resto de personajes de apoyo por parte de la talentosa Gretha Bazán. Sin contar con demasiado vestuario ni aditamentos especiales, la actriz interpretó con aplomo y soltura al cobrador de combi, al taxista, a la recepcionista del hotel y a todo un grupo de diversas personas que reaccionan, cada una a su particular manera, ante la presencia de la pareja enamorada. Especialmente, las madres de Norman y Sebastián, quienes lucieron convincentes en sus respectivas personalidades. El happy end de la historia llegó, aunque previsiblemente, con suspenso y atención. Con la producción de Ale Reyes Freitas, Love constituyó la nota aprobatoria para el trabajo de dirección de Díaz y lo compromete a una necesaria reposición de una puesta en escena apreciable teatralmente y muy recomendable, por su mensaje, en estos días.

Sergio Velarde
19 de febrero de 2019

Evento: FESTIVAL DE TEATRO PARA NIÑOS ALELÍ


Queremos cultura, hacemos teatro, generamos sonrisas

A partir del viernes 23 de febrero a las 4:00 p.m. se desarrollará el “I FESTIVAL DE TEATRO PARA NIÑOS ALELÍ”, presentado por la ASOCIACIÓN CULTURAL WINARAY.

Es la primera edición del “FESTIVAL DE TEATRO PARA NIÑOS ALELÍ” la ASOCIACIÓN CULTURAL WINARAY reúne a seis elencos teatrales comprometidos con el desarrollo y trasformación del arte para grandes y pequeños.

Una gran oportunidad para apreciar divertidas y aleccionadoras historias en estas vacaciones escolares con la participación de los grupos: ECOFIESTA, LA MAYU, BUTACA ARTE & COMUNICACIÓN, COLIBRÍ TEATRO, CONCOLORCORVO, ASOCIACIÓN CULTURAL WINARAY. FESTINIÑOS ALELÍ se realizará del 23 de febrero al 31 de marzo, los días sábados y domingos en la Casa Winaray, ubicada en la Av. Tacna 685 Piso 12 Int. 123, Lima Centro.

Las entradas están a la venta en Casa Winaray o por depósito en cuenta BCP SOLES 19338337507053 (Cristian Lévano)
*después de realizado el depósito, enviar un correo con sus datos (nombre completo y número de celular) y la foto del voucher o comprobante del pago realizado, a: acwinaray@gmail.com y en la boletería del teatro los días de función.

Pre-Venta: hasta el 22 de Febrero:
POR FUNCIÓN:
POR DOS NIÑOS: S/15.00
POR DOS ADULTOS: S/25.00
PAQUETE ALELÍ*: S/60.00
*El paquete ALELÍ incluye una entrada por una función de cada obra durante el Festival (las 6 obras), válido por persona.

A partir del 23 de Febrero:
PRECIO GENERAL: S/15.00
PRECIO NIÑOS: S/10.00

SOBRE LOS ESPECTÁCULOS

CARACOLITO
Sábado 23 y Domingo 24 de febrero - 4:00pm
Caracolito quiere llegar a la cima y marcar la diferencia.  Su aventura le mostrará la verdadera amistad y como alcanzar sus sueños.
Director: Cristian Lévano
Intérpretes: Jorge Bazalar, Joel Calderón, Diana Tolentino, Nuria Mayor.

WILLAKUY
Sábado 02 y Domingo 03 de marzo - 4:00pm
El cóndor, el puma y la serpiente nos llevarán por el mundo del ande para conocer un poco más de nuestro país.
Director: Sergio Cano La Torre
Intérpretes: Jorge Bazalar, Sergio Cano La Torre, Diana Tolentino.

WOOPY
Sábado 09 y Domingo 10 de Marzo - 4:00pm
Es un viaje sensorial, sonoro y visual donde aparecerán personajes llenos de diversión y ternura que propiciarán una interacción constante con él espectador.
Director: Henry Sotomayor
Intérpretes: Luisa Caldas y Beto Caycho.

HOJASECA
Sábado 16 y Domingo 17 de Marzo - 4:00pm
Unipersonal que mezcla teatro, títeres y narración nos muestra como enfrentado sus miedos una hoja seca trasforma su destino en una fantástica travesía.
Director: Herbert Corimanya
Intérpretes: Emily Yacarini.

EL SÓTANO DE MAX
Sábado 23 y Domingo 24 de Marzo - 4:00pm
.           Max tiene una importante misión, encontrar a un Hada muy poderosa y cumplir su deseo de ser feliz para siempre.
Director: Cristian Aldoradin Vega
Intérpretes: Jared Portocarrero, Berenicce Fernandez Vega, Rosa Victoria Chauca Gutierrez.

DE TRAPOS Y CARTÓN
Sábado 31 y Domingo 31 de Marzo - 4:00pm
Un anciano maestro de reciclaje trabaja en su querida creación, pero la parte más importante, el corazón, desaparece.
Director: Daniel Huarocc
Intérpretes: Miguel Ramírez.