sábado, 18 de abril de 2015

Crítica: OTRAS CIUDADES DEL DESIERTO

Familia y política, combinación explosiva

El Teatro La Plaza volvió por sus fueros, renovado, con nueva obra. Luego de la atípica (y polémica) temporada de La cautiva, los cambios en las puestas en escena no pudieron ser más drásticos: del oscuro depósito de cadáveres en el Ayacucho durante la génesis del movimiento terrorista en nuestro país de La cautiva, pasamos a la lujosa sala de una familia acomodada del partido republicano en vísperas navideñas en la árida Palm Springs de Otras ciudades del desierto. Y si bien las locaciones pueden parecer diametralmente opuestas, el trasfondo de las historias no lo es tanto. El regreso de la escritora Brooke Wyeth (siempre impecable, Wendy Vásquez) a la casa de sus padres Lyman y Polly (precisos Alberto Isola y Martha Figueroa), tras seis años de ausencia debido a la depresión que le causó el suicidio de su hermano luego de un misterioso atentado terrorista, pone en jaque a toda la familia: Brooke planea la publicación de un libro de memorias, llamado "Amor y compasión", sobre los motivos que le llevó a su hermano a tomar la fatal determinación y que pondría en riesgo la reputación de los Wyeth, especialmente a pocos años del atentado de las Torres Gemelas. El exitoso dramaturgo y guionista californiano Jon Robin Baitz, experto en conflictos familiares (con créditos en interesantes series norteamericanas), logró con su pieza un contundente éxito, que lo llevó del Off-Broadway al Broadway en el mismo 2011.

Otras ciudades del desierto no solo explora las relaciones familiares, especialmente el conflictivo duelo madre-hija, sino también la descarada idiosincrasia política, que es indispensable mantener a toda costa. En ese sentido, el republicano Lyman representa la peor imagen de la intolerancia y la marginación en un político, con la prepotente finalidad de mantener el status quo. Por cierto, solo superado por su propia esposa. La figura de Polly, aquella altanera y controladora madre, resulta de capital importancia para entender el peligro que representa para la familia el ver descubierta su intimidad y demás, sus miserias. La presencia en casa de su despreocupado hijo (Rodrigo Palacios) no representa para Polly un serio problema, pero sí lo es la estancia provisional de su hermana alcohólica en proceso de rehabilitación, la tía Silda (impagable como siempre, Sofía Rocha), que no solo oculta un secreto bien guardado, sino que se convierte en una aliada para Brooke. Es así que vemos a la familia dividida delante del enorme árbol de navidad, curioso y silencioso testigo del drama, para permitir o evitar la publicación del libro. Para Brooke, el cartel que vio en la carretera al llegar, indicándole que si sigue de frente llegará a otras ciudades del desierto, resulta significativo, pues justamente allá es donde le gustaría estar, luego de enfrentarse a su propia familia.

El director Juan Carlos Fisher sabe escoger buenos textos que le facilitan sobremanera conseguir espectáculos de calidad, contando además con consagrados intérpretes. Es por ello que, en cuanto a las actuaciones, la mayor virtud del joven Rodrigo Palacios es la de estar a la altura y no desentonar al lado de un elenco de excepción, en el que habría que destacar a una recuperada Martha Figueroa, en pleno dominio de su capacidad histriónica. El escenario de La Plaza lució majestuoso y profundo, contando con el espacio de la piscina que no vemos desde Metamorfosis,  con un impresionante decorado, que no opacó el vibrante drama familiar. Mucho se habló de la última y acaso prescindible escena, pero cierra de cierta manera el misterio sobre la decisión final de Brooke, pero sin la fuerza que emanaba del resto del montaje. Otras ciudades del desierto de Jon Robin Baitz retomó la acostumbrada decisión del Teatro La Plaza, tan empecinado en traer exitosas piezas del extranjero para nuestro disfrute.

Sergio Velarde
18 de abril de 2015

lunes, 13 de abril de 2015

Estreno: COMO CASTIGO POR MIS PECADOS

Nos/otros teatro estrenará Como castigo por mis pecados  

Como castigo por mis pecados, una comedia de Tirso Causillas sobre el amor romántico que combina la ironía y el descreimiento con la más profunda convicción de la inevitable fuerza del amor, será estrena este 01 de mayo en el Mocha Graña de Barranco, bajo la dirección de Nani Pease y las actuaciones de Tirso Causillas, Fabiola y Ángel Valdez. Los acompaña el Loko Perez como el músico en escena. Bajo la ilusión de una conferencia en la que el exitoso psicólogo Ezequiel García, especialista en autoayuda, presenta su libro, la obra combina el lenguaje poético y el más irreverente e irónico humor. La reflexión sobre todo lo que el amor nos hace hacer y padecer se ve representada desde la verdad del texto realista, desde la música y desde el código del humor absurdo.

Ezequiel García es denominado el gurú del amor. O más bien del anti-amor. Su conferencia “Y entonces dios creó el amor, como castigo por mis pecados” se estrena en exclusiva en Lima y en ella presentará su nueva publicación del mismo nombre. La conferencia funciona como un programa preventivo del enamoramiento destinada a identificar los peligros del amor romántico. Ayudado por Ana y Juan, actores contratados para ilustrar la conferencia, Ezequiel García nos llevará por las etapas, riesgos, clichés, promesas incumplidas, verdades desenmascaradas y resultados funestos del amor romántico... o al menos eso era lo que estaba planeado.

En el proceso de representar, de ironizar y de construir el mejor argumento contra el amor, Ana y Juan se encontrarán a sí mismos no pudiendo ser útiles como instrumentos de la conferencia y el amor encontrará inevitable e invariablemente la manera de hacerse más fuerte que el sostenido esfuerzo de Ezequiel de mantener su presentación al extremo del enternecedor ridículo. Escrita por Tirso Causillas (ganador de la edición del 2014 del festival de “Sala de parto” con la obra Financiamiento desaprobado) y dirigida por Nani Pease (actriz en Nuestro hermano, Las crías tienen hambre) la obra transita por el ridículo del humor sobre el amor con refrescante e intensa verdad. Actúan Tirso Causillas (Las crías tienen hambre, Cómo aprendí a manejar) en el papel de Ezequiel García, Fabiola Coloma (A dónde van los globo, en clown, Impro concierto en impro) como Ana, y Ángel Valdez (Idomeneo, La niña fría) como Juan. Los acompaña el Loko Perez (Vida de miel, El ornitorrinco) como el músico en escena.

Ficha Técnica

Dirección: Nani Pease
Texto: Tirso Causillas
Actúan: Tirso Causillas, Fabiola Coloma, Ángel Valdez
Músico en escena: Loko Perez
Asistencia de dirección: Nazira Atala
Música original: Mijail Mitrovic
Producción: Nazira Atala
Obra producida por: (Nos)otros teatro
Temporada: Del 1ro al 31 de Mayo en el Mocha Graña de Barranco
De viernes a domingo a las 8pm. 

sábado, 11 de abril de 2015

Estreno: ¡OH POR DIOS!

Empezó la pre-venta de la nueva obra dirigida por Rocío Tovar, solo hasta el 15 de abril  

Los actores Franco Cabrera, Guillermo Castañeda y Manuel Gold protagonizan esta historia inspirada en pasajes del libro más leído de la historia: “La biblia”. La nave producciones presenta la obra ¡Oh por Dios!, historia que narra las vivencias de tres jóvenes con problemas, conflictos internos y confundidos como todos, quienes de una forma lúdica contarán cómo, después de un largo debate consigo mismo, vuelven a encontrar la fe que habían perdido. ¡Oh por Dios! Hace a un paralelo con pasajes de la Biblia, el best-seller más leído de la humanidad. Los tres jóvenes interpretados por los actores Franco Cabrera, Guillermo Castañeda y Manuel Gold irán recuperando la fe en creer y en ese viaje de reconocimiento, será inevitable que el público se sienta identificado.

En el principio no había nada y dijo Dios: Sea la luz. Y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena, y apartó Dios la luz de las tinieblas. Y llamó Dios a la luz: Día. Y a las tinieblas las llamó: Noche. Y  ese fue el primer día. Es así que Dios crea el universo y todas las plantas, animales, ríos, quebradas, y especies que habitan en él. Así como a Fabián Gatti, Ricardo Andújar y Federico Mesías, tres jóvenes actores, promesas del teatro nacional, que serán puestos a prueba por el mismísimo Dios. Elegidos a la fuerza por Dios para contar la Biblia de manera divertida, tendrán una hora y treinta minutos para resolver semejante reto. En el camino, sus diferentes puntos de vista sobre la religión los harán chocar ocasionando más de un problema para llegar a tiempo a contar el libro más leído de la historia.

Desde este jueves 16 de abril a las 8:00 p.m. en el Teatro Ensamble, Av. Bolognesi 397 Barranco, podrán ser testigos de las locas aventuras de estos tres actores que pasarán por una prueba de fe, mientras resuelven sus dudas existenciales, sus posturas frente a la vida y a la religión. ¡Oh por Dios! Es una creación colectiva bajo la dirección de Rocío Tovar y el elenco lo conforman Franco Cabrera, Guillermo Castañeda y Manuel Gold. Para muchos, nuestra sociedad se ha vuelto una selva de cemento donde todo se compra y todo se vende. Vertiginosa y llena de información que no podemos procesar, vivimos de lo inmediato y muchas veces no sabemos en qué creer o a quién creerle. Estamos en una sociedad donde se ha perdido la fe en creer, y en un momento como éste, llega esta obra para devolverle la esperanza a los que la habían perdido por completo. Porque no importa en quien confiemos o en qué creemos, lo importante y trascendental es nunca perder la fe.

Teatro Ensamble: Av. Bolognesi 397 Barranco
Estreno: Jueves 16 de abril
De jueves a domingo a las 8:00 p.m.
Entradas en Teleticket
Pre-venta hasta el 15 de abril
Entrada General: S/. 45.00
Entrada Estudiante y jubilado: S/25.00

Pre venta
Entrada General: S/.30.00
Entrada Estudiante y Jubilado: S/. 20.00
Hasta el 15 de abril en Teleticket

Para mayor información comunicarse con:
Carla Revilla | 99 812 1623 | carlarevilla@gmail.com
Rony López Mija | 94 715 8956|ronymija@gmai.com

Crítica: STOP KISS

Conmovedora y diferente historia de amor  

Siguiendo con la feliz decisión de poner en el tapete las absurdas ideologías que no dejan progresar a la sociedad (acaso sea ésa la importancia capital del teatro), llega a la escena limeña la pieza Stop Kiss, de la autora norteamericana Diana Son, estrenada originalmente en el Off-Broadway en 1998 y dirigida actualmente por la excelente actriz Norma Martínez en el Teatro de la Universidad del Pacífico. A pesar de los 17 años que separan su estreno del nuestro, el texto no ha perdido un ápice de vigencia, pues se trata de un dramático ataque homofóbico hacia dos mujeres en un parque de New York, pero que nunca es visto en el escenario. La relación que desarrollan Callie (Lizet Chávez) y Sara (Fiorella Pennano) es la gran protagonista de este montaje que denuncia la salvaje y primaria violencia que tiene y ejerce el ser humano sobre lo que no puede (o no quiere) entender.

Sin cambiar el espacio temporal propuesto por la autora, la trama nos lleva al Nueva York de finales de los noventa, y específicamente al departamento de Callie, una reportera de tráfico en una estación radial, que sobrevuela la ciudad todos los días en helicóptero, sin mayores preocupaciones en su vida. Una amiga de su amiga, llamada Sara, llega para dejarle su gato, pues trabaja en una escuela pública del Bronx y no puede cuidar de él. Las dos mujeres inician entonces, una estrecha amistad, que poco a poco va convirtiéndose en algo más. El mencionado ataque que sufren las dos mujeres es el punto de inflexión en la obra, pues las escenas se suceden en desorden cronológico, intercalándolas antes y después de la cobarde agresión. Al igual que sucedió en Números reales (2013), el saber de antemano la suerte de los personajes, nos permite sentir una profunda compasión por ellos. Y en el caso de Stop Kiss, rabia y frustración ante un acto violento irracional y sin justificación.

Todo el prejuicio y la intolerancia que todavía nos carcome, y que impide el justo respeto hacia el amor en sus distintas manifestaciones, es retratado de manera sumamente estilizada en la puesta en escena. La escenografía, urbana y funcional, nos remite a la de Frankie y Johnny en el Claro de Luna (2014), obra ambientada curiosamente también en Nueva York. Las actrices que interpretaran a Callie y Sara deben cargar todo el peso dramático sobre los hombros. En ese sentido, Chávez (quien ya había demostrado su enorme potencial histriónico en la acaso incomprendida Falsarios) luce en el presente montaje absolutamente convincente en cada una de sus intervenciones, especialmente cuando intercala las escenas con ruptura temporal, muy bien secundada por la joven Pennano, que le otorga a su personaje una agradable personalidad. Completan el elenco Rómulo Assereto , Montserrat Brugué, Nicolás Galindo y Eduardo Camino, todos ellos muy precisos en sus caracterizaciones. Stop Kiss es una conmovedora puesta en escena que se convierte en un perfecto ejemplo de lo irracional y absurda que es la homofobia.

Sergio Velarde
11 de abril de 2015

viernes, 3 de abril de 2015

Crítica: LOS DOS HIDALGOS DE VERONA

El amor y la amistad según Shakespeare  

Las Temporadas Teatrales de la ENSAD vienen manteniendo impecables niveles de producción y de puesta en escena. El año pasado disfrutamos de Tus amigos nunca te harían daño, La tercera persona y Noches de luna, todas de autoría nacional. Este año, la ENSAD inicia sus actividades con una de las primeras obras escritas por el Bardo de Avon; Los dos hidalgos de Verona de William Shakespeare, a cargo del destacado director Carlos Acosta y con la dirección de arte de Pepe Sialer, es un espectáculo de excelente factura, con personalidad propia y que recupera una de las tempranas comedias del dramaturgo inglés, repleta de entrañables y lúdicos personajes. El cuidado del diseño de producción es una de las constantes de las obras estrenadas en la íntima Sala ENSAD, con una solvente escenografía y un vistoso vestuario, además de contar con elencos que derrochan energía y entrega. En el presente montaje, la variedad de estilos tan dispares entre sí, encuentra una feliz mezcla que enriquece la puesta en escena.

La eterna pregunta sobre qué virtud que debe prevalecer sobre la otra, el amor o la amistad, es la gran protagonista de esta comedia, que deja entrever algunas constantes que tendrían las piezas posteriores del autor, como la extrema comicidad de los sirvientes, los amores no correspondidos o los disfraces que deben vestir las doncellas para hacerse pasar por varones. Valentino (Toto Flores López) y Proteus (Julio Navarro) son los hidalgos de la historia, dos amigos que se enfrentarán por el amor de una mujer. El primero viaja a Milán para convertirse en un hombre maduro y se enamora en ese lugar de Silvia (Jazmín Labrín Burga); mientras que el segundo, amante de Julia (Ethel Requejo), es enviado por su padre también a Milán, enamorándose de la amada de Valentino. Julia, en la búsqueda de su amor perdido, se disfraza de muchacho para encontrarlo. Finalmente, y luego de mil peripecias, los cuatro se encuentran en el bosque para resolver sus diferencias. Adaptada la pieza por el director, las dos horas del espectáculo se sostienen por todos los recursos que el montaje posee, desde la vitalidad que derrochan los actores en sus cuidadas caracterizaciones, hasta las luces y los sonidos (grabados y en vivo) que suman a la algarabía general.

La gran mayoría de los montajes de Acosta se caracteriza por su exigencia con los actores, y el presente montaje no es la excepción. A destacar el limpio trabajo de Toto Flores López y Julio Navarro en los roles protagónicos, especialmente este último, que nos convence totalmente en su quiebre final. Las damas también realizan un efectivo trabajo: tanto Ethel Requejo  como Jazmín Labrín Burga componen enérgicos y verosímiles personajes. Estas dos parejas son bien secundadas por los múltiples personajes interpretados por los versátiles Renato Ayllón y Juan de los Santos. Mención especial para la insuperable dupla cómica conformada por Henry Sotomayor y Cristian Lévano, luciendo un perfecto dominio vocal, gestual y corporal. Algunas carencias menores que se irán solucionando en el camino, como la fluidez de algunos cambios de escena y el volumen de la voz en ciertas canciones con música en vivo, no opacan el resultado final. Los dos hidalgos de Verona es un nuevo triunfo de las Temporadas Teatrales de la ENSAD, absolutamente recomendable.

Sergio Velarde
03 de abril de 2015

jueves, 2 de abril de 2015

Crítica: EL CAMINO DE LOS PASOS PELIGROSOS

Los peligrosos amores fraternales  

Un nuevo caso de actor convertido en director. Fernando Luque, un competente intérprete que viene demostrando su versatilidad desde que lo notamos en Laberinto de monstruos de César De María en el 2012, es ahora el responsable del estreno de El camino de los pasos peligrosos, drama en un acto escrito por el canadiense Michel Marc Bouchard. Al igual que otros colegas debutantes en la dirección, como Urpi Gibbons (con El alma buena de Szechuán) y Diego Lombardi (con Phoenix: volver a empezar), los resultados obtenidos por Luque son auspiciosos. Más cercana a la hábil elección de Lombardi, la puesta en escena de El camino de los pasos peligrosos es sostenida principalmente por un efectivo trabajo actoral. El Auditorio del Centro Cultural El Olivar es presentado en caja negra, con algunas ramas secas en la parrilla y con un juego de luces que suma a la creación de la atmósfera surrealista que la historia reclama.

Tres hermanos sufren un accidente automovilístico en el mismo lugar que murió su padre hace años, cuando viajaban al matrimonio de uno de ellos. Atrapados en esta especie de limbo, los terribles secretos irán saliendo progresivamente a la luz. Las culpas y las verdades nunca dichas son acaso los puntos en común que tienen Víctor (Julián Legaspi), Ambrosio (Omar García) y Carl (Renato Rueda), tres hermanos de caracteres muy distintos entre sí, que se ven forzados a enfrentar sus realidades mientras permanecen en aquel misterioso lugar. Carl estaba a pocas horas de casarse, al sufrir el accidente con sus hermanos, y al reunirse posteriormente con ellos, las caretas filiales van cayendo, desenterrando oscuros secretos, especialmente los que esconde Ambrosio. Cada uno expone su verdad a su manera, reclamando cariño o mostrando su frustración. Una intensa historia que mantiene la fluidez hasta el final.

A destacar el trabajo de Luque, que prefiere sabiamente centrar sus energías en la dirección de sus actores, apoyado principalmente en la destacable interpretación de Rueda, otra joven promesa de la actuación, que llamó la atención en Números reales hace un par de años. Por su parte, García y Legaspi, ambos con ciertas limitaciones histriónicas (especialmente en la dicción), logran secundarlo con bastante eficiencia. El camino de los pasos peligrosos es un entretenido montaje teatral, que genera un genuino interés por los conflictos filiales presentados por la historia y que se convierte en un digno debut en la dirección de Luque, que se revela como un talentoso director de actores.

Sergio Velarde
02 de abril de 2015

Crítica: MICROTEATRO AL TOQUE

Irregular antología de locura  

Rastreando los orígenes del tan mentado Microteatro, aterrizamos en la Madre Patria. En noviembre de 2009, un nutrido grupo de directores, autores y actores al mando del director y dramaturgo Miguel Alcantud, se apoderó de un antiguo prostíbulo de Madrid. Se alojó, en cada una de las 13 habitaciones con las que contaba el recinto, un grupo teatral independiente, con la consigna de presentar una obra de menos de 10 minutos para un público de menos de 10 espectadores sobre un tema en común: la prostitución. Dichas micro-obras se representaban tantas veces como el público deseara. El inesperado éxito que tuvo el proyecto generó toda una nueva moda, que llegó irremediablemente al Perú. En todo caso, el Microteatro es un interesante ejercicio teatral, ya que cada breve puesta en escena debe contar con una historia y personajes medianamente desarrollados para no acabar como simples y olvidables “sketches”.

Con diferentes temas por explorar (como se siguió en España, con miniespectáculos Por Dinero, Por amor, Por la familia, Por celos, Por ellas) y producidas por la Comunidad Artística Nacional SAIP, nos llegó a la Casa Waira una temporada de Microteatro Al Toque de Locura, con cuatro piezas cortas que exploraron, con diferente planteamiento y fortuna, los laberintos psicológicos del ser humano. Como toda antología, las escenas no necesariamente cumplen las expectativas. Con la autoría y dirección de Martín Abrisqueta, las piezas Obsesión ilegal y Al alumno con cariño se centraron en las intrincadas relaciones entre abogados y jueces, y sus respectivas vidas privadas. La primera, con dos letrados secuestrados (correctos Lilian Nieto y Enrique Avilés) y sus intentos de escapar; y la segunda, con una inverosímil conversación en una banca de parque (Santiago Moreno y Nicolás León, este último en un registro histriónico, por llamarlo de alguna manera, anacrónico). Ambas secuencias se ven opacadas por las dos restantes, no especialmente por su calidad, pero sí porque aportan algunos aspectos interesantes.

Otro propulsor del Microteatro, de nacionalidad venezolana, es el director y dramaturgo Ibrahim Guerra, quien se encargó de la dirección de las últimas piezas de este Microteatro al toque de Locura. En Psicosis Jauja de Julie De Grande, una psiquiatra muy autosuficiente y su despreocupada paciente intercambian de personalidad a lo largo de su hilarante diálogo, interpretadas respectivamente por las divertidas Jacqui Chuquillanqui y Patricia Moncada. Y en Psicosis (del propio Guerra), invadimos la habitación que alquila Marion (Ena Luna) en el motel de Norman (Jürgen Gómez). Esta pieza resulta acaso, la más interesante. El suspenso es nulo, pues el público sabe cómo terminará la historia, pero la química entre los actores es lo suficientemente interesante como para seguir con interés la acción. En conclusión, con algunos (y serios) altibajos, este Microteatro al toque debe afinar varios aspectos para sus siguientes temporadas, para no convertirse en un mero entretenimiento para el olvido.

Sergio Velarde
02 de abril de 2015

domingo, 29 de marzo de 2015

Crítica: MIENTRAS CANTA EL VERANO

La trascendencia y vigencia de Martín Adán  

Sorprende la capacidad del director Diego La Hoz para conseguir una nueva y fresca puesta en escena, tomando como punto de partida un propio montaje anterior sobre la vida del destacado poeta barranquino Martín Adán. Mientras canta el verano (2012) fue un simpático y fresco homenaje a La Casa de Cartón, que llegó a escena en Casa EspacioLibre luego del laboratorio anual Libera(c)ciones de ese año, y que viene presentando interesantes y variadas propuestas por el colectivo. Convertido el espacio escénico en una acogedora “chinganita”, en esta nueva versión de Mientras canta el verano, el elenco se ha visto reducido, pero no así las virtudes de La Hoz como autor y director, creando un interesante espectáculo en el íntimo escenario que dirige.

Las formas quizás no sean las mismas en esta nueva versión, pero sí la pertinente crítica hacia nuestra clase política, los inverosímiles medios de comunicación y la búsqueda de inspiración que aqueja al joven escritor. Dos mendigas llegan a un local de barrio llamado "La Casa de Cartón", administrado por un “Gallinazo” con grandes deseos de trascender, acompañado por un joven y entonces desconocido Martín Adán, iniciando su carrera literaria. Las numerosas referencias hacia nuestra golpeada capital, y específicamente, hacia el Barranco de antaño que nunca regresará, enriquecen el montaje, salpicado por imposibles noticias de nuestra coyuntura local. Eso sí, esta vez el aspirante a alcalde, tan sutilmente retratado en el anterior montaje, raya por momentos la gruesa caricatura, sin llegar a romper el estilo de la puesta en escena.

Luego de 87 años, la vigencia de Adán no ha perdido un ápice. Resulta por demás destacable que una íntima y sencilla pieza acerca de nuestra ciudad, pueda tener más consistencia y personalidad que otros trabajos escénicos de mayor producción, como por ejemplo, Lima Laberinto XXI. En el elenco, la veterana Aurora Colina realiza un entrañable trabajo al lado de la joven Eliana Fry García-Pacheco, así como también lo hace Karlos López Rentería con el debutante Javier Quiroz, quien ya había dado muestras de talento dentro de los talleres del grupo, con Entre nubes y alcantarillas. La Hoz escribe y dirige como si fuera la primera vez, manteniendo las mismas cualidades de su antecesora. Mientras canta el verano, la versión (re)contra libre y (re)novada de La Casa de Cartón de Martín Adán del 2015 es un montaje de visión obligatoria.

Sergio Velarde
29 de marzo de 2015

Crítica: LIMA LABERINTO XXI

Las adaptaciones mal entendidas  

Precedida de cierta expectativa, se estrenó en nuestro circuito teatral comercial (según nota de prensa) una adaptación peruana de Madrid Laberinto XXI, dirigida y estrenada en el 2008 por el español Dario Facal y considerada en su momento como “una radiografía de la vida en las ciudades y sus contradicciones, a través de un espectáculo que profundiza en las posibilidades de la performatividad, para crear un collage de imágenes poéticas desde las que abordar problemas contemporáneos”. De acuerdo con esta definición, se desprenden varias conclusiones; entre ellas, que la obra podría tener el nombre de cualquier capital o ciudad iniciando el título y tendría la misma relevancia. Una posibilidad que resulta por demás discutible. Lucía Caravedo, gestora de Patria Producciones y actriz, vio la puesta en escena en Madrid y tomando una decisión completamente válida, logró traer obra y director a nuestra ciudad y estrenarla en complicidad con el Centro Cultural Británico. Sin embargo, lo idóneo hubiera sido estrenarla sin modificaciones en el título y montaje, ya que esta llamada adaptación “a la limeña”, justamente llamada Lima Laberinto XXI, no cumple las expectativas que la misma puesta en escena promete.

Luego de apreciar la entrevista de Facal concedida a Escuela de Espectadores AIBAL, se desprenden algunas conclusiones. Por ejemplo, que para el director la incoherencia es muy liberadora. Paradójicamente, esta frase sí resulta perfectamente coherente con el “incoherente” afiche promocional de la obra, pues en él los actores son retratados como una especie de robots o máquinas con sendos laberintos dentro de sus cráneos. Pero este concepto del “anti-afiche” acierta en gran medida, pues la obra es presentada a través de monólogos ejecutados por seis intérpretes, que nos cuentan (supuestamente) sus más profundas frustraciones y angustias, a modo de laberintos psicológicos, como el miedo a la soledad, al desamor, el culto al cuerpo o la necesidad de reconocimiento por parte de los propios actores. Pero todo el esfuerzo del elenco limeño de Lima Laberinto XXI cae en saco roto, pues resulta contradictorio con el prólogo, que consiste en un video repleto de imágenes de nuestra Lima: vemos en la proyección la pobreza, el caos vehicular, el desorden, la discriminación, la falta de oportunidades, las injusticias sociales y mil problemáticas más, que durante el montaje son apenas mencionadas o sugeridas. Lo visto después del video en el escenario (con los actores bañándose en perfume o engrapando sus ropas al suelo o tomándose unas cervezas), todo muy bien producido con atractivos elementos visuales, no es coherente con la premisa antes mencionada, rematado todo con un musical en inglés que acaso pueda representar solo los sentimientos de una minoría capitalina.

Lo más rescatable de esta puesta en escena, como ya se anotó anteriormente, es el trabajo del elenco: Lucía Caravedo, Dante del Águila, Gonzalo Molina, Anaí Padilla, Andrés Silva y Camila Zavala interpretan con tal naturalidad sus monólogos, que hasta parecen testimoniales, pero no lo son. Todas las palabras recitadas intachablemente le pertenecen al texto original. ¿Cuál es la adaptación a la realidad limeña, entonces? De acuerdo con las propias palabras del director, únicamente el cambio de unas cuantas marcas y palabras españolas por otras peruanas. Habría que preguntarse cuánto de nuestra ciudad conoce Facal y si durante su estancia por estos lares, llegó verdaderamente a empaparse de nuestra castigada urbe, para darse el lujo de afirmar que las problemáticas de Madrid y Lima son tan parecidas. A pesar de algunos innegables aciertos puntuales del montaje (más sensoriales que lógicos), especialmente gracias al talento de sus seis actores protagónicos que se entregan al máximo para darle veracidad a sus monólogos, Lima Laberinto XXI de Darío Facal es una puesta en escena que adolece de una posible y equivocada campaña publicitaria y además, que no cumple lo que promete, sin abarcar los problemas emblemáticos de nuestra ciudad, tan complicada y multicultural, limitándose a mostrarnos únicamente su lado más alienante. Facal afirma también que los espectadores no permanecerán indiferentes luego de ver su montaje, pues podrán salir ya sea contentos o enfadados. En ese punto, estamos completamente de acuerdo.

Sergio Velarde
29 de marzo de 2015

domingo, 22 de marzo de 2015

Entrevista: GISELA PONCE DE LEÓN

“Ni tu personaje ni la obra avanzarán,  si no te das cuenta que tienes un compañero al lado” 

Considerada como una de las mejores actrices de su generación, Gisela Ponce de León siempre sorprende con sus cuidadas actuaciones, especialmente en el teatro. Debutó en un pequeño rol en Annie (1996) en el Teatro Marsano, continuando con difíciles papeles en los que también demostró sus habilidades en el baile y canto, como en Cabaret (2009), Casi normal (2011) y Hairspray (2012). El año pasado intervino en La Tiendita del Horror, una de las mejores puestas en escena de la Asociación Cultural Plan 9, con la que logró los premios del público y crítica de El Oficio Crítico, como la mejor actriz de comedia y musical. Actualmente, y de nuevo con Plan 9, actúa en Chico encuentra chica en el Teatro Larco, en el complejo rol de una joven acosada.

Mi primer maestro de actuación fue Aristóteles Picho”, recuerda Gisela. “Cuando estaba en el colegio, llevé talleres de verano en el Centro Cultural de la Católica, un poco por mona porque no tenía muy claro que quería ser actriz.” Ella recuerda con mucho cariño a Aristóteles. “Fue muy bueno, amoroso y estricto; siempre te decía la verdad. Aprendí que actuar tiene que ver con ser muy disciplinado.” Ya en el TUC, Gisela tuvo la suerte de tener en sus dos primeros ciclos a Alberto Isola. “Le tengo mucho cariño a él, también a Alfonso Santistevan. En verdad, he tenido muchos profesores buenos, no me quiero olvidar de ninguno,  pero ellos son los que se me vienen a la cabeza.

El arte de la interpretación y la dirección

Con una amplia gama de personajes en su haber, Gisela nos comenta las cualidades que debería tener toda actriz de teatro. “Pienso que existe, más allá de un compromiso con los compañeros, uno con tu personaje; debes entenderlo, justificarlo, meterte en él. No digo que sea algo psicomágico, pero debes entender su comportamiento y meterte en su cabeza. Debes empatizar con el personaje que te dan.” También considera que es importante ser muy honesto como actor. “Uno sabe cuando estás “haciendo como”, cuando estás jugando a la comidita. Creo que hay que ser honestos, lo más verdaderos posible; si algo no te está saliendo de verdad, no hay que forzarlo, hay que buscar por otro camino.” Finalmente, considera como muy necesario el aprender a trabajar en equipo y tener conciencia del otro. “Ni la historia de tu personaje ni de la obra va a avanzar,  si no te das cuenta que tienes un compañero al lado, con el que tienes que accionar.

Yo sí creo  que hay gente que nace con talento, que puede cantar muy bien, por ejemplo”, refiere Gisela. “Pero el talento del actor no existe, creo. En todo caso, un talento o característica que podría servirte como actor (que no se aprende, sino con la que se nace) sería por ejemplo, la capacidad de empatizar o ponerte en el lugar del otro. Pero también es algo que se puede aprender. Creo que todo es trabajo. Hay gente que tiene mayor facilidad que otra, como una buena voz para proyectar o tener un buen manejo corporal. No creo que el talento sea un requisito para ser un buen actor, como tampoco creo lo sea para un bailarín el ser elástico. Son aspectos que se pueden trabajar”. Gisela debutó este año como directora, como parte del proyecto Relatos siniestros. “Un director debe tener las cosas claras, no soltártelas desde el principio. Debe darte pequeñas ayudas para que tú encuentres la forma de hacerlo, porque si no lo hace, limitas el trabajo creativo del actor.” Para Gisela, es bonito cuando un director está dispuesto a aceptar propuestas o incluso, cambiar las que ya tenía predeterminadas. “También uno se da cuenta cuando el director está emocionado con el texto, con el elenco, con lo que sucede en el escenario. Eso lo es todo para un actor que está parado ahí, exponiéndose por voluntad propia.

La pertinencia de Chico encuentra chica

Como una obra atípica en el repertorio de Plan 9, Chico encuentra chica, una adaptación a la peruana de Rebecca Gilman, nos adentra en una dramática historia de acoso, un tema por demás, muy pertinente en nuestra actualidad. “Nosotros nos hemos dando cuenta de esto en el camino, pues estuvimos trabajando los personajes y sus relaciones con los otros, y nos damos cuenta que hay un tema fuerte, un discurso.” Para Gisela toda esta reflexión y sorpresa vino a raíz del público asistente. “¡Por qué se ríe la gente! ¡Qué les causa gracia! Nos ponemos a pensar que estamos haciendo una obra que tiene un gran poder de identificación con el público y el tema que se toca sucede todos los días. Deja de ser simplemente un tema feminista, de acoso hacia la mujer, de falta de respeto o de diferencia de género. Este tema se ha ido desgastando, empieza a parecer un tema leve y poco importante.” La actriz afirma también que lo más grave es que a la mujer se le “objetivice” o se le falte el respeto. “Es cómo nosotros como sociedad permitimos banalizar el tema y que se convierta en feminista el hecho que una mujer se defienda,  y que si ser feminista es ser pacato, cuando en realidad solo se trata de respeto.

Consultada sobre si el público considera a Chico encuentra chica como un drama o una comedia, Gisela contesta con firmeza: “¡Como una comedia! Una con suspenso policial”. Durante la obra, los chistes machistas hacen su aparición, especialmente con el personaje que encarna Ricky Tosso. “Un chiste machista puede ser hiriente siempre, y uno lo acepta porque es usual y porque es gracioso, pero es en realidad ofensivo”. Como actriz, Gisela no se lo toma personal, pero se sorprende de las risas, cuando su personaje ha sido acosado y violentado en su espacio y su femineidad. “Creo que estamos envenenados con el tema del machismo, ya no es solo una disputa de género,  es una falta de respeto de uno al otro.” Además de su gran actuación en el mencionado montaje, tendremos a Gisela este año en los escenarios con otras dos puestas en escena: en Las tres viudas, clásica comedia costumbrista en verso de Manuel A. Segura en el Teatro La Plaza, y en Avenida Larco, un musical a fines de año con canciones de rock peruano. Toda la suerte para Gisela en sus nuevos proyectos teatrales.

Sergio Velarde
22 de marzo de 2015