martes, 19 de agosto de 2014

Crítica: LOS VERANOS SON CORTOS

Un modelo “moderno” de educación universitaria. 

Las últimas obras estrenadas de Eduardo Adrianzén coquetearon con nuestro pasado como nación. Tanto La eternidad en sus ojos (2013) como Cómo crecen los árboles (2014) abordaron, cada una a su manera, la problemática de aquella década nefasta, en la que el terrorismo, la inflación y la desesperanza por poco consumen a nuestra sociedad. Acaso las heridas abiertas que dejaron aquellas épocas todavía se dejan sentir en el último texto de Adrianzén, estrenado por el grupo de teatro Ultramar y Vodevil Producciones en el ICPNA de Miraflores, titulado Los veranos son cortos. Aquí el autor retrata sin tapujos otro tipo de problemática: el modelo educativo universitario en el país. Y así como lo hizo de manera sobresaliente la pieza Escuela vieja con nuestra etapa escolar, Los veranos son cortos también acierta al confrontarnos con algunas verdades soterradas sobre las libertades en las universidades, en este caso, las privadas.

Dirigida con mano firme por Ximena Arroyo (excelente directora y mejor actriz), la acción se centra en un taller de teatro de verano que Leonor (Miquette Romero), una directora independiente, acepta realizar en una universidad especializada en marketing. Pese a tener la promesa por parte de las autoridades, representadas por el profesor Mc Bride (Héctor Rodríguez), de contar con total libertad para desarrollar su muestra final, la carga política y social que contiene la puesta en escena, incomoda y pone en aprietos a los directivos y también, al estreno mismo. La polémica está servida y como en toda obra de Adrianzén, no existen los malos malos y los buenos buenos: cada personaje se encarga de mostrar en escena sus motivaciones, incluidos los alumnos del taller, cada uno con una problemática particular, que enriquecen así la puesta en escena.

El espacio que ofrece el auditorio del ICPNA es aprovechado al máximo por la directora, aunque algunas escenas con la proyección multimedia podrían afinarse un poco más. A destacar el eficiente y joven elenco que saca adelante personajes muy reales y nada afectados, destacando Nicolás Valdés, como el alumno becado. Mención especial para dos interpretaciones claves: la de la Rectora (Silvia La Torre) y la de la encargada de limpieza Zarela (Susana Tello). Ambas representan los polos opuestos de la institución. La primera, taimada y manipuladora para lograr su propósito; y la segunda, sumisa pero consciente de esa gran verdad que nos sacude al final del montaje: todavía nos falta mucho camino por recorrer para conseguir la tan ansiada igualdad social. Este personaje de Zarela (en la misma línea que la Paulina de Cómo crecen los árboles, otra discreta heroína de Adrianzén) sea acaso el gran protagonista de este efectivo montaje teatral, que cumple su propósito de invitarnos a la reflexión sobre nuestros “modernos” sistemas educativos.

Sergio Velarde
19 de agosto de 2014

miércoles, 13 de agosto de 2014

Crítica: CONFUSIONES

Hilarante antología del caos. 

El prestigioso dramaturgo británico Alan Ayckbourn no le es desconocido ni al público limeño ni a David Carrillo, director de El niño que cayó dentro de un libro (2008), Amigos invisibles (2009) y Casa y jardín (2012). Escrita por Ayckbourn en 1994, por ejemplo, Puertas comunicantes fue estrenada por Plan 9 en el Teatro Larco hace dos años con singular éxito: un thriller de ciencia-ficción en clave de comedia, que exploraba de manera hilarante los viajes en el tiempo. Carrillo ahora se lanza a dirigir otra obra del mismo autor, pero escrita 20 años antes que la anteriormente mencionada, titulada Confusiones, pero esta vez en el confortable e íntimo Teatro de Lucía. Las dos décadas que separan una obra de la otra no han mellado los picos de brillantez que alcanza Ayckbourn como dramaturgo y, como todo montaje de Carrillo, los resultados son auspiciosos a nivel escénico, con un excelente manejo del humor que ofrece el texto, en sus cinco hilarantes cuadros.

La pieza Confusiones trata dos temas básicos que generan el hilarante caos en escena: la terrible incomunicación que existía (también) en aquellas épocas sin celulares ni internet; y el juego de apariencias hipócritas que impide alcanzar la felicidad a sus disparatados personajes en eterna confusión. Como la impertinente madre (Gabriela Billoti), que se inmiscuye en la vida de un joven matrimonio; como el solitario bebedor y vendedor (Pold Gastello), separado de su esposa y sin éxito con las mujeres; como el estirado y entrometido mozo (Sergio Gjurinovic), que se involucra en un lío de parejas; como el desternillante animador de una kermese (Nicolás Fantinato), que embaraza a la mujer equivocada (Patricia Barreto); o como los cinco atribulados personajes que se encuentran en un parque, tan necesitados de afecto y a la vez, tan desconfiados el uno del otro.

Es precisamente esta última escena, titulada Una conversación en el parque, la que cierra con un toque de reflexión, la escalada de carcajadas que producen los cuadros anteriores: en Figura materna, la ausencia del esposo puede trastornar seriamente la realidad de una mujer; en Compañero de bebida, dos mujeres son acorraladas por un borracho ávido de compañía; en Entre bocados, un caso de infidelidad es auscultado por un mozo, que pasea discretamente entre dos mesas del mismo restaurante; y en La fiesta al aire libre de Gosforth, acaso el cuadro más logrado, la organización de un evento fracasa estrepitosamente por una serie de acontecimientos imprevistos, desde la aparición de una torrencial lluvia hasta la revelación de un affaire prohibido.

Las cualidades histriónicas de los cinco actores, quienes debían caracterizar a 21 personajes diferentes, son aprovechadas al máximo por Carrillo. Fantinato, Gastello y Gjurinovic demuestran lo eficientes que pueden ser en estas lides, pero son las damas quienes consiguen los mejores momentos de Confusiones. Barreto construye de manera impecable sus variados personajes, y la experimentada Billoti se luce con gran versatilidad en cada escena que aparece. Confusiones logra mantener desde el inicio las risas constantes, gracias a una excelente dirección de actores, una funcional escenografía y los precisos elementos que acompañan las acciones. El que cada escena mantenga un personaje de la anterior, excepto la última, parece no tener mayor importancia. Sin alcanzar los brillos de Demasiado poco tiempo (acaso su trabajo más redondo como director), Carrillo ha logrado en el Teatro de Lucía, una de las mejores comedias de antología en lo que va del año. Y esperamos por supuesto, ver en escena más comedias del talentoso Ayckbourn.

Sergio Velarde
Crítica publicada en La Lupe #4

miércoles, 6 de agosto de 2014

Conversatorios Interdisciplinarios: DESDE LA OTRA ORILLA


Celebrando sus primeros 15 años en agosto, Casa Espacio Libre nos ofrecerá un interesante ciclo de Conversatorios Interdisciplinarios. “Desde la otra orilla” contará con especialistas de distintas áreas vinculadas  al teatro.

¡Felicitaciones a Espacio Libre por la iniciativa!

Crítica: AL OTRO LADO DE LA CERCA

Sólido drama familiar. 

Acaso la publicidad de la obra no esté del todo clara. Tal como se lee en el impecable programa de mano, el principal propósito de Alicia Olivares, productora y gestora de la temporada de la premiada pieza Al otro lado de la cerca (Fences, 1983), escrita por August Wilson y estrenada en el MALI, es el de “romper con la desigualdad de oportunidades que existe en las artes escénicas para los actores afroperuanos.” Que la obra en cuestión toque el tema del racismo y la discriminación de manera tangencial, puede crear confusión en el espectador: el protagonista Troy Maxson es un complejo y contradictorio personaje, que vive frustrado por haber sido (supuestamente) discriminado como jugador de béisbol por ser negro, a pesar de que su esposa Rose le recalca en escena, que fue su edad en ese entonces (40 años), el factor que no le permitió cumplir sus sueños. Es la frustración de Troy la que lo convierte en un padre autoritario e inflexible, frente a su hijo Cory, quien desea ser un jugador de fútbol americano profesional.

Dejando de lado esa equivocada impresión de estar frente a una obra cuyo contenido denuncia el racismo más salvaje contra los negros (como por ejemplo, y salvando las distancias y propuestas, ocurrió en Hairspray), nos encontramos frente a un sólido drama familiar. Al otro lado de la cerca,  ganadora del premio Pulitzer y de múltiples premios Tony, forma parte del Ciclo Centenario, integrado por diez obras de Wilson que relatan la vida de los afroamericanos en el siglo XX. Elegida por Olivares para materializar su propósito, la obra cuenta con el apoyo de importantes auspiciadores como el Teatro La Plaza y el Centro Cultural de la Universidad del Pacífico. Dirigida por encargo y con mano firme por Jorge Villanueva, la historia está ambientada en la década de los cincuenta y narra la historia de Troy, este desilusionado hombre negro, que se encuentra enfrascado en construir una cerca alrededor de su casa. Por cierto, la cerca en cuestión tiene múltiples significados: desde su deseo de mantener alejada a la muerte, que alguna vez casi lo alcanza; hasta el de resistirse a perder ese inútil resentimiento que tanto daño le hace, a pesar de informarle su mujer que los tiempos han cambiado.

Con casi 3 horas de duración, la obra avanza de manera fluida, contando con una bella y tradicional escenografía diseñada por Marcello Rivera. Troy, un trabajador ejemplar, ex – criminal, esposo enamorado pero infiel, es un gran personaje, interpretado originalmente en las tablas de Broadway por actores como James Earl Jones o Denzel Washington. El encargo no le queda grande a Martin Abrisqueta, consiguiendo una excelente interpretación, bien secundado por Tatiana Espinoza como la abnegada y digna Rose. Acompaña el experimentado Américo Zúñiga, un sólido Gabriel Ledesma y la simpática niña Osiris Vega. Menciones especiales para los destacados trabajos de Luis Sandoval como Gabriel, el hermano enfermo de Troy; y de Gilberto Nué como Cory.  Al otro lado de la cerca no tendrá como trasfondo principal la lucha contra el racismo, pero sí es un valiente espectáculo teatral, promovido e interpretado por artistas de color (y de verdad, no como en el musical antes mencionado), que lo convierte en una de las mejores puestas teatrales independientes del año.

Sergio Velarde
6 de agosto de 2014 

domingo, 3 de agosto de 2014

Crítica: BÉSAME MUCHO

Nada nuevo en el horizonte. 

Lucia (Anneliese Fiedler) entra al departamento de Fernando (Daniel Neuman), con el evidente propósito de seducirlo, a pesar de encontrarse ambos casados: ella, con el chef del momento Pablo (Diego Lombardi); y él, con su tradicional esposa Patricia (Alexandra Graña). La excusa esgrimida por Lucía para entrar en el departamento puede que sea acaso la más cliché: un poco de azúcar para endulzar su café. Así como lo menciona en escena la misma Lucía, el tema de la infidelidad resulta tan manido y cliché - y no solo en teatro, sino en cualquier producto televisivo - que el reto de la obra Bésame mucho, escrita y dirigida por Ernesto Barraza Eléspuru y estrenada en el Centro Cultural El Olivar, tenía la responsabilidad de ofrecer algo novedoso o en todo caso, darle un giro radical al tema para no caer en el estereotipo. Lamentablemente, nada de esto sucede: la puesta en escena de Bésame mucho no ofrece absolutamente nada que no se haya visto mil veces; y todo esto agravado, por el hecho de ser este montaje auspiciado por el concurso de dramaturgia Sala de Parto 2013. 

No hay nada nuevo en el horizonte: el hecho de ser Pablo un reconocido chef resulta ser un dato meramente circunstancial, ya que no existe una sola línea interesante que hable sobre el supuesto boom gastronómico que atraviesa nuestra ciudad. Si bien es cierto la escenografía es funcional, resulta desconcertante el par de escenas seguidas con cada pareja “formal” en su respectiva cama, mientras es auscultada por la otra: esta injustificada imagen rompe con el supuesto secreto que sostiene el drama de la obra. Por otro lado, una vez consumada la infidelidad de Lucía con Fernando, solo queda esperar la inminente revelación y asistir a los reiterados coqueteos entre Pablo y Patricia. El suspenso se diluye de a pocos, el clímax carece de la contundencia necesaria, y el final abierto y previsible, que acaso desliza la posibilidad de considerar como “disculpable” una simple “canita al aire”, resulta por lo menos, discutible.

El elenco hace lo que puede por darle veracidad a sus personajes y acciones, encabezado por un irregular Neuman, que resulta incluso inaudible por momentos. Fiedler y Lombardi, a pesar de sus comprobados registros histriónicos (ella, enérgica y versátil en La pera de oro y Puertas comunicantes; él, contenido y preciso en Bolognesi en Arica), consiguen que sus personajes luzcan afectados y poco naturales. Acaso la única que mantiene la dignidad sea Alexandra Graña (grata revelación teatral en Frankie y Johnny en el Claro de Luna), muy correcta y natural en su accionar. Bésame mucho resulta una comedia fallida, con una dramaturgia endeble y carente de sorpresas, que no aporta nada nuevo sobre un tema tan trillado como lo es la infidelidad; y, discrepando con el comentario de Gabriela Javier Caballero, el joven dramaturgo y director Ernesto Barraza Eléspuru todavía nos debe una pieza con un mayor vuelo que Rockstars.

Sergio Velarde
3 de agosto de 2014

jueves, 24 de julio de 2014

Crítica: VLADIMIR

La vigencia de Santistevan. 

A Alfonso Santistevan lo vimos actuando recientemente en el apreciable montaje de El Camino a la Meca, dirigido por Mikhail Page. Santistevan no solo es un buen actor, sino que además es un dramaturgo de evidente talento. Su primera obra, El caballo del Libertador (1986), tuvo un considerable éxito en el momento de su estreno; y la última, La puerta del cielo (2010), fue una de las pocas obras peruanas estrenadas en el Teatro La Plaza. Una pieza clave dentro de su dramaturgia es Vladimir (1994), que se mantuvo sin re-estrenar durante años. Page le rindió un merecido homenaje a Santistevan y puso en escena Vladimir, por una corta temporada en el Teatro Auditorio Miraflores. ¿Mantiene su vigencia esta historia con fuerte contenido político, escrita en plena década de los noventas, para funcionar de la misma manera en la actualidad?

Vladimir nos cuenta los últimos días de una mujer (Magali Bolívar) en el Perú, antes de viajar contra su voluntad a los Estados Unidos a buscar un futuro mejor, viéndose  obligada a dejar a su hijo adolescente Vladimir (Jorge Bardales) al cuidado de su tía. Y el nombre que eligió para su hijo, delata inequívocamente el pasado y presente socialista de la mujer, que pasa sus últimas horas en medio de los recuerdos del padre de su hijo y del fantasma del Che Guevara (ambos interpretados por un sobrio Alonso Cano). El subtexto político funciona y es creíble gracias a la cuidada dirección de Page y al competente elenco, en el que también habría que destacar el trabajo de Giovanni Arce, como el divertido amigo de Vladimir. Acaso en estos días, para los más jóvenes, los discursos revolucionarios pueden sonar anacrónicos, pero reflejan con contundencia una época específica difícil de olvidar para quienes la vivimos.

Pero Vladimir funciona, y muy bien, cuando explora también la compleja relación entre una angustiada madre y su hijo adolescente: tal como lo escribió Carlos Vargas en su crónica, Magali Bolívar y Jorge Bardales están extraordinarios. También es una rara ocasión de retroceder en el tiempo, como lo hiciera la notable La eternidad en sus ojos de Eduardo Adrianzén, de ver en escena los cassettes, los walk-mans, los teléfonos con ring; es decir, aquellos recuerdos de una época que ahora puede resultar hasta cavernaria para los más jóvenes, que les toca hoy por hoy vivir una vida a mil por hora. Vladimir, que llegó gracias a Munay Producciones y Bunbury Teatro, es la agradecida reposición de una obra antológica y vigente de Alfonso Santistevan.

Sergio Velarde
24 de julio de 2014

lunes, 14 de julio de 2014

Crítica: DESDE AFUERA

Ninguna persona debería tener miedo

Inicia la función en el Centro Cultural de España y aparecen cinco personas en escena. Ellos no son actores, son personas de carne y hueso como nosotros y responden a los nombres de Mary Ann Eyzaguirre, Enrique Leguía, Yefri Peña, Marco Pérez y Malú Machuca. Ellos forman parte de la comunidad TLGB, que integran lesbianas, gays, trans y bisexuales, y se disponen a contarnos sus experiencias viviendo en una de las ciudades más pacatas e hipócritas, como es la nuestra. Desde Afuera es una creación escénica, que se inscribe dentro del llamado teatro testimonial, valiéndose de fotografías, videos, proyecciones multimedia, cartas, canciones, coreografías, pensamientos y especialmente, los mismos cuerpos de los participantes, que nos revelan sus dificultades (algunas muy serias) para sobrevivir en nuestra tan ingrata sociedad.

Ubicada en el espectro teatral limeño, en las antípodas de, por ejemplo, La Jaula de las Locas, una espectacular ficción que busca sensibilizar al espectador sobre la necesidad de un trato justo para aquellos a los que la sociedad condena por ser diferentes, Desde Afuera logra el mismo efecto, pero más contundente, pues la ficción es inexistente. Los directores Gabriel De la Cruz y Sebastián Rubio sí se valen de los recursos teatrales de siempre, para darle cohesión y ritmo a su creación, ordenando los testimonios de estas cinco personas que armadas de mucho valor y sentimiento, se animaron a contarnos en escena sus vidas. Un apreciable espectáculo, que llega a escena gracias al colectivo No Tengo Miedo, que tiene como único propósito el de crear conciencia sobre los derechos de esta comunidad.

Conmovedora, agresiva, frustrante y divertidísima por partes iguales, Desde Afuera aparece en un momento histórico preciso, en el que la sociedad se ve enfrentada a una gran encrucijada: mantenerse circunscrita dentro de aquellos supuestos valores morales y tradicionales que rigen las buenas conductas, o acomodarse ante una palpable realidad que ha permanecido demasiado tiempo escondida dentro del clóset. Como la chica que combatió contra su gusto por las mujeres, sin éxito; como el señor que habiendo sido esposo y padre, se siente atraído por otros hombres; como la muchacha bisexual, que ahora es especialista en temas de género; como el chico que antes fue chica; o como la sensual mujer que antes fue un chico. Termina la función y comprendemos que Desde Afuera nos ayudó a ver, comprender y sentir, desde dentro, a aquellas personas que siendo seres humanos como nosotros los espectadores, deberían gozar de nuestros mismos derechos y ya no deberían tener miedo. De visión obligatoria.

Sergio Velarde
14 de julio de 2014

sábado, 12 de julio de 2014

Reestreno: PROMETEO ENCADENADO

Los riesgos de la irreverencia

Estrenada en el 2011, Prometeo encadenado de Esquilo, adaptada y dirigida con estilo contemporáneo por Ricardo Morante, vuelve al escenario del Teatro Auditorio Miraflores, manteniendo a parte del elenco original, pero ahora rodeado por un mayor número de recursos efectistas, para darle un toque de “modernidad” a este clásico de la literatura universal. Siempre con telas en lugar de cadenas, con las que el actor Daniel Zarauz luce su trabajo corporal e histriónico como Prometeo; y con el coro conformado por Jonathan Oliveros, Brisa Ghilardi y Sofía Espantoso, interpretando a diversos personajes, este reestreno confirma la admiración del Morante director hacia el Prometeo personaje: el enorme riesgo que asumió el titán para entregarle a los dioses las peores partes de un animal sacrificado o para devolverle a la humanidad el fuego de las manos del Rey del Olimpo, es el mismo que aplica el director del grupo Aqualuna en su irreverente montaje, que seguramente le valdrá críticas y polémicas, que toda obra de arte irremediablemente genera.

Sergio Velarde
12 de julio de 2014

viernes, 11 de julio de 2014

Estreno: STAGS AND HENS

“Stags and Hens”, una divertida muestra teatral con música de los 70´s

Para disfrutarla al máximo, una muestra con banda en vivo a cargo de los alumnos del nivel 5 de la Escuela Vodevil. La historia nos cuenta la difícil decisión que enfrenta Linda: ¿Escaparse con su ex novio o casarse al día siguiente con Dave? Una mezcla de divertidas situaciones y adaptación musical con canciones de Stevie Wonder, The Beatles, Olivia Newton y más.

A un día de casarse, Linda y Dave deciden celebrar su despedida de solteros con sus mejores amigos; pero ¿qué sucederá cuando Linda encuentre a su ex novio en el mismo lugar? ¿Aceptará la tentadora oferta de escaparse con ese antiguo amor? Una obra escrita por el reconocido escritor Willy Russell y que ha sido adaptada para el teatro y la televisión.

Dirigido por Raúl Sánchez McMillan y representada por un destacado elenco conformado por: Alexandra Arca,  Sergio Cano la Torre, Luisa Caldas, Sebastián Olivencia, José del Carpio, Arnold Canelo, Oscar Olarte Garrido, Joel Montes, Brisa Ghilardi, Tamara Gomes Tenorio y Jessica Laurent.

Solo dos funciones: el viernes 18 de julio y el domingo 20 de Julio.
Lugar: Teatro Julieta (Pasaje Porta 132, Miraflores). 
Horario: 9:00 p.m. 
Entradas generales a S/.20.00 nuevos soles.

Escuela Vodevil
Desde hace cinco años viene realizando producciones teatrales, como el éxito de taquilla: Bolognesi en Arica.
El programa de formación actoral desarrolla a los alumnos en musicales de Broadway, actuación, canto, danza, producción y marketing personal para que el alumno crezca en un ambiente profesional.

Angie Camones
Agente de Prensa
prensa@vodevilproducciones.com
Mobile: 999746435 
Office: 4443542
www.facebook.com/agenciavodevil

martes, 8 de julio de 2014

Crítica: METAMORFOSIS

Clásico literario en extraordinaria puesta teatral. 

Escribir sobre La metamorfosis del checo Franz Kafka, un relato de importancia capital del siglo XX y cumbre absoluta del existencialismo literario, sería inútil a estas alturas. Por no lo es el hacerlo sobre el gran acierto que ocurrió en la Casa Yuyachkani, en donde Gabriel González y Rodrigo Chávez, actor y director de Metamorfosis, lograron llevar a escena, respetando con gran fidelidad al autor, la trágica historia de Gregor Samsa, convertido en un gigantesco insecto ante la aterrada mirada de su familia. Este proyecto final de Artes Escénicas de la PUCP, en versión libre de la adaptación teatral de Steven Berkoff y traducida por Daniel Amaru Silva, constituye una de las más gratas sorpresas del año, tomando en cuenta la envergadura del proyecto.

“Cuando Gregor Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto.” Toda la angustia, la frustración y el pesimismo que destila el relato de Kafka se percibe desde la primera escena, con los actores recitando dichas líneas profusamente maquillados, delante del público y detrás de una estructura metálica con rejas, que hace las veces de la habitación de Gregor. Ya en el 2010 y en la misma Casa Yuyachkani, la directora Rebeca Ráez y el actor y bailarín José Ruiz Subauste crearon su propia versión, basándose principalmente en el movimiento. En la versión de Chávez, la palabra toma un mayor protagonismo, mientras la historia fluye sin tropiezos, creando atmósferas y delineando a los personajes.

A destacar en el elenco a Gabriel González, joven actor a quien vimos en Rockstars y en El malentendido (también dirigido por Chávez). Su caracterización física y vocal es brillante, convirtiéndose ante nuestros ojos, sin necesidad de prótesis o maquillaje, en un insecto. Su trabajo podría ser comparado con el de Sebastián Reátegui y su logrado personaje en El Hombre Elefante. Lo secunda un efectivo grupo de actores: Roberto Ruiz, Juan José Espinoza (de Laberinto de monstruos), Vanessa Geldres (de El malentendido) y una inspirada Mónica Rossi (de Tu Ternura Molotov). Metamorfosis es un contundente logro escénico, dirigido con mucha creatividad y escasa artificialidad, que le hace una sólida reverencia a su fuente literaria. Como lo menciona Sara Joffré en su comentario: “Sinceramente mis más entusiastas felicitaciones, no puedo decir más, ustedes lo han dicho todo con su puesta en escena. Es una entrega total. Gracias.”

Sergio Velarde
08 de julio de 2014