domingo, 8 de mayo de 2011

Crítica: EN EL JARDÍN DE MÓNICA

La innegable vigencia de Sara Joffré

Nuestro teatro independiente le debe mucho a Sara Joffré. Dueña de un espíritu fuerte, vehemente y perseverante, nuestra Sara probablemente no sea del agrado de muchos, pero la deuda que le tenemos es evidente y enorme, por todo el trabajo sostenido que viene realizando por los más jóvenes durante décadas y por su incansable empeño en compartir su experiencia con los demás. Es por eso que este año, sus dos primeras obras han sido llevadas a escena, a manera de homenaje. La primera fue Cuento alrededor de un círculo de espuma, que partía con cierta desventaja, pero que llegó a buen puerto gracias a la habilidad del director Diego La Hoz y su grupo Espacio Libre, en el Auditorio del CAFAE-SE. Y la mencionada desventaja nacía desde su estreno, allá por el año 1962 en el Club de Teatro de Lima, cuando Ciro Alegría le dio la “bendición” a su obra gemela En el jardín de Mónica, estrenada conjuntamente con Cuento alrededor de un círculo de espuma, ambas bajo la dirección de Alonso Alegría.

Y justamente En el jardín de Mónica es la segunda obra estrenada en lo que va del año, a cargo del grupo Malioumba Teatro. Sus últimos estrenos, en la Sala Joven de la Alianza Francesa (2003) dirigida por Ernesto Cabrejos y en el Teatro Auditorio Miraflores (2009) dirigida por Gustavo Cabrera, lograron otorgarle una personalidad propia a la historia de esta niña, que puede tener hasta ochenta años (edad máxima impuesta por la autora) y que juega en un horrible jardín, con árboles resecos, hojas marchitas y pájaros muertos, imaginando un mundo irreal, siempre a la sombra de su castrante madre. La inesperada llegada de dos niños completamente ajenos a su mundo, alterará por completo su fantasía, pero la semilla de su imaginación germinará en los recién llegados, cerrando el círculo con un abrupto y desconcertante final.

La joven directora Mirella Quispe, con estudios en la ENSAD al igual que sus actores, aprovecha muy bien el espacio que le ofrece el patio de la AAA: las columnas, la puerta principal del auditorio y sus ventanas enrejadas son utilizadas con eficacia para desarrollar la historia. Mía Michelena crea con mucho aplomo a una desquiciada y errante Mónica, logrando distinguir varios niveles en su actuación durante el monólogo inicial, imprimiendo un estilo propio y marcando distancia de las últimas intérpretes del personaje: María Carbajal (2003) y Daisy Sánchez (2009). Destacable también la participación de Maricarmen Velásquez en el papel de la Niña, quien resulta muy honesta en su incredulidad inicial, para luego continuar las fantasías de Mónica con la aparición del Niño, bien interpretado por Miguel Torres. La dirección logra innovar en algunos aspectos de la construcción de los personajes y de sus acciones, siempre respetando el texto original de la autora. Sin duda, este año le ha permitido al público, gracias a este montaje y al presentado actualmente en el CAFAE-SE, conocer los inicios de una dramaturga y promotora de importancia capital para nuestro medio teatral.

Sergio Velarde
08 de mayo de 2011


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