miércoles, 6 de julio de 2016

Crítica: CUANDO SEAMOS LIBRES

Estimable proyecto educativo de diversidad sexual   

El espectáculo de teatro testimonial Desde afuera (2014), estrenado por el colectivo No Tengo Miedo en la Casa de España, fue una pertinente puesta en escena que mostraba la dura realidad de cinco limeños no heterosexuales en nuestra conservadora sociedad: las de una lesbiana y un homosexual, así como las de una bisexual y dos transexuales de géneros opuestos. La amplia gama de testimonios, bien dirigidos en escena por  Gabriel De la Cruz y Sebastián Rubio, permitió conseguir uno de los montajes más interesantes y conmovedores de aquella temporada. Dos años después, la comunicadora Carolina Silva Santisteban llega al Centro Cultural Ricardo Palma con Cuando seamos libres, puesta en escena con el mismo formato, pero con una ejecución y resultados muy diferentes.

Cuando seamos libres, que forma parte de todo un proyecto educativo junto a un canal en YouTube y su canción con videoclip oficial, se estructura en base a, esta vez, los valientes testimonios de solo cuatro muchachos, dos gays y dos lesbianas, en medio de una ciudad tan hostil como la limeña. Sus anécdotas, algunas muy divertidas y otras indignantes en igual medida, logran conmover al espectador cuando estas se alejan del dilatado discurso (como algunas de las primeras) y van directo al grano (como casi todas las últimas). Apoyados por una efectiva musicalización en vivo y una curiosa y colorida escenografía que se podría prestar a múltiples lecturas, los intérpretes lucen carismáticos y espontáneos. Se nota un interesante uso de la cámara de video por parte de la directora, con acciones concretas desarrolladas en vivo (como, por ejemplo, el dibujo de la marcha en la plaza), que le otorgan a la puesta el carácter testimonial deseado.

Si bien es cierto, el montaje tiene indudables aciertos con momentos muy conmovedores, el histrionismo de Sergio Cano, Sergio Armasgo y especialmente, Alejandra Ibañez (actores en la vida real), le resta irremediablemente algo de aquella sinceridad escénica de la que hace gala la arquitecta y activista Gabriela Zavaleta, cuya carencia de trayectoria teatral le permite conseguir los momentos más emotivos y honestos de la obra. Cuando seamos libres es una apreciable contribución artística de sensibilización a cargo de Carolina Silva Santisteban y Vodevil Producciones, que alcanzará en sus ya anunciadas giras por el interior del país y en el extranjero, resultados mucho más positivos a los ya conseguidos, cuando el elenco deje aflorar los sentimientos sin saturaciones y pueda controlar los innecesarios excesos y disfuerzos en sus testimonios.

Sergio Velarde
6 de julio de 2016