jueves, 21 de abril de 2011

Crítica: EL TRICICLO

Notable comedia arrabalera

A medio camino entre la farsa y el absurdo, el grupo La Manzana (…) Teatro viene presentando en los auditorios satélites del Británico, una de las primeras obras escritas por el notable dramaturgo y cineasta español Fernando Arrabal, titulada El triciclo, que narra la historia de un puñado de marginales, asfixiados por un sistema incomprensible para ellos, que encuentran la solución a sus problemas de la manera más ingenua, pero con el peor de los resultados. Cambiando radicalmente de tono luego del contundente ejercicio dramático del año pasado que significó Los asesinos, el grupo insiste en mantener una dirección colectiva, lo que para muchos puristas sería un acto suicida, pero que revela una gran madurez escénica lograda por el grupo, que en el futuro podría volver (quién sabe) opcional la presencia de un único director como cabeza de un proyecto teatral.

Climando (Alexander Carbajal), un ingenuo payaso callejero y Apal (Leo Zevallos), un vagabundo que duerme 18 horas al día, deben conseguir dinero para pagar la cuota de un triciclo alquilado, con el cual se ganan la vida paseando niños en el parque. Mientras que Apal prefiere la seguridad que le ofrece un subibaja, convertido en su provisional catre, Climando conversa con el Viejo del saxo (Miguel Ángel Malpartida), un anciano que gusta de acariciarle la cabeza a los niños para después robarle sus galletas, y con Mita (Elizabeth Duarte), una jovencita suicida. La aparición de un hombre de abultada billetera (Emilio Benavente), que observa constantemente a Mita, se convierte en la única solución posible: Apal y Climando deciden matarlo para quedarse con el dinero, utilizando a Mita como carnada. Acaso la anécdota no sea en realidad lo más trascendente del montaje; es la manera cómo se comportan estos surrealistas personajes dentro de su entorno. Al final, el círculo vicioso de la miseria continúa, al ser apresados los asesinos, pero con el triciclo aún en movimiento, ahora con Mita y el Viejo como sus nuevos conductores.

Arrabal, deudor de los hermanos Marx, de Lewis Carroll y acusado injustamente de plagiar a Ionesco y Beckett, consigue al igual que en Fando y Lis, un crudo retrato de personajes errantes y marginales dentro de una sociedad alienante, con textos que son disparates per se. Los personajes juegan con el lenguaje, con una lógica tan infantil como poética. La muerte aparece retratada de la manera más ingenua posible: el cielo le servirá a Climando para estar siempre al lado de burritos y niños; el infierno, para calentar su cuerpo; el suicidio (para Mita) o el asesinato (para Apal) serán las soluciones lógicas y carentes de malicia, para acabar con sus problemas. La autoridad también es retratada con el mismo tono burlón, o tal vez con mayor intensidad: el bacín en la cabeza, el matamoscas como arma y el lenguaje ininteligible del Guardia (Benavente), lo convierten en el ser más disparatado del conjunto, en clara crítica del autor hacia la autoridad.

La limpia puesta en escena no hace otra cosa que respetar y enriquecer la propuesta del autor, acompañada de música en vivo, con un sencillo y funcional diseño de vestuario y escenográfico. Los actores se desenvuelven de manera excelente, con una mención especial para la notable caracterización de Miguel Ángel Malpartida como el Viejo, quien alcanza los mejores momentos de la obra con esos intercambios verbales, tan carentes de lógica y tan cargados de poesía a la vez, con el Climando de Alexander Carbajal. El triciclo marca un importante paso hacia la consolidación del grupo La Manzana (…) Teatro dentro del medio, que a pesar de su corta trayectoria, ya exhibe un alto grado de compromiso en cada una de sus propuestas escénicas.

Sergio Velarde
21 de abril de 2011

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