Páginas

lunes, 22 de junio de 2026

Crítica: PERROS (AL FINAL DE LA CARRETERA)


En el olvido

Un encuentro cara a cara con la indiferencia, pero al mismo tiempo con la realidad de nuestra sociedad. La puesta en escena de Perros (Al final de la carretera) nos muestra, desde el ingreso, una escenografía que nos envuelve en el contexto donde se desarrolla la obra. La historia sigue a Raphael, un hombre que dedica sus días a recoger y dar sepultura a perros atropellados en los alrededores de la Panamericana. A su alrededor se encuentran Pedro, Jorge, Lucía y Lolo, personajes marcados por la exclusión, la precariedad y la constante sensación de no pertenecer a ningún lugar.

A través de los diálogos y las acciones de cada actor, quienes cargan las escenas de memoria, humor y melancolía, la puesta en escena construye un retrato de vidas invisibilizadas que luchan por conservar su dignidad en medio del abandono. Más que centrarse en la marginalidad como un problema social, la obra explora la necesidad universal de ser reconocidos, recordados y aceptados.

Sin duda, los actores muestran una energía increíble, llevando a sus personajes por distintos estados emocionales de manera clara y convincente. Si bien existen algunos momentos de menor intensidad, en conjunto la obra mantiene el interés del espectador y permite disfrutar plenamente de la experiencia teatral.

Los aspectos técnicos de la puesta en escena, como la iluminación, la música y la escenografía, contribuyen a crear la atmósfera adecuada. Cada uno de estos elementos ayuda a construir el espacio dramático y a sumergirnos en el universo donde transcurre la historia.

Sin duda, Perros (Al final de la carretera) nos presenta una narrativa íntima y emotiva que invita al espectador a reflexionar sobre quienes permanecen al margen de la sociedad y sobre el valor de la empatía frente a la indiferencia. Su mayor acierto radica en convertir historias aparentemente pequeñas en una poderosa reflexión sobre la identidad, la memoria y la búsqueda de un lugar al que pertenecer. Una obra que, sin duda, vale la pena ver.

Javier Gutiérrez

22 de junio de 2026

No hay comentarios:

Publicar un comentario