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domingo, 13 de septiembre de 2026

Crítica: LA PROFESORA


Una lección de empatía 

Dos maestros de la actuación se reúnen en esta comedia dramática para interpretar a dos personajes muy distintos con los cuales es fácil empatizar y que pueden encontrar puntos comunes para enfrentar sus propias crisis con dos personajes ausentes, que son sus respectivas hijas.

América Alcalá es una profesora cercana a la jubilación (Ivonne Frayssinet). Es tutora de una joven estudiante a punto de perderse y cita a su padre, Carlos Ortiz (Leonardo Torres) para que se haga cargo de su mala conducta.

Ella es culta, fina y recta. Él es un vendedor de pescados con escasa educación y rudos modales. Nada tienen en común, salvo que ambos tienen conflictos con sus respectivas hijas, aunque es Daniela, la hija de Ortiz la que motiva el encuentro y alrededor de su fallida conducta escolar se desarrolla la trama.

La tutoría de la escuela es el espacio en donde estos personajes se encuentran, se enfrentan y se descubren, en el más profundo sentido del término.

Cada cita es más fugaz pero más comprometida. Los diálogos están cargados de reproches duros y hasta hirientes, pero las situaciones adquieren un tono de ternura y un toque de hilaridad que los hace comprensivos.

El irresponsable puede ser el padre más responsable que existe y la dura y ecuánime intelectual puede ver en ese espejo su propia fragilidad. La soledad de ambos está presente en todo momento y es el factor fundamental de sus conductas.

Una tarea impuesta como castigo permite que la literatura reciba el homenaje que merece como espacio para la imaginación. La ilusión que  genera la lectura es el escape a los problemas cotidianos, pero también la llave para resolver realidades adversas. La vida, felizmente, no es ajena a esa fantasía encerrada en páginas que la profesora ofrece y el rudo vendedor de pescados descubre.

El texto del dramaturgo español Eduardo Galán nos conduce con escenas cortas y ágiles por un proceso de transformación humana, de ambos lados, desde la desesperanza hasta una luz que los ilumina con la ilusión compartida. El diálogo revela a pinceladas las personalidades, aunque no profundiza en las realidades de cada uno más allá de los conflictos con sus respectivas hijas y con su propia soledad y por ello resulta algo condescendiente con un romanticismo ligero, para ser más agradable al público. El rudo no es tan agresivo que nos provoque rechazo, porque ante todo se muestra su conducta como padre que se esfuerza en favor de su hija. La profesora es antipática y dura, pero no tanto que le impida transitar a la ternura.

De la mano de Mateo Chiarella, la obra nos envuelve, gracias a la magia del teatro circular, el perfecto juego de luz y la discreta compañía de la música, y nos permite arribar a un puerto tranquilo como el final feliz de los cuentos que alguno de ellos por fin se atreverá a escribir.

Un agradable obra que crece gracias a la excelente actuación de Torres y Frayssinet.

David Cárdenas (Pepedavid)

13 de setiembre de 2026

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