Entre sueños y realidades
Casi todas las interpretaciones del clásico Romeo y Julieta centran el conflicto en el romance de los jóvenes frente a la oposición de sus familias. Gary Owen, dramaturgo galés, reconocido por el contenido político de sus obras y críticas, se inspira en la famosa tragedia shakesperiana para contarnos de un romance, que igualmente nace del encuentro casual de dos almas inocentes, pero que enfrentan retos y dificultades diferentes a las de las acomodadas familias del siglo XVII. La música moderna y los haces de luz sobre el escenario nos ubican en el presente, como advirtiendo que no es una versión moderna del viejo drama, sino algo nuevo y distinto.
Juli es una joven muy estudiosa que sueña con ser admitida en Cambridge para ser astrofísica. Proviene de una familia trabajadora en la que nunca nadie ha llegado a pisar una universidad. Si el final feliz de los cuentos de hadas es que la hija - virgen por si acaso - se case con un príncipe (¿azul?), el sueño de los padres de Juli es verla profesional y así salir todos de la situación de las clases bajas.
Romeo es un joven analfabeto que creció en un hogar disfuncional, más pobre que el de Juli. Muy pronto se volvió padre soltero y afronta con dificultad el día a día, sin rendirse y sin sueños. Vive con su madre alcohólica, que poco puede hacer por él, la bebe o por sí misma.
En ese contexto se conocen Romeo y Juli, y la relación que inician enfrenta las condiciones en las que ambos viven.
La obra se desarrolla en dos actos, que separan el drama radicalmente. En la primera, el autor ha querido darle un tono moderno a la fábula, con personajes buenos y malos, donde los buenos (los jóvenes) se enamoran y su amor heroico podrá hacerlos vencedores de todas las dificultades, especialmente cuando descubren que por un "descudio" su proyecto personal –que también es familiar- puede quedar en la disyuntiva. Una polémica solución cruza como alternativa, pero una nueva vida en la nueva familia constituida por ellos es parte de la fantasía. En la segunda parte hay transformaciones, que no puedo comentar para no arruinarles más la sorpresa. Solo puedo decir que la obra opta por sacudirnos totalmente por la forma en que los personajes afrontan la nueva situación, dejando la reflexión al público respecto a la resolución del conflicto. Cada quien es libre de aceptar o cuestionar el camino escogido.
El excelente texto de Gary Owen ha sido genialmente puesto en escena, bajo la precisa y experimentada dirección de Mikhail Page. Excelentes actuaciones de Diego Pérez, interpretando la valentía de Romeo para llevar adelante su paternidad; Merly Morello, en el papel de una Juli algo cándida y soñadora, metida en sus estudios, pero honesta y solidaria; Miguel Iza, el papá de Juli, sacrificado obrero cuyo sueño es que su hija sea profesional; Denise Arregui, la madrastra de Juli que enfrenta las dificultades de una comunicación franca con ella; y en especial, la extraordinaria actuación de Érika Villalobos, mamá de Romeo, alcohólica, grosera, realista hasta la crueldad y por todo ello encantadora.
Y no, no hay un doble suicidio como final. Escapar de la realidad con un veneno no es la solución de Owen, sino enfrentarla.
David Cárdenas (Pepedavid)
8 de abril de 2026

No hay comentarios:
Publicar un comentario