martes, 9 de octubre de 2018

Crítica: HOY NO y JEDI


Teatro para la aceptación

Con motivo de la temporada “Por orgullo (Recargado)” en Microteatro, el dramaturgo peruano Daniel Fernández escribe y dirige Hoy no y Jedi, obras que Vive Producciones ha puesto en escena. La primera nos muestra a un joven (Augusto Alza), harto de mostrarse de una manera distinta de la que realmente es, y en medio de una toma de decisiones recibe una visita inesperada (Sebastián Ramos); la segunda nos cuenta la historia de Jedi (Lilian Schiappa-Pietra), un chico que ha nacido en cuerpo de mujer y que desea ser un “hombre normal”, sobre todo a los ojos de su conservador padre (Nicolás Fantinato).

Hoy no

La experiencia en microteatro es intensa: en diez o máximo veinte minutos, se tiene que dejar claro quiénes son los personajes, lo que quieren, el desenlace y, si todo sale bien, un punto de partida para la reflexión. El manejo del espacio estuvo preciso y a pesar del pequeño tamaño de las sala, esto no se notó como un obstáculo para la representación; incluso la interacción con el público por parte de los personajes aportó a potenciar el desarrollo de la pieza.  La presentación de los personajes estuvo clara desde el principio, gracias a un claro trabajo del texto por parte de ambos actores, además del alto grado de especificidad que lograron en conjunto; esto se vio potenciado con la energía en escena que supieron calibrar. El giro inesperado al término de la obra es clave para poder entender su reflexión final: ¿hasta qué punto estamos dispuestos a arriesgar para poder ser nosotros mismos? No debemos esperar  a que sea demasiado tarde para empezar a ser leales a lo que somos.

Jedi

La historia de Lady/Jedi es una realidad que es difícil de ser entendida aún. Lady nació en el cuerpo equivocado y tiene que luchar contra convenciones de género desde la niñez. La obra se encarga de mostrar escenas clave de toda la relación entre el personaje de Jedi y su padre: niñez, adolescencia, cumpleaños, de modo que el espectador podía entender a detalle tanto a los personajes como el conflicto. Esto no habría sido posible sin el manejo eficiente de los saltos de tiempo en escena, un logro tanto desde la dirección como desde la interpretación y el manejo de los actores en cuanto a espacio y objetos. Los personajes estuvieron llenos de detalles, tanto en su composición física como en el abordaje del texto. Esto, en conjunto con los demás elementos mencionados, tuvo como consecuencia que la obra se logre potentemente. Sin embargo, el final resultó muy abrupto; me hubiese gustado ver esa pequeña pausa, entre el apagón final y el agradecimiento, necesaria para que el público digiera lo ya visto.

No es necesario pasar por una historia como la de Jedi para poder generar empatía con lo visto en Hoy no y Jedi. Es reconfortante que sus historias tomen protagonismo en cada vez más espacios, sobre todo artísticos, pues deja a los espectadores con interrogantes necesarias al respecto. ¿Qué  tan reales estamos dispuestos a ser en una sociedad como la nuestra? Y sobre todo, ¿qué tanto nos cuesta simplemente entender a otro ser humano sin tener cuestiones de género como filtro? Las respuestas se las dejo de tarea.

Stefany Olivos
9 de octubre de 2018

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