viernes, 17 de marzo de 2017

Entrevista: MARBE MARTICORENA

“No tiene sentido hacer teatro cómodo y seguro”

Ganadora del Premio de Dramaturgia Sara Joffré 2016 por Oficio Crítico, La humilde dinamita fue un texto atípico, provocador y arriesgado, escrito por Marbe Marticorena. “Sara Joffré ha sido representante de un teatro hecho visceralmente”, menciona Marbe. “No soy investigadora de su trabajo, pero conocía su cercanía hacia la esencia misma del teatro, lejana de lo superfluo, ajena al "mercado" y al gusto del público”. Marbe conoció a Sara a los 18 años, cuando dirigió a su amiga Rosemary Araujo en el monólogo Rojo, escrito por esta última. “No sé cómo así ella fue a ver la obra y escribió una crítica. Yo no estuve muy contenta con el resultado, pero ella valoró mucho el espectáculo, escribió que los jóvenes tenían que hacer teatro, más que por la técnica, por su espíritu nuevo". Marbe no volvió a encontrarse directamente con Sara, pero reconoce que siempre le tuvo cariño. “Ella representaba La Resistencia dentro de nuestra clase teatral. Tenía la certeza de que se puede hacer espectáculo sin perder lo esencial, la pasión, la entrega, la rebeldía”.

Marbe se inició en el teatro desde los 5 años. "Ismael Contreras fue mi profesor en la YMCA”, recuerda. “Luego estuve con María Luisa de Zela en Los Tuquitos, pero mi primer profesor de teatro propiamente dicho fue Novo Miyagi, quien dictaba en el colegio San Felipe, clases de expresión corporal”. Con Miyagi, Marbe tuvo la suerte de participar en el Encuentro Internacional Qosqo 1987, organizado por Cuatrotablas en Urubamba. “Presentamos coreografías y conocí a Eugenio Barba. Y solo tenía 13 años. Fue el inicio. Posteriormente, como casi el 50% de los artistas dedicados a las artes escénicas, pasé por el Club de Teatro". Después decidió viajar a Brasil y estudiar por allá Artes Escénicas.

Expresión corporal y lucha escénica

“No es posible hablar del actor sin hablar de su expresividad corporal”, afirma Marbe. “Es como hablar de un dramaturgo sin mencionar su habilidad para redactar. Se tiene que comprender el teatro como una unidad, que incluye el cuerpo en escena”. Evidentemente, cuanto más trabajada tenga el actor su fisicalidad, más puede crear. “Puedes ser músico y tocar la flauta muy bien,  pero si además tocas piano, guitarra y compones, serás un músico más completo. Puedes tener un actor sin trabajo corporal que sabe defenderse, pero uno con trabajo corporal tiene otro nivel: compone e integra las ideas físicas en la escena; yo busco trabajar con ese tipo de actores”.

Conocida especialmente por su trabajo en lucha escénica en varias puestas en escena, Marbe la define como una técnica para que los actores no se hagan daño ni lo hagan al compañero  y puedan resolver escenas violentas  sin lastimarse con verosimilitud. “Nada más triste que estar viendo una obra bien dirigida, bien actuada, hasta que llega el momento de la bronca, los actores no saben resolver la escena violenta de forma ordenada, y la escena se cae”. Hacer una coreografía de lucha escénica es para Marbe, equivalente a  dirigir una escena, "solo que esta es física y tiene golpes. Es exactamente lo mismo: Una escena violenta también tiene acción, estrategias y obstáculo. se resuelve con las mismas herramientas que una escena cualquiera, pero además necesitas técnicas para no hacer/se daño". Marbe comenta que tuvo un profesor que le decía que se debe llamar “Dirección de lucha escénica”, porque la tarea no consiste en crear una coreografia sino en contar una historia.

“Mi maestro de lucha escénica en Brasil fue Lorival Pariz. Él fue quien me enseñó las bases de la actuación y el teatro físico”, menciona Marbe. “Estuve usando esa técnica por muchos años hasta que en algún momento sentí que era insuficiente para las nuevas necesidades del mercado, como hacer obras con armas y espadas. Así que viajé a Estados Unidos durante cuatro años para adquirir nuevos conocimientos”. Es entonces que Marbe conoce a Rick Sordelet, prestigioso profesor norteamericano de lucha escénica. “Rick es mi amigo y maestro, es el capo de la lucha escénica en Broadway. Él y David Brimer me ayudaron muchísimo en el manejo de la espada, la daga y a repensar la tarea de coreografiar la lucha escénica”.

Para Marbe, el montaje más difícil que le tocó participar como encargada de la lucha escénica fue  Julio César (2005), dirigida por Leonardo Torres Vilar. “Eso fue al inicio de los tiempos”, rememora. “Leo dirigía y actuaba. Todos eran hombres de 40 años y yo era una jovencita de 25 que les decía cómo debían pelear con espadas. Fue difícil, no por el grupo, sino porque me sentía muy insegura, a pesar de haber hecho mi tarea y preparado el ensayo”. Por el contrario, en Agosto (2010) dirigida por Juan Carlos Fisher, la experiencia fue diametralmente opuesta, especialmente en la escena de la cena. “Fue maravilloso trabajar con Patricia Barreto, Claudia Dammert y Norma Martínez. Para entonces, ya tenía otro aplomo. Fue un placer, una pera en dulce”.

El origen de la dinamita

¿Cuál fue el origen de La humilde dinamita? “Todo surgió por algo muy concreto: me habían pedido que escriba una obra de tema peruano y que tenga lucha escénica con seis actores, para llevarla a un pueblo en New Jersey”. Con esta motivación, Marbe comenzó a analizar varios temas, entre ellos, la lucha interna contra Sendero Luminoso. “Y asi empezó: como un encargo no remunerado, pero creativo. Investigué y leí todo lo que pude del asunto y desde mi propia mirada expliqué  la violencia, la guerra, el terrorismo, qué hace que el ser humano llegue a tales niveles de crueldad. Ese fue mi tema”, afirma.

Indagar la crueldad humana se convirtió en el gran objetivo de La humilde dinamita. “El personaje Apu (Lilian Nieto), indaga en un sentido cosmológico sobre el origen de la violencia. Pero también está la mirada de los que sufren, Jonás, su madre o el subversivo”, continúa Marbe. “Voy a poner a los personajes arquetípicos de esta guerra en la obra. ¿Cómo se van a enlazar? No tenía idea, eso iba a surgir solo. Solo quería que hablaran, desde Dios hasta el último chico abandonado, pasando por el presidente, el militar, el subversivo mayor, los activistas y la sociedad civil”. El trabajo de Marbe fue investigar qué decía cada uno de ellos y a través de ella, como autora, ir descubriendo cómo funciona cada una de esas personas en esos contextos.

Ver en escena a un personaje quechuahablante no es algo de todos los días. Aquel fue un riesgo más de la puesta en escena de La humilde dinamita: el personaje de la madre (Angelita Velásquez, ganadora del premio del Oficio Crítico por su trabajo en la obra) declamaba sus líneas en quechua. “En realidad, el quechua ya era para mí mucho riesgo”, manifiesta Marbe. “Mi primer  impulso fue poner a un quechuahablante hablando con un hispanohablante  y ver qué pasa, que el público sienta lo mismo que la madre". Marbe se preocupó en no darle excesiva importancia narrativa a los textos de Velásquez, para que el espectador no se perdiera. Y si el texto era indispensable, el personaje de Apu servía como traductor. “Para mí ha sido sorprendente este personaje, todos me lo mencionan, causó un gran impacto”.

Así como Velásquez, destacó también en La humilde dinamita el trabajo de Lelé Guillén. “Ella está en un buen momento de su carrera”, refiere Marbe. “Tiene la edad perfecta, la madurez emocional y de vida, porque viaja muchísimo y es joven. Me aportó la mirada de alguien que no había visto la guerra”. Lelé, tal como lo menciona Marbe, estaba muy ligada a los personajes que le tocó interpretar en la obra. “Ella representaba la rebeldía y a la pasión por la vida, en dos personajes completamente opuestos. Me acuerdo de su primera improvisación, pues le dije: ‘Esto queda’ (ríe). Al final, seguimos trabajando, pero me impresionó su capacidad para comprendernos escena a la primera".

“Actualmente, estoy dictando actuación en la Universidad Católica y el colectivo Conejo en el sombrero me ha pedido que dicte también lucha escénica”, nos comparte Marbe, quien además planea este año llevar a festivales fuera del país La humilde dinamita. “Fue esa la idea original (los festivales) además, una narración sobre la esencia de la violencia del ser humano se puede llevar a cualquier país del mundo”. Por otro lado, prepara una comedia sobre la historia del Perú prevista para fin de año. “No tiene sentido hacer teatro de forma cómoda y segura”, concluye.

Sergio Velarde
17 de marzo de 2017