martes, 14 de marzo de 2017

Entrevista: CAMILA ABUFOM

“No hay manera de no conectarse con la cotidianidad”

Una de las actuaciones más sentidas del año pasado fue la de la joven Camila Abufom en El amor es un bien, ganadora del premio Oficio Crítico 2016 a la mejor actriz de reparto en la categoría Drama. “Mi mamá (Barbara Saba) estudió actuación, si bien nunca ejerció era muy buena y además, alumna de Ricardo Blume. Ella me dio cercanía al teatro, yo estaba entre cajas, disfruté mucho estar en el detrás de”, recuerda Camila. “Yo quise seguir a mi mamá y tengo su temperamento”. En el colegio estuvo en el taller de teatro, que tenía a cargo Kike Mora; sin embargo, al terminar estudió Comunicación Audiovisual. “Pero yo quería estar delante, no detrás de la cámara. Sé que era también divertido, pero cada vez que faltaba una actriz, yo decía: ¡Yo lo hago!”

Luego de mucho esfuerzo, especialmente dedicándose a estudiar matemáticas, Camila logró entrar al TUC, pero solo se quedó un ciclo. “Después entré al Conservatorio de Formación Actoral con Leo (Leonardo Torres Vilar), en donde me enseñó la técnica Meisner”. En aquel entonces, Camila quedó encantada con el naturalismo que esta técnica le brindaba, ya que le interesaba incursionar en el cine y ser muy orgánica. “Yo estaba con ese rollo, todavía lo tengo, pero ahora adoro otras técnicas y estilos, como la teatralidad”.

Primeros maestros y montajes

“Considero a Leo como mi primer maestro, su escuela fue increíble”, refiere Camila, quien recuerda mucho todas las anécdotas que su profesor compartía en clase, especialmente de referentes muy cercanos. “Él es pasión pura; la técnica que aplica es la de estar ahí, de escuchar. Nunca hablamos de acción, yo tenía otros cuestionamientos en el momento que apareció el taller”. Posteriormente, Camila entró a los talleres de Roberto Ángeles y después, al de Alberto Isola. “Son escuelas de una educación más tradicional, pero que aprecio mucho”. Camila considera la “mezcla” de estos talleres como excelente. “Alberto es el máster, es más emocional, analiza la obra momento a momento contigo; es actor, entonces el acercamiento que tiene hacia sus alumnos es totalmente diferente al que tiene Roberto, que es súper práctico y teórico, va directo al grano y te da cancha: tienes tres jurados que te van a evaluar en cada nivel que es como un reality show (risas), te enfrenta con el teatro y la crítica todo el tiempo”.

Camila considera a la puesta en escena de Quedará entre nosotros (2011), dirigida por Torres Vilar, como su primera obra profesional. “Yo todavía era alumna en el Conservatorio y todos los demás actores de la puesta eran ex alumnos; una de las actrices abandonó el proyecto y me invitaron a participar. Fue para mí, la primera exposición con el público, que además pagaba su entrada”. Camila no tiene la receta para ser una buena actriz. “No te podría hablar de la técnica, no tengo una sola, creo que es más pasión, paciencia e inteligencia para tomar buenas decisiones”. Por otro lado, considera que un buen director de teatro debe darle libertad creativa al actor o actriz, así como también tomar buenas decisiones. “Y jamás decirle al actor qué es lo que tiene que hacer; el director plantea el ejercicio matemático para que el actor lo resuelva, lo destruya y cree con él. Cuando te pone en aprietos es genial”. Agrega además, que no considera ni mejor ni peor que el director haya sido o sea actor. “Alberto, por ejemplo, se mete a la escena, mientras que Roberto es mucho más distante, se involucra desde fuera. No creo que uno sea mejor que el otro”.

La pertinencia de Chéjov

¿Cómo llegó Camila a participar dentro del elenco de El amor es un bien, adaptación del Tío Vania de Antón Chéjov dirigida por el argentino Francisco Lumerman? “Conocí a Valeria (Escandón, actriz y productora de la obra) en una serie web y me preguntó si tenía chamba en el verano. Yo le conté que quería irme a Buenos Aires a un taller con Fran, a quien había visto en otro realizado en La Plaza. Y fue loquísimo, porque ella me dijo que iban a traerlo a Lima a dirigir esta obra y que creía que yo tenía el perfil de uno de sus personajes”. Camila, emocionada y nerviosa, asistió al casting y leyó una parte del texto con Javier Valdes frente a Lumerman. “¡Qué paja fue! Solo me escuchó leer y ver qué tanto la podía interpretar. Llamaron también a otra actriz a quien admiro y considero una de las mejores actrices del Perú, y me dije que ella lo iba a interpretar finalmente”. Para sorpresa de Camila, esta recibió la llamada de su confirmación como actriz en la puesta de Lumerman, cuando estaba actuando en Villa Libertad (2015) en el Victoria Bar. “No me estaba sintiendo segura con mi personaje en esa obra, era uno de esos procesos en los que piensas que eres la peor actriz del mundo y JUSTO me llamaron para decirme que iba ser parte del elenco de El amor es un bien. Fran vio en mí las características del personaje de Sonia, que sentía que ya las tenía conmigo, y eso a mí me pareció lindo, porque eso me hablaba de la manera tan humana que tiene él de trabajar”.

Sobre la pertinencia de un autor como Chéjov, Camila responde que podría tomarse como un cliché, pero el dramaturgo ruso toca los temas más grandes, como el amor y el miedo a la muerte, así como Shakespeare. “No hay manera de no conectarse con la cotidianidad. En la vida parece a veces que no está pasando nada, pero en realidad por debajo están pasando millones de cosas: eso es Chejov, un experto en conducta humana, un fotógrafo de situaciones cotidianas capturadas durante un terremoto (risas) ¡Eso me encanta!” En El amor es un bien, Camila debía interpretar algunas canciones, una actividad artística que la fascina desde siempre. “La música es demasiado para mí, cuando canto me siento más poderosa que cuando actúo. Cantar es para mí como una piedrita en el zapato, pues quiero hacer un proyecto musical este año”. Sin embargo, las necesidades del personaje de Sonia requerían que esta cantara mal. “Fran siempre me reclamaba que no debía cantar bien (risas)”.

Para este 2017, Camila estará ocupada ensayando cine y teatro. “Grabaré una película a fin de año, por ahora estamos ensayando algunas escenas con Rodrigo Moreno (director) a modo de improvisación, para que el guión en sí sea más orgánico y cercano a los actores”. Y sobre las tablas, ensaya una pieza de teatro documental con Sebastian Rubio, uno de los directores de Desde afuera (2014). “Seremos dos mujeres, una judía y yo, que soy descendiente de palestinos, explorando en el espacio a ver qué sucede. No sabemos qué va a pasar y eso es a veces aterrador. Hasta ahora está siendo una de las cosas más difíciles que hago sobre el escenario. Es teatro documental, así que voy a ser Camila Abufom esta vez”, concluye.

Sergio Velarde
14 de marzo de 2017