lunes, 20 de marzo de 2017

Entrevista: ALFONSO DIBOS

“Hay que despertar nuestra sensibilidad”

El amor es un bien (2016), una interesante adaptación de Tío Vania de Antón Chéjov a cargo del argentino Francisco Lumerman y estrenada en la Alianza Francesa de Miraflores por el colectivo Hermanas Lamancha, sirvió para regalarnos un puñado de sentidas actuaciones por parte de su elenco. Uno de los intérpretes en cuestión, Alfonso Dibos, fue reconocido por el jurado del Oficio Crítico como el mejor actor de reparto en la categoría Drama, por su conmovedora y contenida actuación. “Empecé tarde en el teatro”, afirma Alfonso. “Estudié Economía en la Universidad del Pacífico y trabajé en la tesorería de un banco por cuatro años”. Si bien es cierto tiene familiares que se dedican a la música o a la actuación, su familia nuclear no es artista. Un día, Alfonso vio una entrevista en televisión al actor Liam Neeson. “Me pregunté cómo sería esa ‘chamba’. A mí siempre me había gustado el cine y me daba mucha curiosidad cómo sería eso de ser actor”.

Un amigo de Alfonso, el actor y director Sergio Llusera, le recomendó seguir un taller en la escuela de la destacada bailarina y coreógrafa Mirella Carbone, para iniciarse en danza clásica. “Mi ignorancia era tan grande que no tenía una idea clara de lo que era la danza clásica. Llegué a mi primera clase y había tres chicas en vestido de tutú, recién en ese momento descubrí que eran clases de ballet. Y lo disfruté. Durante los últimos tres meses de mi trabajo como gerente de ventas de tesorería en el banco, me escapaba dos veces por semana un poco más temprano para ir al ballet. Los martes y los jueves. Las clases estaban a cargo de la profesora Lorna Ortiz. Tenía 25 o 26 años”. Alfonso cree que su corto paso por la danza clásica abrió una puerta importante para su formación como actor. “En todo caso fue beneficioso para mí, ya que entendí que el cuerpo se podía mover de otra forma. Se despertó en mí una sensibilidad que estaba algo adormecida, que seguro todos tenemos, pero que debemos hacer algo para despertarla”.

Los maestros y Lumerman

Nuevamente Llusera ayudó a Alfonso a prepararse para ingresar al TUC. Una vez dentro, tuvo la fortuna de tener un impresionante grupo de profesores que fueron puliendo su talento. “Definitivamente Alberto Isola ha sido mi maestro emblemático, no solo porque era el director de estudios del centro de formación en aquel entonces, sino que tuvo a su cargo 4 de los 8 cursos de actuación de la carrera. Aprendí mucho de Alberto, también de Marisol Palacios y de Coco Chiarella, quien me dirigió en mi primer montaje profesional, Enrique V”. La puesta en cuestión, una notable revisión moderna del clásico de William Shakespeare, le permitió a Alfonso demostrar sus habilidades interpretativas, al lado de un versátil elenco, que incluía al mismo Isola, Bruno Odar, Salvador del Solar y Wendy Vásquez. “También tuve de profesor a Gianfranco Brero, con quien hicimos un curso de actuación para la cámara; y debo reconocer que fui un mal alumno de Ruth Escudero, no me porté muy bien, yo estaba en conflicto conmigo mismo, terminé siendo un dolor de cabeza para ella”, reconoce.

“Hermanas Lamancha nace de las ganas de Valeria Escandón (socia y pareja de Alfonso) y mías de hacer el teatro que nos provocaba”, menciona Alfonso, que asegura además ser consciente de que prefiere no sentarse a esperar el llamado de los directores, sino salir a buscarlos. “Valeria venía de haberse formado en Londres y todo el tiempo le metieron en la cabeza que uno debe crear su propia compañía”. El estreno de El amor es un bien, primera producción de Hermanas Lamancha, fue inicialmente el resultado del taller de tres días que llevó Alfonso con Francisco Lumerman en Lima, durante el festival de Sala de Parto 2014. “Fue un gran acontecimiento para mí, un abrir los ojos a una manera más simple de aproximarse al trabajo del actor en el escenario”. Valeria y Alfonso fueron con un grupo de amigos a buscar a Lumerman en Argentina e hicieron un taller por allá. La propuesta para otro taller en Lima no se hizo esperar y de vuelta en nuestra capital surge la oportunidad de realizar una temporada. Así llegó a la Alianza Francesa El amor es un bien. “Ensayamos para la obra con horarios parecidos a los de colegio, bloques fijos de 6 horas, de lunes a viernes”, recuerda.

¿Pero qué hace a Francisco Lumerman un director tan especial? “Todos los directores tienen su manera y estilo particulares. Lo que a mi me llamó la anteción en él es que no trabaja para un resultado”, explica Alfonso. “No es que tiene la obra en la cabeza y quiere que se haga así, sino que realmente usa los ensayos para eso, para ensayar, para buscar. Es decir, había una verdadera apertura para probar, sin presión de que algo funcione desde el día uno”. Alfonso añade que probar en escena es parte del trabajo del actor y la idea es probar las cosas sin imponer una emoción. “Él deja que todo vaya naciendo de a pocos. A veces los actores preguntamos por dónde van a ser las entradas o las salidas, o cómo va a ser la iluminación. Eso al él no le importaba, ya veremos en el teatro decía. Su enfoque estaba puesto en lo que pasaba entre esas personas que estaban en escena, en lo que esas personas sentían en ese momento, mientras ensayábamos. Fue un proceso placentero, divertido, con algunas frustraciones claro, pero hasta eso era agradable”.

De esta forma de trabajo es que salió el nombre de los talleres que organizan con Francisco Lumerman en Lima, “Actuar sin actuar”. La base es escuchar de verdad al compañero, estar de verdad, sin representar que haces algo, sino hacerlo de verdad. Sin actuarlo, sino hacerlo. “La idea es que el público deje de ver al actor y vea a la persona. Que en lugar de que el público salga comentando sobre la técnica y las habilidades del actor, salga preguntándose si estaba actuando o si es así de verdad. Por eso queremos que Francisco siga regresando a Lima, para seguir aprendiendo”.

Artes escénicas y proyectos

Consultado sobre cómo debería ser un buen actor de teatro, Alfonso responde con cautela. “La experiencia es de gran ayuda, por eso hay que trabajar y trabajar”, afirma. “Algo que creo es muy importante es luchar contra el ego. Es muy aburrido ver a un actor con el ego inflado, que solo está en el escenario para que lo vean, para demostrar lo bueno que es. Creo que debemos ir en el camino contrario a eso, trabajar para desinflar nuestros egos, y que se nos vea como somos en verdad”. Añade además que es importante que un actor esté relajado en escena. “Ver a un actor con tensión en el escenario no me gusta. No me gusta darme cuenta de que se están imponiendo las emociones”. Por otro lado, comenta que un buen director de teatro debe “escuchar lo que ocurre en el escenario, debe ser apasionado y tener algo que decir”. Agrega que incluso si la obra esta dirigida por encargo, el director puede “hacerlo con pasión y para eso encontrar de qué le habla a él o ella esa obra. Finalmente para los actores es igual, la mayoría de los personajes que uno hace son por encargo, pero debemos encontrar el vínculo que ese personaje tiene con nosotros”.

Alfonso se encuentra en plena temporada en el Teatro de Cámara del Centro Cultural El Olivar de San Isidro, con la dirección de Pancho Tuesta y la producción de Break Producciones. “La obra se llama Una relación pornográfica. Es la historia de un hombre y una mujer que se conocen por medio de un anuncio de prensa, en el que ella solicita a alguien que esté dispuesto a cumplir una fantasía sexual muy particular. Lo que empieza como algo solo sexual, se va convirtiendo en otras cosas”. A pesar del osado título que tiene la pieza, no asistiremos como espectadores a sus encuentros íntimos, solo a lo que sucede antes y después de los mismos. “Actúo con Vanessa Vizcarra, los ensayos fueron increíblemente divertidos, sinceros y libres. Y la estamos pasando muy bien en la temporada”. En paralelo, Alfonso se dedica a desarrollar los proyectos de Hermanas Lamancha. “Tenemos un taller de clown en abril dictado por Valeria Escandón, y tres talleres de actuación bajo el título ‘Actuar un Shakespeare’ que va a dictar la maestra argentina Laura Silva, en tres niveles. Uno para principiantes, otro para actores que ya tienen formación, y otro para actores con mucha experiencia”, concluye.

Sergio Velarde
20 de marzo de 2017