lunes, 6 de febrero de 2017

Entrevista: MARTÍN MARTÍNEZ

“El éxito en el teatro radica en el cambio y la renovación”

“En mi test vocacional me salió que iba a ser artista, militar o administrador de empresas”, recuerda el joven intérprete Martín Martínez, ganador del premio del público como el mejor actor de reparto en la categoría Drama en la premiación del Oficio Crítico 2016, por su desatacada participación en la pieza José Aurelio rumbo a Francia, escrita y dirigida por Esteban Philipps. Pero si bien Martín está haciéndose un lugar dentro de los actores de su generación, tanto la milicia como la administración de empresas (esta última carrera que terminó) jugaron un papel importante en su vida. “El tener  una formación como administrador me aterriza. No voy a estar haciendo obras muy abstractas a las que no vaya nadie; por eso tengo que ver lo otro: la sala que disponga, el costo de producción, los objetivos para hacer la obra, a quién va dirigida, etc. y así puedo vender mucho mejor el producto”, reconoce.

Pero en el fondo, Martín no se sentía al inicio completamente feliz siendo solo administrador. “Luego de egresar de Administración en la Católica y estar trabajando en una empresa del Estado, me enteré de un taller de teatro, que dictaban en aquella época Aristóteles Picho y Javier Echevarría”. El de Picho se llenó, así que Martín permaneció en tres talleres seguidos y un montaje con Echevarría. “Esto es lo mío”, se dijo Martín en aquel momento. “Luego llevé talleres con Carlos Acosta en el Teatro Racional; postulé a los talleres de Bruno Odar y de Alberto Isola; siempre procuro llevar talleres, porque esta carrera es la de nunca acabar y yo siempre busca prepararme”.

Sus inicios en el mundo de las artes escénicas

Como se mencionó anteriormente, la milicia tuvo mucho que ver con el primer montaje profesional de Martín. “Me enteré de un casting para interpretar a cadetes en La ciudad y los perros (2012), dirigido por Edgar Saba”, recuerda Martín. “Estaban pidiendo prácticas pre-profesionales para los estudiantes de Artes Escénicas, pero yo era administrador. Igual me mandé, estaba trabajando en la Agraria y puse cualquier excusa para salir y volar al casting”. Sin embargo, llegó tarde a la prueba y no pudo hacerla. “Le rogué a Nadine Vallejo (encargada del casting) que me diera una oportunidad, ya que me venía desde muy lejos. Me contestó que era complicado, pero que si había chance me llamaría. Me fui destrozado”. Finalmente, la llamada llegó, pues Vallejo percibió en Martín  muchas ganas por participar. “Volví a inventarme cualquier excusa para salir de la Agraria y llegué al casting, que lo estaba haciendo Josué Méndez (director adjunto). Estaba nervioso y emocionado a la vez, prestaba mucha atención y seguía todas sus indicaciones, que incluían una marcha y una secuencia de movimientos”. Un par de días después, Martín recibe el comunicado que se le iba a contratar para la obra, a pesar de no estar en Artes Escénicas, ya que su trabajo gustó a los responsables del casting. “¡Salté de la alegría!”, exclama Martín. “Eso fue determinante para decidir qué iba a hacer con mi vida en adelante”.

Para Martín, un buen actor de teatro debe tener mucha humildad y ganas de querer aprender. “También mucha buena onda y resistencia a la frustración, además de no sentirte cómodo nunca, siempre estar en la búsqueda”. Por otro lado, un director al que Martín admira es Adrian Saba. “Es una persona súper educada y correcta; te sientes mal a veces de no poder cumplir lo que te pide y te esfuerzas más. La educación y el respeto me parecen importantes, más que el golpe y la tensión”. Asimismo, menciona Martín, debe existir mucho profesionalismo por parte del director. “Desde la puntualidad hasta darle seriedad al montaje, que se ve en el compromiso con su trabajo, teniéndolo como prioridad”. Además, el director debe darles mucha confianza a los actores para que puedan explorar con tranquilidad. “Nos gusta mostrarnos en escena, pero hay una inseguridad latente; si el director te da confianza, hace que el estrés disminuya bastante”.

Bolognesi y José Aurelio

Uno de los montajes más importantes dentro de la carrera de Martín fue, sin duda, Bolognesi en Arica (2013), escrita y dirigida por Alonso Alegría. “Fue una experiencia muy bonita y se puede decir que fue la obra en la que nací, porque tuve mi primer papel importante”, afirma. Sobre Alegría, Martín menciona que tiene una formación muy norteamericana. “Para el Maestro, la hora es la hora, con el texto aprendido. Fue una escuela de profesionalismo, podías llegar 10 minutos antes del ensayo, tomar tu café y hacer la cháchara, pero al momento que habíamos quedado se empieza”. Martín admira la pasión de Alegría y lo considera una persona intensa, franca y frontal. “Pero también te exige lo mejor y en ese aspecto fue muy buena experiencia aprender con él; tiene carácter fuerte pero lo aprecio por darme la oportunidad”.

José Aurelio rumbo a Francia es uno de los proyectos más bonitos y más satisfactorios que he podido hacer”, asegura Martín. Gracias a la amistad con Philipps (con quien ya había trabajado en La ciudad y los perros), este convocó a Martín para participar en el mencionado proyecto. “A mí me estaban llamando para un casting de una obra más grande, en la que de repente me iban a pagar más y podía darme a conocer a más personas para que me llamen a hacer otras cosas”, recuerda. “Pero cuando leí José Aurelio rumbo a Francia sentí  tanto feeling y me encantó, así que me dije: ‘Prefiero ser cabeza de ratón que cola de león’, es decir, preferí estar en una producción pequeña pero de corazón grande”. Y la elección no pudo ser mejor, ya que el montaje no solo obtuvo muy buenas críticas, sino que estará en un festival en México en abril. “Incorporamos a Ivete Palomino en producción, ella se está encargando de ver festivales fuera, ya que esperamos que la obra siga creciendo”.

Retos y proyectos

Martín asegura que no necesariamente percibe que exista una crisis en nuestro teatro. “Siento que si algo no está funcionando, pues tienes que tener la muñeca suficiente para aventurarte a hacer otras cosa. Por ejemplo, una amiga de Colombia estudió en un teatro importante que solo hacía obras clásicas, pero ahora están usando obras contemporáneas para llegar a otros públicos”. Martín, en ese sentido, se considera multifacético, pues aparte de actuar, también escribe obras de microteatro y dicta talleres de actuación con Javier Valdes. “El quid del asunto radica en el cambio y la renovación, por ejemplo, en sacar nuevos talleres si no salen bien los primeros, en siempre cambiar lo que sale mal”. Así como muchos colectivos que se mantienen en actividad, como los Yuyachkani, Martín aconseja a los nuevos grupos teatrales que sigan arriesgando y haciendo lo que les gusta. “Muchos hacen una obrita que al final no resulta del gusto del público. ¿Qué pasó? Se debe replantear en cómo hacer crecer el espectáculo y mejorar. Considero que todo grupo que no se renueva, muere por atrofia; yo me incluyo, si no le pongo pasión a lo que hago”.

Los múltiples reconocimientos a los teatristas que se entregan en la actualidad son considerados por Martín como muy recomendables. “El premio Sala de Parto del Teatro La Plaza o el mismo premio del Oficio Crítico son importantes”, reflexiona. “Por más que mucha gente los tomen a la chacota, estos permiten que nos vayamos conociendo y vayamos formando redes. No hay que ser mezquinos y tirar la piedra porque se hace esto o lo otro. Esa gente debería pensar que qué bien que haya esto y qué mal de su parte que no haya tenido antes la iniciativa. Es muy fácil criticar y no hacer nada, ¡ponte a hacer algo! Mi premio lo tomo como una palmadita en la espalda en esta carrera tan difícil”.

Este 2017, Martín estará en varios proyectos como el dictado de talleres con Javier Valdes; la posibilidad de escribir y producir no solo microteatro, sino también obras más grandes; y continuar llevando a la mayor cantidad de lugares el montaje de José Aurelio rumbo a Francia. “Particularmente, me parece una pérdida de tiempo ensayar tanto para una temporada de solo dos meses y que mueran después los proyectos. Hay que darle toda la rotación que se pueda, y ojalá que llegue a Francia (risas)”. Martín no dudó en su momento, en renunciar a un trabajo fijo por entregarse de lleno a la actuación (y que además le deparó este año un pequeño papel en la cinta El soñador de Adrián Saba), cambiando un sueldo fijo por pagos eventuales. “He aprendido a buscármelas día a día y a mejorar para que te sigan llamando, siempre viendo otras posibilidades”, concluye.

Sergio Velarde
6 de febrero de 2017