sábado, 11 de febrero de 2017

Entrevista: LUCÍA CARAVEDO

“El público debe exigir al teatro una historia que los movilice”

“Siempre me gustó actuar, desde primer grado participaba en todos los shows del colegio: bailaba, recitaba poesía, participaba de todo lo que era artes escénicas”, recuerda Lucía Caravedo, ganadora del premio Oficio Crítico 2016 a la mejor actriz en la categoría Drama por Clausura del amor. Para Lucía, los reconocimientos llegaron también en su etapa escolar en el Villa María, en donde ganó un concurso de poesía en 5° grado y se paseó por todo Secundaria recitando. “También hubo un espectáculo sobre Santa Rosa de Lima y yo la interpreté; para mí era como jugar”.

Los padres de Lucía tenían opiniones muy diferentes sobre la actividad artística en aquella época. “Los Caravedo son muy bohemios; pero mi familia materna es más tradicional: mi madre consideraba que ser actriz era un oficio menor”. Después de muchas discusiones sobre qué carrera estudiar, su padre la convence para que ingrese a la universidad. Lucía entra a la facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Lima, ya que era la carrera que en ese momento se acercaba más al mundo de la actuación y su idea era terminarla y luego conseguir una beca para estudiar teatro en el extranjero. “A veces uno se traza una meta en la vida, pero hay cosas que te desvían. Empecé muy joven  a trabajar en radio y me enamoré del medio. Ganaba mi propio dinero y me dio libertad para poder viajar y vivir sola.  En el camino pasaron muchas cosas que me fueron alejando del sueño del teatro”.

La vida en España

Lucía se fue a vivir a España para comenzar una nueva vida, a finales del 2003. “A la distancia empecé a cuestionarme seriamente: ¿Qué hago? ¿Qué quiero hacer con mi vida realmente?, me preguntaba”. Lucia decide entonces trabajar un par de años para ahorrar y así poderse pagar una escuela profesional de interpretación. “En ese tiempo conocí a mi actual pareja. Él fue un gran apoyo para dar el paso y tomar la decisión definitiva de dejarlo todo para dedicarme enteramente a la actuación”. Es entonces que Lucía decide dejarlo todo y entrar a la prestigiosa Escuela de Interpretación Cristina Rota, fundada en Madrid en 1978. “Tuve cuatro años de formación y participé en su compañía de teatro, como parte de mi proceso actoral. Es una escuela muy interesante y bastante completa. Participé en montajes trabajando directamente con Cristina, quien fue mi maestra”. Allí conoce  a Darío Facal, quien fue su profesor durante los tres primeros años”.

Lucía termina la escuela y decide regresar con su esposo al Perú. “Sentí que había terminado mi etapa fuera y me tocaba volver a mi país, reconciliarme con él y encontrar mi lugar aquí. Me motivaba ver cómo Lima se iba convirtiendo en una ciudad estimulante en la actividad cultural, llena de oportunidades. Se estaban haciendo cosas muy interesantes en teatro, cine, tv. Además, me apetecía formar una familia y que mis hijos crecieran cerca de sus abuelos, sus tíos”.

Los laberintos de Facal

Lima Laberinto XXI fue el inicio de muchas cosas”, menciona Lucía, quien había visto en Madrid el trabajo de Facal (autor y director de la obra, estrenada en 2015) y quería realizar uno de sus proyectos por estos lares. Se dio la oportunidad e inmediatamente se puso a trabajar en el espectáculo que sería llevado a escena con el teatro Británico en co-producción con Patria Producciones. "A Darío le entusiasmó mucho la idea de venir a Lima a dirigir su obra y trabajar con actores de aquí. El elenco peruano trabajó con un texto como punto de partida que ya se había creado en Madrid, en colaboración con los seis actores del montaje español". Fue así que vimos a Lucía, en compañía de Dante del Águila, Gonzalo Molina, Anaí Padilla, Andrés Silva y Camila Zavala, haciendo propias las líneas de Facal. “Parecían escenas escritas para cada uno. Darío vio claramente quién conectaba con cada personaje con sus propias vivencias personales y re-trabajamos el texto con él”.

“Para Darío, lo importante era que los actores interpretaran desde el corazón”, refiere Lucía. “Mi personaje aquí era el hilo conductor, con un tinte político”. Para ella fue su primera vez en un escenario en Lima, y además, corriendo con la producción, de la mano del Británico. “Tenía un bebé de 9 meses en ese entonces, por eso no disfruté tanto la temporada, me daba pena pasar tantas horas lejos de Tiago y además, sentía una responsabilidad muy grande, quería que todo  saliera bien, que todo el mundo estuviera contento”.

Se clausuró el amor

Gracias a Clausura del amor, Lucía logró una de las actuaciones más desgarradoras del 2016, al lado del director Facal y del actor Eduardo Camino (ganador también del premio del comité del Oficio Crítico). “La gente de la Alianza Francesa felicitó el estreno de Lima Laberinto XXI y nos invitaron a presentar un proyecto en su teatro”. Se barajaron muchos posibles montajes. Lucía recibió con entusiasmo la sugerencia de Darío Facal de montar el texto de Pascal Rambert, Clausura del amor. “Era un texto hermoso, que había recibido numerosos reconocimientos por su dramaturgia y además, se adecuaba muy bien al espacio de la Alianza Francesa. El tema de la relación de pareja es algo que me moviliza mucho. Me parece pertinente hablar sobre ello y reflexionar sobre el paradigma del amor hoy en día”, comenta Lucía. “La Alianza aceptó el proyecto, tratándose además de un premiado dramaturgo francés contemporáneo”.

“Algo que me conmovió desde que leí el texto, es el tema que aborda la obra y la manera en que lo hace. Clausura del Amor nos coloca frente a frente con la violencia y el dolor que supone escuchar y decir todo lo que uno piensa y siente. Para mí, es importante la clausura: cerrar, darle un lugar a los afectos, a las decisiones y también al dolor”, agrega Lucía, quien considera además que como actriz iba a ser un reto participar esta obra, que constaba básicamente de dos monólogos de 45 minutos cada uno, en el que el espectador asiste a la ruptura definitiva de una pareja conformada por Audrey y Stan. “Hacerlo de la mano de Darío fue estimulante. Nos guio con una gran sensibilidad y mucho amor y eso nos ayudó y nos dio mucha confianza para el trabajo”.

Con el equipo completo, comenzaron los extenuantes ensayos que la pieza necesitaba. Facal exigió un entrenamiento físico arduo y el texto totalmente introyectado. “Me sorprendió lo bien recibida que fue la obra, las palabras y los abrazos que recibimos llenos de amor. Sentimos un calorcito del público y de la gente del medio, que nos daban un aliciente para seguir adelante”. Y es que para Lucía fue todo un reto abordar como actriz esta obra. “Fue un proceso actoral muy intenso, muy duro por momentos. Es un trabajo que requiere de un esfuerzo emocional y físico muy grande”.

El montaje de Clausura del amor cosechó opiniones mixtas por parte de la crítica limeña. Facal apostó por un montaje muy minimalista solo con luz blanca y el escenario como espacio de ensayo, dos sillas y una botella de agua. “Que transcurra todo así”, nos cuenta Lucía. “Son pocos los que han hablado mal de la obra. Algunos han criticado a los niños (que aparecen en medio de los monólogos) o que el texto es muy largo. Pero en general, los comentarios han sido muy positivos y estimulantes”. Los resultados formales saltan a la vista: Clausura del amor resultó ser una de las mejores temporadas de todo el 2016 en la Alianza Francesa. “Todos los jueves pasábamos letra para las funciones de esa semana, no dejamos de hacerlo hasta la última. Era un texto complejo, pero teníamos un mapa del viaje emocional que Darío nos había trazado, para trabajar con total libertad y poder improvisar con las reacciones y movimientos en cada función”.

La educación del espectador

“Me despista lo que pasa en nuestro medio teatral: hay obras que se llenan y otras que están vacías; obras comerciales en las que no pasa nada y otras que no lo son y se llenan. Tenemos que trabajar mucho y ser creativos para seguir construyendo nuevos públicos”, reflexiona Lucía. “Muchas cosas influyen en este tema, cosas tan básicas como el horario, el precio de las entradas y la misma comunicación”. Lucía menciona que el público le da mucha importancia a la estética o a la dirección de arte. “Uno va al teatro a ver una obra, una historia que te la cuenta el director como le parece la mejor manera de contarla. Eduquemos a que el público exija al teatro una historia que los conmueva, un espectáculo que los toque y los movilice en algo más allá de una escenografía”, afirma.

Por otro lado, Lucía considera que debería existir una ley que incentive a la empresa privada para apoyar proyectos teatrales. “Yo pude hacer el proyecto de ChejoFF gracias a los auspicios. Fueron 11 microobras y había planteamientos de varios directores con vestuario de época. Fue una producción cara para un espacio OFF”. Lucía solo ha participado de tres producciones y conoce la angustia y el estrés que esto representa. “Durante Lima Laberinto XXI se me caía el pelo, la producción no es fácil. En Clausura del amor sí pude disfrutar más, porque dejé de producir”. Lucía no es de las actrices que se sientan en casa a esperar el llamado, le gusta gestar proyectos y ya está ensayando una próxima obra, nuevamente bajo la dirección de Facal. “El 18 de marzo se estrenará en el Teatro Británico Luz de Gas de Patrick Hamilton. Es una obra de género, un thriller psicológico, con un elenco de lujo: Javier Valdes, Alfonso Santistevan, Stephanie Orué ,Eduardo Camino y Delfina Paredes serán mis compañeros en esta nueva aventura. Estoy muy agradecida por el camino que voy recorriendo. Es interesante la diferencia entre LaberintoDos para el camino, dirigida por Rodrigo Chávez; El Oso, por Norma Martínez; Clausura del Amor y esta puesta de Luz de Gas; cada uno con personajes y lenguajes escénicos muy distintos”, concluye.

Sergio Velarde
11 de febrero de 2017