domingo, 5 de febrero de 2017

Entrevista: ARMANDO MACHUCA

“La impro y el claun te dan recursos de solución escénica”

Padres de la patria, con la participación del actor Javier Echevarría, tuvo una exitosa temporada con formato multidisciplinario y atípico en nuestra cartelera. Los esfuerzos de su director, Armando Machuca, fueron recompensados con el premio otorgado por el comité de Oficio Crítico al mejor trabajo de dirección en Comedia 2016. “Javier y yo tenemos alma de docentes”, menciona Armando. “Él es psicólogo y yo, comunicador; somos como primos hermanos, buscamos hacer algo reflexivo en cada proyecto que hacemos”. Y es que Padres de la patria funcionó como una pertinente reflexión sobre cómo se puede forjar la democracia desde el hogar, si buscamos la comparación entre la familia y un pequeño Estado, con todos los deberes y derechos que ello implica.

“Como muchos que hacemos teatro, empecé en el colegio desde chiquito”, recuerda Armando. “Mi familia no está muy relacionada al arte, aunque mi madre actuaba y cantaba y mi abuelo  hacía música. Fue en el colegio (Holy Trinity), cuando estaba en Secundaria, que me enganché con el teatro con el profesor que tenía, Gustavo Pastor. Él se tomaba muy en serio toda la onda del teatro escolar”. Empezaba la década de los noventas y como menciona Armando, la posibilidad de poder vivir solo del arte era muy remota. “Así que estudié Comunicaciones en la Universidad de Lima, lo cual agradezco porque si no hubiera estudiado la carrera no estaría haciendo lo que hago actualmente”.

Pataclaun y la Impro

“En la Taller de Teatro de la Universidad de Lima (TUL) tuve un pre-pre-acercamiento al claun, porque lo dirigía Pipo Gallo”, comenta Armando. “Yo no había pensado en hacer comedia, yo hacía cosas serias y en teatro infantil siempre hacía el papel de malo”. Sin embargo, entró a la asociación cultural Pataclaun, creada por July Naters, en donde se formaron actores de comedia que cultivaban el estilo “clown” y la improvisación. “Reconozco que mucha gente quería entrar para ser “Machín” (personaje del exitoso programa televisivo de aquella época, Pataclaun), pero yo veía la serie solo a veces y no vi ninguna puesta en escena del grupo. Pero me enganché con la técnica y con el increíble grupo humano. Yo me divertía mucho, quedamos solo cinco en mi promoción. Tuve como extraordinarios maestros a July y a Sergio Paris”.

Consultado sobre los beneficios que podría tener un actor que complemente sus estudios con talleres de claun e impro, Armando responde que todo dependerá de lo que le falte a  aquel actor. “Son técnicas primo hermanas, familiares pero cada una en su casa”, acota. “Tengo entendido que en las escuelas de actuación europeas más estructuradas, todos pasan por la impro y el claun. Pienso que todo actor “tradicional” debería llevar estos talleres, pero como en todo, hay mucho prejuicio. La impro y el claun te dan los recursos de solución escénica, de presencia, del momento a momento. La gente cree que es diferente, pero no es así: es el mismo camino pero con otro método. He visto actores que llevaron esos talleres y se les ve en otro nivel”.

“Un buen actor de teatro debe tener la capacidad de escuchar, de estar presente momento a momento, y de siempre sorprenderse”, continúa Armando. Sobre el talento que debería tener un artista, piensa que todos nacemos con una predisposición hacia un área determinada. “Pero creo en el poder de la educación. Si alguien quiere algo y la lucha, lo conseguirá con el doble de esfuerzo o más. Tengo amigos que no servían para el humor, y necios estuvieron aprendiendo por ocho años y al final, lo lograron. Los veía y no podía permanecer serio. Todo se aprende”. Por otro lado, afirma que un buen director de teatro, debe “tener postura y opiniones claras, además de saber comunicarse de manera efectiva con el elenco”. Armando considera que cada actor es un universo y un buen director sabe darle su espacio. “Es importante también que no busque acomodarse, debe mirar otros montajes, ver películas, leer libros, sorprenderse”.

Montajes y proyectos

Armando sorprendió gratamente como actor en la puesta de Hamlet (2013), durante la apertura del flamante Teatro Ricardo Blume. “Me re-enamoré del teatro clásico junto a Coco Chiarella con esa obra. Luego hicimos Historia de un caballo en el Teatro Británico”. Menciona además, que está entre sus planes dirigir, muy a su manera, Cyrano de Bergerac. Otro montaje que llamó poderosamente la atención fue el musical Forever Young (2015), en donde Armando actuó, dirigió y produjo la historia de un grupo de envejecidos artistas que recuerdan sus vidas con mucho sarcasmo. “No sé si lo volvería a hacer”, reconoce. “Lo hice por necesidad, era eso o quedarme en casa. No me gusta la producción, pero sé que lo hago bien, es sacrificado y heroico. Me gusta más actuar y después, dirigir”. La puesta en escena fue nominada por Oficio Crítico como mejor montaje de ese año y para Armando, fue una experiencia muy educativa. “No estaba acostumbrado a trabajar con actores que no eran de mi compañía, de mi elenco de siempre”.

Echevarría ya había trabajado previamente con Armando, en el unipersonal Se busca emprendedor (2014). “Y voy a encargarme este año del reestreno de la obra Sin pecado original (2012), para construir una teatralidad que combinará el humor del claun, la frescura de la impro, la narración de cuentos; es decir, un lenguaje multidisciplinario que invite a reír, divertir y reflexionar. Repondremos toda la trilogía, será todo nuevo y fresco, con mucho de testimonial”. También están dentro de sus proyectos una obra con su promoción de Pataclaun; sus laboratorios de guion que podrían concluir en una antología teatral; y un unipersonal, en el que Armando estaría bajo las órdenes de Fernando Castro, el premiado director de Los regalos. “He decidido arriesgarme este año a hacer cosas que no suelo hacer”, concluye.

Sergio Velarde
5 de febrero de 2017