martes, 14 de febrero de 2017

Crítica: RESPIRA

Cuando nuestros traumas nos persiguen

En mi opinión, una obra de teatro tiene que ser una que, indiferentemente si es comedia o drama,  “presione” algo en el público y provoque una reacción en él. En otras palabras, buscar que al salir de la obra, el público reflexione sobre lo que acaba de ver y pueda analizar sus propias vivencias, de otro modo.

La obra “Respira”, del dramaturgo peruano Eduardo Adrianzén, es de este tipo de obras y nos habla, de una manera convincente y directa, de graves problemas que la sociedad peruana enfrenta, tanto del pasado reciente como actuales: la presencia del terrorismo en el país, la decepción de las clases políticas, la fuerte, y muchas veces, negativa influencia de la religión, la pedofilia en la iglesia católica, la migración, pero todo esto sin dejar de lado problemas de familia como la poca comunicación en el matrimonio y con los hijos, entre otros.

Como podemos imaginar, una obra que hable de tantos temas incómodos y/o polémicos generará, sí o sí, expectativa, pero también se corre el riesgo de abarcar demasiado y, como dice el refrán, apretar poco. Sin embargo, y gracias al buen oficio de Adrianzén, esto no ocurre y logra darle el toque preciso a cada tema tocado, incluso, dándonos un personaje inesperado, cuya presencia es tan polémica como impactante.

Hablando del montaje que se está presentando en el Teatro Mocha Graña de Barranco, todos los sábados y domingos de febrero, pues diré que hay puntos muy positivos que resaltar. Primero, el buen trabajo actoral, el cual se muestra muy parejo en general, pero que tiene en dos actores sus más altos aportes: Yordan Huamán y Alexis García, quienes interpretan a más de un personaje de forma convincente y acertada.

Otro punto que me pareció adecuado es el de casi no usar escenografía, ya que así hacen que todo en lo que el público deba de estar atento sea las actuaciones y el texto. También debo decir que es la primera vez que veo una obra de dirección colectiva, pero esto no apareció en el montaje pues la dirección fue sobria y pareja, como si fuera una sola persona, lo cual habla muy bien del grado de compenetración del grupo y su compromiso con la obra.

Si algo negativo debo decir, es el caso de Joshua Chienda (quien hace muy poco tuvo una destacada performance en “Mar de mieles”), protagonista de la obra. No pueden hacer que un actor tan joven interprete a un hombre de 40 años. El personaje no tuvo el peso necesario, no sólo por el físico o la voz, sino por las vivencias mismas que un actor de mayor edad tiene y que le permiten dar mayores matices y verosimilitud al personaje, pues sus intentos no bastaron y dio la talla solamente en las partes infantiles del personaje.

Con todo, creo que es una gran obra en un montaje lleno de fuerza, corazón y coraje. Vayan a verla.

Daniel Fernández
14 de febrero de 2017