viernes, 27 de enero de 2017

Entrevista: MARISSA BÉJAR

“Debe haber un gusto del actor por usar el cuerpo para comunicar”

Una de las puestas en escena más interesantes y disfrutables de la temporada del año pasado fue, sin duda, La multitud, flamante y primera producción teatral del Instituto Confucio de la Pontificia Universidad Católica del Perú, escrita por Nick Rongjun Yu, uno de los dramaturgos chinos contemporáneos más populares a nivel mundial. La responsable de este primer montaje de una obra de dramaturgia china en el Perú fue Marissa Béjar, directora escénica, investigadora y profesora de amplia experiencia nacional e internacional y premiada por el jurado de Oficio Crítico como el mejor trabajo de Dirección en Drama del 2016. “Definitivamente mi formación y experiencia previa en el Perú han sido muy importantes”, menciona Marissa. “Pero también ha sido crucial y absolutamente decisivo todo lo vivido, aprendido, visto, y trabajado fuera del Perú en mi estadía en Nueva York por cerca de seis años, y, desde que volví, en mis salidas al exterior de los últimos cuatro años, que me han permitido ver, experimentar y sobre todo, aprender técnicas y perspectivas diferentes a lo que usualmente se hace y se enseña en el Perú”.

“Yo diría que desde muy pequeña entré en contacto con el mundo de la actuación. En el colegio tocaba guitarra, cantaba y bailaba en las actuaciones, era maestra de ceremonias”, recuerda Marissa. “Mi madre fue una conocida actriz de teatro y televisión (Ana María Miranda), así que crecí escuchando sus historias y visitando los sets de televisión para verla actuar. Siempre el teatro y el arte escénico estaban presentes en casa”. Afirma también que le tocó vivir una época dura (fueron los años ochentas) y sentía la presión de estudiar una carrera y ser profesional. “Mi madre estudió teatro de modo profesional, y sabía en carne propia que era una profesión sumamente difícil para sobrevivir, es por eso que ella insistió mucho en que mi hermana y yo estudiáramos otras carreras de modo profesional”. En cuanto a su padre, Héctor Béjar, además de ser un profesional de las Ciencias Sociales, ha estado muy comprometido con lo que sucede en el Perú y ha tratado activamente de participar en la mejora o transformación de nuestro país. “Desde ese punto de vista, mis motivaciones de vida y el deseo de estudiar, además de mi mamá, también provienen de él”.

Estudios y experiencias escénicas

Marissa es diplomada como actriz profesional por la Escuela de Teatro de la Pontificia Universidad Católica del Perú, y Bachiller en Ciencias Sociales con mención en Sociología por la misma universidad. “Mientras estudiaba Sociología llevé varios talleres de teatro e integré el Coro Creación, que fue parte del movimiento de la nueva canción en el Perú. Cantábamos temas que buscaban revalorizar la cultura peruana y latinoamericana, con cierto contenido político. Nunca canté en solitario, el tema grupal era vital para mí”, afirma. Posteriormente Marissa entra al TUC. “Entré tanto al TUC como al Conservatorio Nacional de Música para estudiar Dirección Coral, pero me era imposible llevar ambas cosas, así que me quedé solo en el TUC”. Evidentemente, su paso por la sociología y la música ha nutrido su actual carrera como directora de teatro, por ejemplo, con La multitud. “Esa obra tiene una música y un diseño de sonido muy particulares. Me parece que también hay musicalidad en el manejo de los cuerpos en el espacio y en el timing de la acción en escena”, afirma.

Una vez terminado el TUC, Marissa pasó a dirigir montajes en el grupo Los Tuquitos (cuyo director sigue siendo Jerry Galarreta), con el que logró ganar el Primer Festival de Teatro Peruano del ICPNA en 1996, con la obra De qué te quejas, empatando con Un verso pasajero de Gonzalo Rodríguez Risco. Pero, ¿cómo llegó a la dirección? “Fue todo muy lindo: para salir de la Escuela teníamos que llevar un Taller de Dirección”, menciona Marissa. “Las únicas de mi promoción que hicimos el taller fuimos mi amiga del alma y extraordinaria actriz María Angélica Vega y yo. Esa primera experiencia la condujo nada menos que Pipo Ormeño”. Y es que aquella época del TUC fue muy particular, como relata Marissa, la de la época de los noventas. “Era el teatro del cuerpo y del movimiento, cuando el TUC era dirigido por María Luisa de Zela. Había una formación sólida, con una propuesta física importante en el Perú. Eso sí, el entrenamiento era de terror”. Marissa se decidió a dirigir la pieza El último cliente, con las actuaciones de Vega e Ismael Contreras. “Esa propuesta la vio Danny Kanashiro (co-fundador de Los Tuquitos y director invitado para La conquista); él tuvo que irse y me dejó como directora de la mencionada obra de Alejandro Buenaventura y Jorge Adoum. Con esa obra viajamos mucho y después terminé dirigiendo De qué te quejas, con la que ganamos el festival y también visitamos el interior del país y el extranjero”.

“Luego de dirigir un par de años más en Lima, decidí salir del Perú en 1999 a estudiar”, menciona Marissa. Y su experiencia acumulada ha sido vasta y literalmente por todo el mundo: residente del Royal Court Theatre de Londres en su International Residency for Playwrights and Directors; del Lincoln Center Theater de Nueva York, en su Lincoln Center Director´s Lab; de la Scuola europea per l’arte dell’attore de San Miniato, Italia; de Casa de América de Madrid, en su Residencia para Profesionales de Dramaturgia y Dirección Teatral; del Bread and Puppet Theater, en su residencia Living with the Bread and Puppet Theater, en Vermont, USA, entre otras residencias internacionales. “Mi idea era la de ampliar el lenguaje escénico que yo tenía, integrando la reflexión con la acción, experimentando con videos y sonidos, a los cuales les tenía un poco de miedo”, confiesa.

De vuelta en casa con La multitud

Marissa volvió al Perú y reconoce que la inserción ha sido muy complicada. “Es que en nuestro teatro hay tribus sólidas y, a veces, poco permeables”, reconoce. “Regresé, me casé, tuve a mi hija, pero sentí que no era el momento aún de dirigir, ya que implicaba buscar dinero, espacios, productor”. Es así que Marissa vuelve a las aulas como docente y también tiene la oportunidad de salir del país por cuestiones académico-artísticas, vinculándose con otros artistas docentes extranjeros, como en el Mellon School of Theater and Performance Research at Harvard University; en tres oportunidades en el Summer Institute Cologne, organizado por la Universidad de Colonia y Northwestern University; y en los congresos del American Society for Theatre Research en las ciudades de Dallas, Baltimore y Minneapolis, así como el de Performance Studies International, en la ciudad de Shangái. Definitivamente ser Master of Arts in Media Studies por la New School University de la Ciudad de Nueva York, universidad en la cual obtuvo también el Diploma de Post Grado en Realización de Cine, le ha permitido otorgarle un aspecto audiovisual muy particular e interesante a La multitud.

“Pienso que más que una representación literal del texto, La multitud es un diálogo, una interacción. Todo el aspecto audiovisual fue una propuesta fantástica y simbólica de un joven profesional de la especialidad de Comunicación Audiovisual de la PUCP y un equipo de alumnos”, cuenta Marissa. Comandado por Gabriel Olaya, Asistente de Docencia de la Universidad Católica y por alumnos de último año de la especialidad de Comunicación Audiovisual (Marisol Heredia, Geraldine Andicoechea, Paul Guerra, Sayuri Kina y en un primera etapa, Andrea Bernales), las propuestas sonora y visual del espectáculo se basaron en proyecciones que cuentan con diversas animaciones de su propia autoría. “Me resulta muy interesante la experimentación escénica con nuevas tecnologías”.

Para interpretar La multitud, se convocó a un elenco de actores muy parejo, que no solo incluyó a la infaltable María Angélica Vega, sino también a Víctor Prada, Oscar Carrillo, Anneliese Fiedler, Mariajosé Vega y Claret Quea. “Yo tengo mi propio criterio sobre cómo debe ser un actor ideal”, reconoce Marissa. “Primero, este debe manejar el texto desde una perspectiva muy contemporánea y sólida en técnica: tiene que buscar la verdad en el otro y no en uno mismo. La idea es que el actor realiza un trabajo físico en el que el texto opera sobre el otro, con el texto uno busca que el otro personaje haga algo. Para mis montajes siempre necesito actores que tengan esta técnica, o que al menos estén dispuestos a aprenderla”. En segundo lugar, y como aplicada alumna del TUC, afirma que el trabajo del cuerpo es muy importante. “Debe haber un gusto por usar el cuerpo para comunicar, incluso en dramaturgias donde el texto es uno de los ejes centrales, como La multitud; por algo el teatro es teatro, eso lo diferencia de que te narren la historia o que la leas, tiene que haber algo interesante sobre el escenario”. Y finalmente, un actor no puede ser problemático. “Problemas en un montaje siempre van a haber y hay que solucionar, todos tenemos que tener buena vibra y aceptar trabajar con riesgo, de poder experimentar, de tirarse a la piscina; puedes ganar o perder, pero lo haces a conciencia. Esa actitud estuvo presente en todos los actores de La multitud”.

Actualmente, Marissa es profesora asociada de la Facultad de Artes Escénicas de la PUCP, y también ejerce en la Facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación, en la Facultad de Ciencias Sociales y en la Maestría de Antropología Visual. Además, realiza el Doctorado en Sociología en la Pontificia Universidad Católica del Perú donde desarrolla un tema de tesis vinculado a las artes escénicas en Lima. Además, nos comparte con mucha alegría uno de sus proyectos para este año: ha sido invitada para ser una de los directores del "International Master Class on Directing", organizada por el Shanghai Theatre Academy. “Es un programa bellísimo donde se selecciona a cerca de 25 participantes de todo China, entre directores, actores, bailarines, performers de ópera china, etc., maestros de dirección teatral, y estudiantes de dirección a nivel de posgrados, para trabajar con directores de alguna región del mundo”.  Si bien es cierto, en años anteriores se han concentrado en otras regiones como Europa del Este, Estados Unidos u Oceanía, este año le tocó a América Latina. “Seremos cuatro directores de la región y cada uno de nosotros estará una semana y media en Shangái conduciendo este espacio de trabajo tan interesante. La idea es que cada director está a cargo de una semana y comparte sus métodos y técnicas de trabajo, así como su visión como artista con todos los participantes”. Marissa comenta que esta ha sido una invitación cuyo proceso ha durado varios meses el año pasado, y que incluyó una visita de los directores del programa a Lima para ver su trabajo y realizarle una entrevista antes de oficializar la invitación. “Estoy muy orgullosa por esto, muy entusiasmada y feliz por esta experiencia hermosa por la que voy a pasar”, concluye.

Sergio Velarde
27 de enero de 2017