viernes, 20 de enero de 2017

Entrevista: ALEJANDRO MANSILLA

“Hay que encontrar otras posibilidades con la imaginación”

Ganador del premio del público como mejor actor de reparto 2016 en la encuesta del Oficio Crítico por la comedia familiar El león, el joven intérprete Alejandro Mansilla nos comenta sobre sus inicios. “Me interesé por la actuación desde el colegio, cuando mi profesora nos incentivaba a participar en sketches y representaciones cuando tenía 13 y 14 años”, recuerda. “Posteriormente llevé un taller con Marcelo Oxenford por poco tiempo y aunque me gustó, todavía no me decidía a llevar la actuación profesionalmente”. Es así que Alejandro estuvo coqueteando con otras carreras como Topografía, Hotelería y Turismo y hasta postuló a la Pre en Administración. “Fue estudiando Administración que llevé talleres de teatro y me convencí que esto era lo mío, que no podía estar sentado sin estar haciendo Arte”.

En aquella época, Alejandro se enteró a última hora del examen de admisión en la ENSAD (Escuela Nacional Superior de Arte Dramático), pero se animó a tomarlo, lo pagó y lo pasó exitosamente, con un monólogo de la pieza Dos para el camino de Cesar De María y teniendo como jurados a Carlos Acosta y Guadalupe Vivanco. “Y me quedé cinco años de mi vida en la ENSAD.” Alejandro tuvo muchos profesores, pero recuerda particularmente a un par de ellos: los maestros Ernesto Ráez y Rafael Hernández. “Admiro a Ernesto por sus conocimientos de teatro peruano; él es un profesor de vocación y ha realizado muchas actividades en su vida, también como actor y dramaturgo. Y admiro de Rafael su preocupación por el tratamiento del texto y de la metáfora, o en palabras del maestro: ‘el vuelo poético de la obra’.”

Muestras, montajes y proyectos

En la ENSAD, Alejandro participó en dos muestras que fueron moldeando su capacidad interpretativa, con personajes retadores. “Con la profesora Sofía Palomino hicimos la comedia romántica El juego del amor y del azar de Pierre de Marivaux. Tuve que interpretar un personaje que no me convencía inicialmente, pero que finalmente terminó enamorándome: Pasquín, una especie de arlequín moderno (psicólogo)”, menciona. “Y con el maestro Rafael Hernández hicimos El preceptor de Bertolt Brecht, en donde todos doblábamos personajes en una dinámica bonita y complicada: nos cambiábamos el vestuario delante del público, subíamos al segundo nivel y ya estábamos en otro personaje.” Por otro lado, el primer montaje profesional de Alejandro fue Más pequeños que el Guggenheim (2015), comedia de Alejandro Ricaño, dirigida por Miguel Torres y producida por Molinos de Viento Teatro, que estuvo nominada a los premios Oficio Crítico por dirección y montaje. “La caracterización de los personajes es muy importante”, afirma Alejandro. “Para ese montaje, primero ensayamos sin caracterización para encontrar la esencia del personaje, a través de trabajos de exploración como inventar un día cotidiano del personaje fuera del texto. Ya después con el vestuario, el saco, los lentes, el cabello más crecido se hizo la diferencia, se crea a partir de la imagen”.

Para El león (la historia de unos artistas de circo pobre que deben conseguir alimento para que el felino en cuestión, la mayor atracción del circo, pueda sobrevivir), escrita por Juan Rivera Saavedra y nuevamente dirigida por Torres, Alejandro confiesa que el joven director ya lo tenía claro. “El león no aparece, solo se nombra pero hace de todo: él representa a las figuras mediáticas que hoy en día están de moda y gozan de cierta fama”, asegura Alejandro. “Ellos no son artistas, pero se les trata como si los fueran. Y ese león simbólico termina por devorar al verdadero artista, en este caso, al payaso que yo interpretaba, el que se sacrifica por todos”. Y es que el mensaje con fuerte contenido social sí es pertinente en el teatro para toda la familia. “Muchos pueden decir que los niños no se dan cuenta, que se dejan llevar más por lo visual y que no entienden, pero yo creo que ellos  sí lo hacen, pero hay que saber cómo manejar los códigos para dejarse entender”, afirma.

Alejandro considera que un buen actor de teatro debe “saber trabajar en conjunto, pues se trata de una labor grupal; es importante también la puntualidad, porque las tardanzas generan anticuerpos; y también es primordial el compañerismo, la predisposición a  apoyar al otro.” Considera además, que la imaginación es vital en un actor, ya que permite salir un poco del texto y proporciona otras posibilidades, como por ejemplo, crear posibles diálogos entre los personajes. “Y un buen director de teatro debe darle libertad a los actores para poder explorar y proponer; conozco directores que ya lo tienen todo marcado y respeto eso, pero creo que es bueno darle libertad al actor, para que encuentre otras posibilidades a través de la imaginación”. Para este 2017, Alejandro tiene varios proyectos, como el estreno de la obra Picnic de Fernando Arrabal con un nuevo colectivo llamado Express Teatro Colectivo. “Y también estaré actuando en una obra que escribió un amigo mío, Bryan Urrunaga”, concluye.

Sergio Velarde
20 de enero de 2017