martes, 6 de septiembre de 2016

Crítica: AMISH-TADES CON DERECHO A ROCE

Cuando solo quieren que rías por reír   

Empezaré esta crítica teatral diciendo que hay algo que siempre me pasa cuando veo una obra de teatro (pero también me pasa cuando veo una película o leo un libro): Siempre busco algo que se me quede en la mente, es decir, algo que la obra me pueda enseñar, incluso cuando no haya sido la intención del dramaturgo o el director. Por momentos, creo que esa búsqueda de ir hacia lo profundo me puede hacer perder de vista las sensaciones que están más a la mano, las cuales, a fin de cuenta, son las que la mayoría rescatará y compartirá.

La obra Amish-tades con derecho a roce, escrita y dirigida por Carlos Bañuelos, es una obra que fácilmente nos podría llevar a una serie de reflexiones sobre situaciones de la vida que, a estas alturas, tendrían que estar en solo en los libros de historia, pero que aún suceden en el mundo, como por ejemplo, imponer esposo a las mujeres. Sinceramente creo que en el momento de la historia en el que estamos, especialmente en el Perú, en el que la lucha por los derechos de la mujer y la visibilización de sus problemas son temas muy importantes, no podemos darnos el lujo de perder la oportunidad de hacer pensar a la gente y si es a través de la risa pues mucho mejor, y Amish-tades… la pierde.

Es cierto que lo más probable es que la obra no haya tenido ninguna intención de proponer una reflexión sobre el machismo y lo que buscó lograr en el público se resuma en brindar un momento de relax en donde todos nos olvidemos un poco de nuestra vida diaria y simplemente riamos, y esta postura es legítima, lo sé, pero a veces lo legítimo no es necesariamente lo más adecuado.

En lo que se refiere al humor desplegado en la obra, este por momentos se pierde en chistes de temática actual y demasiado fácil (como decirle “pokemongo” a uno de los personajes o pedir “Like”), pero por otros momentos sí resulta y no tanto por el texto sino por las actuaciones, en especial de Haydée Cáceres (Doris) y Vera Pérez-Luna (Frances), quienes tienen una buena química y a pesar de tener personajes con tintes caricaturescos, los resuelven bien.

Comentario aparte merece la interpretación de Carlos Bañuelos como Charlie, el joven enamorado de Frances. No fue la mejor elección ver a un hombre en sus cincuentas haciendo de un joven de menos de veinticinco años, pues se corre el riesgo de que, por querer verse y hablar como un joven, se fuerce tanto al personaje que al final lo que vemos es a un tonto, un personaje nada creíble que no causa empatía, y creo que eso afectó a la obra.

En conclusión, creo que le obra tenía mayor potencial que el explotado, tanto en humor como en compromiso. Estaremos atentos a la siguiente aventura de Bañuelos.

Daniel Fernández
23 de agosto de 2016