sábado, 30 de noviembre de 2013

Crítica: LOS DISFRACES

Cruel juego de identidades

La organización cultural La Fuente de Castalia ha venido presentando una serie de obras menores, pero no carentes de interés, desde el año pasado. Así llegaron a escena en el 2012: Secretos, de Raquel Diana; y El pórtico del cielo, de Román Sarmentero; dos discretos montajes con personajes sumergidos en situaciones surrealistas, que sirvieron más que todo como entrenamiento para su director Manuel Trujillo. En abril de este año se estrenó la tercera producción del colectivo, El ornitorrinco de Humberto Robles, una audaz anécdota sexual con un desenfadado trío protagónico. Ya finalizando el año, Trujillo y la Fuente de Castalia presentan Los disfraces, un texto del uruguayo Ricardo Prieto, que permite observar la consolidación del grupo y del director.

Convirtiendo el íntimo espacio de Teatro Racional en un ring de box, la pieza nos presenta la típica dupla disfuncional ama-criado, servida por hirientes diálogos que vuelan como flechas por el aire. La hija de una familia acomodada dedica su tiempo en humillar al mayordomo, por el que siente una obsesiva atracción, a pesar de sus vanos intentos por negarlo. Por su parte, el sirviente, a lo largo de la punzante y tensa conversación, se convierte en un ser mucho más peligroso de lo que aparenta cuando intenta consumar la seducción. La única manera en la que ambos pueden dar rienda suelta a sus bajas pasiones, es invirtiendo los roles, disfrazándose del contrario.

Con contados elementos escenográficos (dos cubos y dos percheros con los disfraces) y un funcional diseño de luces, la obra mantiene su fluidez durante sus 55 minutos de duración. El director y actor Carlos Acosta, a quien no veíamos actuar desde la fallida Nadar como perro, recrea con acierto al irónico y contenido mayordomo. Pero es la joven Gabriela Navarro la que sorprende con una interpretación enérgica y precisa al inicio, y también convincente en su cambio dramático hacia el final, manejando con mucha seguridad el texto. La Fuente de Castalia consigue con Los disfraces su trabajo más logrado hasta la fecha, y Trujillo continúa su sólida evolución como director.

Sergio Velarde
30 de noviembre de 2013

Crítica: LOS LOCOS ADDAMS

Impresionante musical de locura

Siguiendo la fiebre por los musicales con música y voz en vivo (como debe de ser), que incluyó este año a las felices puestas en escena de La novicia rebelde y La Chica de la Torre de Marfil, por citar solo dos ejemplos, llega al Teatro Marsano el aclamado musical de Broadway Los locos Addams, dirigido por Doménico Poggi, y escrito por Marshall Brickman, Rick Elice y Andrew Lippa. Creada en 1937 por el dibujante Charles Addams, la tira cómica que nos presentaba a esta delirante familia con gustos y costumbres tan particulares, gozó de un considerable éxito desde el inicio, que inspiró series de televisión, dibujos animados y algunas populares películas. La adaptación al teatro en versión nacional cubre ampliamente las expectativas generadas y se convierte en un espectáculo completo con varios aciertos a destacar.

¿Qué es la normalidad al fin y al cabo? Pues la familia Addams ha venido respondiendo a esta pregunta desde hace años, a través de conductas que pueden lucir “inadecuadas” o poco “civilizadas”, pero no carentes de lógica y verdad. La historia se centra en Merlina (grata revelación de Gina Yangali), la hija de la díscola familia que acaba de cumplir 18 años y que además, se encuentra enamorada. Lamentablemente se trata de un joven “normal” (Luis Baca); es por ello que Merlina se lo cuenta a su padre Homero (Diego Bertie), con la condición que no diga nada. Ahora Homero deberá hacer algo que jamás hizo en su vida: guardarle secretos a su esposa Morticia (Fiorella Rodríguez, nacida para el papel). Todo cambiará cuando llegue el momento de la cena, en la que se desatará el caos con la presencia del joven en cuestión y su familia.

La producción artística del montaje luce inmejorable y la impecable dirección musical aprovecha el talento de sus actores, especialmente la capacidad vocal de Trilce Cavero, que se luce en la escena de la cena. El cuerpo de baile acompaña con mucha precisión toda la historia. El resto de la familia Addams, como el tío Lucas, la Abuela y el mayordomo Largo tienen intérpretes de excepción como Nicolás Fantinato, Patricia Portocarrero y Gustavo Mayer, que llaman la atención fácilmente con tan solo algunas escenas. La obra incluye cameos de Dedos y el tío Cosa. Diego Bertie también luce inspirado y divertido, muy lejos de su interpretación en "piloto automático" en La novicia rebelde; por cierto, muy bien secundado por Rodríguez, que baila, canta y actúa derrochando energía. Los locos Addams es un espectáculo redondo e impresionante, muy recomendable.

Sergio Velarde
30 de noviembre de 2013

sábado, 23 de noviembre de 2013

Crítica: VICTOR O LOS NIÑOS AL PODER

El indiscreto encanto de la burguesía

Arrancaron las temporadas teatrales en la ENSAD, en donde los estudiantes de dicha institución confrontan sus procesos artísticos con el público. Inmejorable manera de apreciar espectáculos auténticos y valientes, que podrán ser considerados como prácticas de la carrera de actuación, pero que no tienen nada que envidiarle a los montajes profesionales. Orquestados por los profesores-directores de los diversos ciclos, las obras cuentan con elencos llenos de energía y vitalidad, en los que se aprecia el compromiso asumido. Es el caso del estreno de Víctor o los niños al Poder del autor francés Roger Vitrac, a cargo de Carlos Acosta e interpretado por los alumnos del 4to año de la carrera de Actuación.

Ejecutada en la Sala ENSAD, la pieza es una feroz crítica hacia el mundo burgués. El pequeño Víctor (grata revelación de Sammy Zamalloa) cumple 9 años, en medio de una familia acomodada y muy chic. La celebración que se avecina desnudará la triste e hipócrita realidad que viven sus padres, tan disparatada como la que viven los padres de su amiguita Esther (Felissa Añez / Fiorella Monroy). La dramaturgia, llena de situaciones límite y de mucho caos, es bien conducida por el director, aprovechando cada subtrama, especialmente la del triángulo amoroso entre los padres de Victor (David Martin Rojas y Cesia Romero) y la tirana y casquivana madre de Esther (Andrea Pérez  / Sandra Castro).

Se nota un cuidadoso diseño escenográfico que juega con varios niveles y además, que permite delimitar bien los espacios. El excéntrico vestuario y el cuidado maquillaje contribuyen a precisar las caracterizaciones de los disparatados personajes, así como a maximizar sus personalidades. Acosta aprovecha la corporalidad y gestualidad de su elenco al máximo, logrando una gran fluidez y ritmo para una obra que podría pecar de dilatada. Víctor o los niños al Poder no defrauda y constituye un delirante y exacerbado ejercicio altamente recomendable. Las temporadas teatrales de la ENSAD prometen verdaderas sorpresas.

Sergio Velarde
23 de noviembre de 2013

sábado, 16 de noviembre de 2013

Crítica: MORIR (UN INSTANTE ANTES DE MORIR)

Sólida y ordenada propuesta escénica

En el 2009, la AAA decidió celebrar con su elenco sus primeros 71 años de labor ininterrumpida con la temporada de Morir, dirigida por la suiza Marianne de Pury. La pieza, escrita por el español Sergi Belbel, es un texto muy rico y complejo sobre la muerte y sus inusitadas consecuencias, que la directora en aquella oportunidad, no supo organizar del todo en escena. En el 2011, Carlos Acosta dirigió su propia versión con alumnos de la ENSAD, quienes este año han decidido presentar nuevamente el proyecto como una temporada profesional, variando la propuesta escénica y contando ahora en la dirección con Eric Otero. Morir (un instante antes de morir) regresó por una brevísima temporada en LILA espacio cultural, logrando consolidarse como un montaje entretenido, con una propuesta artística sólida y coherente.

Siete escenas con catorce personajes conforman el primer acto, titulado Morir. Todos ellos (con)viven con la Muerte disfrazada de distintas apariencias, que llega previsiblemente al final de cada cuadro: un guionista y su esposa, un heroinómano y su hermana, una madre trastornada y su hija engreída, un viejo alcohólico, un enfermo y su enfermera, dos policías que atropellan a un motociclista, y un asesino y su víctima. Luego del intermedio comienza el segundo acto titulado No Morir: con las escenas de reversa, vemos como los personajes eluden uno a uno a la Muerte hasta un final abierto. Acaso el mayor logro de Otero sea el de haber conseguido con su elenco, el orden y la fluidez que un texto de este calibre reclamaba.

Los actores dan muestras de sus enormes progresos: Aldo Sánchez y Jesús Tantaleán (a quienes vimos en Sueño de una noche de verano), Yasmine Incháustegui y Angie Rodríguez (actrices recurrentes del grupo Palosanto, como en Villasucia o La zorra vanidosa), acompañados por Barbra Zavala, Julio Matos, Juan Muñoz y Jorge Rodríguez M; todos ellos muy eficaces en darle verosimilitud a cada uno de sus personajes, con una mención especial para el cuidado trabajo de Angie Rodríguez, como la Niña y la Policía. A pesar de lo reducido del espacio, la propuesta escenográfica planteada es bastante funcional. Proyecto Morir (así se llama esta joven agrupación) promete nuevos espectáculos en el futuro, luego de este más que auspicioso debut.

Sergio Velarde
16 de noviembre de 2013

jueves, 14 de noviembre de 2013

Crítica: LA TRAICIÓN

Notable y experimental juego de apariencias

Daniel Dillon es un dramaturgo y director que puede llegar a límites insospechados cuando abandona los proyectos de encargo, para dedicarse a sus ambiciosos experimentos personales, en los que puede hacer volar con mucho estilo su creatividad. Así, en el 2006 asistimos al estreno de Estudio de escena, presentada en el VIII Festival de Teatro Peruano Norteamericano, constituyéndose en un inesperado juego escénico en el que el público tenía un rol determinante; y en el 2011, a la temporada de Historia de un hombre, dramático espectáculo plagado de duras imágenes sobre oscuros personajes incapaces de relacionarse. Este año, con el auspicio del Centro Cultural de España, llega La traición, pieza dirigida por Dillon y escrita por él mismo, en colaboración con el actor Ricardo Delgado, quien asume el rol protagónico de esta inspiradísima crítica al show business y a las caretas que usamos día a día.

El espacio que ofrece El Galpón de Pueblo Libre es utilizado en su totalidad para presentarnos una historia de amor muy sui generis, entre un galán televisivo llamado Sebastián, y su amada Margarita, la diva que trabaja en la misma telenovela. Una traición por parte de ella provoca un total desbarajuste emocional en Sebastián, quien se pasea por el espacio fumando como chimenea, emborrachándose con vino, lamentando en voz alta su suerte, llamando por celular insistente e infructuosamente a Margarita, cantando canciones de Juan Gabriel, azotando inútilmente la puerta del camerino y una serie de sencillas acciones que provocan nuestra total atención, hasta la aparición de la diva.

Cuando el dúo se junta comienza el juego escénico, intercalando pasajes de ficción y de realidad, dentro y fuera de la telenovela. Esos sencillos detalles, como las gotas de colirio en los ojos de la actriz antes de grabar su escena dramática o las manchas rojas de vino en la camisa blanca del actor, estilizan y enriquecen la puesta en escena hasta el predecible, pero no por ello, impactante final. Impecable la producción de Angeldemonio Colectivo Escénico, especialmente con el efectivo uso del multimedia. A destacar la actuación de Delgado, absolutamente creíble en su deambular errante al inicio de la obra, así como la imponente presencia de esa pequeña gran actriz que es Mirta Urbina. La traición es un insólito espectáculo, muy acorde con la personalidad artística de Dillon, acaso no para todos los gustos, pero que destila “teatro” en cada minuto de su duración. Uno de los mejores estrenos de teatro independiente en este año que poco a poco se acaba.

Sergio Velarde
15 de noviembre de 2013

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Crítica: EL CÍCLOPE

Un clásico satírico revisitado

Super Popper de César De María fue uno de los mejores montajes independientes del 2011, ejecutado con mucho profesionalismo por los en aquel entonces, estudiantes del noveno ciclo de la ENSAD, dirigido por Guadalupe Vivanco. Tres de sus intérpretes se unen para ofrecernos una reactualización de El cíclope de Eurípides: se trata de una adaptación y dirección de Max Yovera, con la actuación de Luccia Méndez y Herberth Hurtado. Basándose en La Odisea, asistimos a un interesante espectáculo, en el que presenciamos el  enfrentamiento de Ulises con el gigante de un solo ojo llamado Polifemo, en el ajustado espacio que ofrece el Centro Cultural de Jesús María.

Acaso la mayor virtud de la puesta en escena de Yovera sea la caracterización de los personajes, especialmente en el caso de Polifemo, con la imponente figura de Junior Taboada, cuyo único reparo sería el de seguir entrenando su capacidad vocal para corregir su dicción. La dupla femenina integrada por las bellas Eros y Tanatos (la siempre bienvenida presencia de Méndez, con la complicidad de Aura Ghío, de El dolor por tu ausencia) consigue apreciables imágenes y diálogos como los “sátiros” del montaje. Por otro lado, la acústica del escenario juega en contra de correcto desempeño del Ulises que interpreta Carlos Rivera; no ocurre lo mismo con el Sileno de Hurtado, que aquí ofrece una de sus actuaciones más conseguidas, luego de un constante entrenamiento sobre las tablas en obras de diverso calibre, como el padre las mujeres.

Esta nueva versión de El cíclope sí funciona como el único drama satírico que se ha conservado por completo hasta nuestros días. Su carácter no es precisamente festivo, pero sí contiene algunas poderosas imágenes que acaso se podrían lucir más en otros espacios más amplios, como por ejemplo, la derrota de Polifemo con unas cuerdas a manos de Ulises. La escenografía en sí podría haber sido más trabajada y estilizada, así como el sonido. Sin embargo, el saldo que deja El cíclope es positivo, en el intento de Yovera por presentar con renovados bríos una obra poderosa en contenido. Continuar con las funciones en otros espacios alternativos sería una buena alternativa a seguir.

Sergio Velarde
13 de noviembre de 2013

domingo, 10 de noviembre de 2013

Comenzaron las apuestas: PREMIO LUCES A LO MEJOR DEL TEATRO 2013

Acaparando las nominaciones: Lo mejor del teatro 2013 para nuestro cada vez más “diversificado” Decano de la Prensa Nacional

Ya está lista la encuesta de El Comercio para reconocer a lo mejor del 2013. Pero esta vez, la sección de Teatro ha aparecido parcialmente renovada, lo cual desde aquí, felicitamos.

Primero, las razones para celebrar:
Así como en nuestra usual encuesta de El Oficio Crítico (que por cierto, sale sí o sí el 1° de diciembre), ahora han aparecido ternas para los mejores actores de reparto, reconociendo así el importante trabajo de los intérpretes de apoyo dentro de un montaje.
Además, hay un premio especial para los dramaturgos, lo que constituye un hecho insólito para la historia del Premio Luces. ¿Pero acaso Números reales no es un tardío re-estreno? En fin, nosotros desde aquí alimentamos la esperanza que fue nuestra discreta crítica del año pasado, al deplorar la total ausencia de los autores de las obras dentro de las nominaciones, lo que generó este feliz cambio.

Sin embargo, nuestro Decano no aprende, así tenga cada vez más y más medios en circulación en su poder:
Las obras nominadas a la mejor del año brillan por la ausencia del principal progenitor de cada proyecto: sus autores. Insisten en afirmar que les pertenecen a los directores. Felizmente estamos aquí para apoyar desinteresadamente a los redactores del diario de los Miró Quesada (a pesar de no haber todavía comprado nuestras acciones).

Corazón normal (The normal heart) es de Larry Kramer; El Chico de Oz (The boy from Oz) es un musical basado en la vida de Peter Allen, con libreto y libro originales de Martin Sherman y Nick Enright, respectivamente; Doce hombres en pugna (12 angry men) es de Reginald Rose; Ricardo III (The Life and Death of King Richard III), es de William Shakespeare. Mariana De Althaus es la única autora y directora que sí es “propietaria” absoluta de su montaje Padre Nuestro, en el listado mencionado.
Y finalmente, si ustedes, amables lectores, son algo perspicaces, se darán cuenta que las obras nominadas a la mejor del año han sido presentadas en el Teatro La Plaza (tres), en el Centro Cultural de la Católica (una) y en el Teatro Municipal (una). En fin, una raya más al tigre, qué más da.

A continuación, el listado completo de nominados:  

Obra del año
“Corazón normal”, de Juan Carlos Fisher.
“El chico de Oz”, de Mateo Chiarella.
“Doce hombres en pugna”, de Ricardo Morán.
“Ricardo III”, de Chela de Ferrari.
“Padre nuestro”, de Mariana de Althaus.

Mejor dramaturgia nacional
“La chica de la torre de marfil”, de César de María.
“Números reales”, de Rafael Dumett.
“¿Eres tú, pequeño?, de Daniel Amaru Silva.
“Padre nuestro”, de Mariana de Althaus.
“La eternidad en sus ojos”, de Eduardo Adrianzén.

Actor de reparto
Ricardo Velásquez, “Doce hombres en pugna”.
Carlos Tuccio, “Doce hombres en pugna”.
César Ritter, “viaje al final de la noche”.
Raúl Zuazo, “El apagón”.
Paul Martin, “Corazón normal”.

Mejor actor
Leonardo Torres, “Doce hombres en pugna”.
Alberto Ísola, “Viaje al fin de la noche”.
Miguel Iza, “Ricardo III”.
Marcos Zunino, “El chico de Oz”.
Omar García, “Deseo bajo los olmos”.

Actriz de reparto
Wendy Ramos, “El apagón”.
Haydée Cáceres, “Ricardo III”.
Elena Romero, “El chico de Oz”.
Vanessa Vizcarra, “Cenando entre amigos”.
Ana Cecilia Natteri, “A la gente le gusta el té”.

Mejor actriz
Vanessa Saba, “Un dios salvaje”.
Denise Arregui, “Después de la lluvia”.
Jimena Lindo, “Casa de muñecas”.
Sofía Rocha, “Viaje al fi nal de la noche”.
Mirella Carbone, “El baile”.

Notables obras y excelentes intérpretes entre los nominados, a los cuales felicitamos y celebramos. La lista completa de los Premios Luces, aquí.

El 1° de diciembre, como ya es costumbre, haremos nuestro particular balance de lo mejor de las artes escénicas dentro del panorama independiente, rescatando a los sufridos teatristas que presentan sus trabajos teatrales con mucho profesionalismo y creatividad en nuestras salas alternativas, ajenas por completo a nuestro medio periodístico más representativo, que a pesar de tener ahora más "sucursales", aún no puede mirar más allá de su sesgado panorama.

Sergio Velarde
12 de noviembre de 2013

sábado, 9 de noviembre de 2013

Crítica: UN BICHO QUE DA BESHOS PARA SALVAR EL PLANETA

Las mejores intenciones ecológicas

La moda ecológica sigue su avance, centrándose en propuestas teatrales especialmente dirigidas a los niños, para hacerles partícipes de los gravísimos peligros que le ocasionaríamos al planeta de seguir contaminándolo. Montajes como los que presenta el grupo Palosanto (Villasucia, La zorra vanidosa, por ejemplo), engranan con coherencia sus tramas con el necesario cuidado del medio ambiente. Pues bien, una nueva obra se suma a la causa: la Asociación Cultural Comunicando Senti2 y el Centro Cultural El Olivar presenta, con el apoyo del Ministerio de Cultura, la pieza Un bicho que da beshos para salvar el planeta, escrita y dirigida por Gabriela Aliaga, que demuestran las muy buenas intenciones de la creadora, pero que no funcionan del todo en su puesta en escena.

La trama es bastante sencilla: un bosque es deforestado progresivamente por Mariano (Leito Monteverde), un pintoresco inversionista de bienes raíces, completamente ajeno a la ecología. Es entonces que la Anaconda (Cristina Urueta), el Paiche (Walter Huallpa) y el Mono Maquisapa (Juan Carlos Díaz) deben unirse para hacerle frente, en complicidad con los niños, para detener tamaña atrocidad. Y aquí viene lo mejor del montaje: algunos niños suben al escenario para recoger la basura arrojada por Mariano en cajas de reciclaje, en otras palabras, ponen en práctica real el leitmotiv del montaje. No sucede lo mismo cuando la directora deja suelto en plaza al (supuesto) antagonista de la obra, pues Monteverde es demasiado vital y carismático como para ganarse el odio de los niños, quienes por el contrario, le dan siempre la razón y hasta son cómplices de sus maldades.

Algunos códigos escénicos también están poco definidos, como por ejemplo: si el gran Árbol es incapaz de moverse por ser un vegetal, ¿cómo sí se pueden mover las flores? Si estas últimas son manipuladas por los actores vestidos de negro, supuestamente inexistentes teatralmente, ¿por qué aparecen después con los mismos vestuarios portando sierras eléctricas y hablando? Pero estos detalles parecen no afectar demasiado el montaje, que goza de la total atención de los pequeños, gracias al trabajo actoral en conjunto. Un bicho que da beshos para salvar el planeta es un irregular montaje ecológico, pero realizado con esmero y con las mejores intenciones.

Sergio Velarde
10 de noviembre de 2013

domingo, 3 de noviembre de 2013

Crítica: EL VIGILANTE ENMASCARADO

Digno musical comiquero sin playback

Más allá de los logros artísticos o estéticos, la Asociación Cultural Plan 9 y el director David Carrillo han demostrado fehacientemente, con el estreno del musical El Vigilante Enmascarado, que el “playback” dentro de una obra de teatro resulta, a estas alturas, completamente prescindible. El Teatro Larco es el lugar en el que diez jóvenes egresados del Taller de Actuación de Carrillo, nos cuentan una historia cantando, con pista grabada y sin micrófonos, acerca de un héroe urbano que debe enfrentarse contra la injusticia y la corrupción, que se han apoderado del gobierno y de los medios de comunicación. Se nota un evidente desnivel entre los volúmenes y afinaciones entre los actores, pero con la entonación y energía desplegadas por sus interpretaciones en conjunto, consiguen un espectáculo por encima del promedio.

Escrita por Maritza Núñez (autora también de ¡Baila con la muerte! Tragicomedia de arquetipos), con la composición musical de Sadiel Cuentas, El Vigilante Enmascarado narra la historia de un humilde panadero, que debe luchar contra la malvada alcaldesa Albertina Midori, que busca desesperadamente la re-elección; y un siniestro hombre llamado Vladim Montés, que tiene dominada a toda la prensa, justamente en época de elecciones. Con una fuerte influencia de las historietas de ciudadanos en peligro y héroes por necesidad, las historias se entrecruzan con bastante fluidez y rápidamente conocemos a los personajes, muy bien bosquejados. A destacar la caracterización de la animadora de talk-show Lara Pozo, haciendo pasar a los “desgraciados” a su set y servida por los miles de dólares que recibe de Montés.

Los actores, que además interpretan otros papeles secundarios, evidencian un total compromiso y profesionalismo en escena: Óscar Meza y Valentín Prado (de ¿Qué tortura?), Emily Yacarini (de Las mujeres y Wallace), Nella Pantoja, José Antonio Buendía, Carla Valdivia, Toño López, Bárbara Falconí, Jonathan Ram y Martín Velásquez como el Vigilante Enmascarado. Carrillo demuestra lo buen director que es para adaptar la trama a la escenografía de la obra estelar del Teatro Larco y además, potenciar las habilidades histriónicas de su elenco. El Vigilante Enmascarado es un excelente e irreverente musical con todas las de la ley; constituye una arriesgada y exitosa propuesta teatral que merece verse.

Sergio Velarde
03 de noviembre de 2013

sábado, 2 de noviembre de 2013

Crítica: LA NIÑA FRÍA

Los caminos de la violencia

El autor alemán Marius Von Mayenburg ya es bastante conocido en nuestro medio, gracias a la feliz decisión de Jorge Villanueva, de estrenar obras alemanes contemporáneas con su grupo Ópalo y con elencos de los talleres de actuación a su cargo. El año pasado, con alumnos de la ENSAD, se estrenaron El feo (Der Häßliche, 2007) y Parásitos (Parasiten,1999), dos notables ejercicios teatrales: el primero, abrazando la fina comedia con absoluta convicción y naturalidad; y el otro, el hondo drama con sufridos y atormentados personajes. Hace poco terminó la temporada de La piedra (Der Stein, 2008), conmovedor espectáculo que narraba el difícil trance que atravesó la nación alemana en tres generaciones distintas.

La Niña Fría (Das Kalte Kind, 2002), estrenada en la AAA a cargo del segundo nivel del taller del grupo Ópalo, continúa en el mismo sendero de calidad antes mencionado. Jorge Villanueva asume el riesgo y dirige con limpieza y precisión a su joven elenco, al lado de dos experimentados actores como Lilian Nieto y Lucho Ramírez, en una obra que indaga personalidades con matices no explorados en los estrenos antes mencionados del autor. Cuatro parejas conformadas por Papá y Mamá, dos complicadas hijas en busca del esquivo amor, dos hombres con serios problemas psicológicos, y unos esposos que aparentan mucha decencia ante los demás, pero que aparentemente no pueden aceptar el hecho de que su pequeña hija Nina, muy fría al tacto y a la que pasean permanentemente en su coche, no es más que una muñeca.

Se trata pues, de un intenso y violento drama con puntuales pinceladas de humor que confirma a Von Mayenburg como uno de los dramaturgos alemanes contemporáneos más interesantes, con ingeniosos diálogos que rayan lo absurdo, en los tres actos bien marcados del montaje: la larga secuencia en la cafetería, las nupcias y las exequias. A destacar el trabajo del elenco en pleno, que logra escenas provocadoras y de mucha fuerza, como por ejemplo, la perturbadora revelación de la “niña fría”. Ramírez también está impecable como el patriarca de la familia, bien secundado por Nieto. El director Jorge Villanueva consigue un nuevo triunfo teatral con La Niña Fría, siempre apoyándose en textos de gran calidad.

Sergio Velarde
1° de noviembre de 2013