domingo, 30 de octubre de 2011

Crítica: EL AMOR YA NO ES LO QUE ERA

¿Hasta cuándo la informalidad?

Con ese afiche ya todo estaba “cantado”. Asistir al cómodo y nuevo Teatro Auditorio del colegio Miguel Grau en Magdalena para ver la obra El amor ya no es lo que era, comedia escrita y dirigida por Federico Merani, es como entrar en una máquina del tiempo y retroceder varias décadas, cuando supuestamente todavía no se “descubría” el verdadero potencial que tenía el teatro en sí como medio de comunicación, como herramienta para emocionar y cuestionar al público, y por supuesto, como un sano e inteligente entretenimiento. Pues Merani no es Osvaldo Cattone, tampoco es Tito Salas, y por lo tanto no puede salvar su débil y además dilatada comedia de enredos, que cuenta con un irregular elenco (que él mismo integra) y con una dramaturgia fallida, plagada de situaciones en absoluto inverosímiles.

La historia va como sigue: Renato (Havier Arboleda) es un mujeriego incorregible, dueño de una empresa con obreros varones exclusivamente, a punto de cumplir 45 años, divorciado tres veces y con ansias de encontrar el verdadero amor. Como El amor ya no es lo que era, sus grandes amigos, el homosexual Virgilo (Merani) y el bisexual Carlos (Renato Iberico), sólo parecen complicarle su existencia, especialmente con la aparición de un amor del pasado de nombre Talula (debut de la cantante Ghiis), quien busca recuperar el tiempo perdido. Toda la trama no tiene ni pies ni cabeza, con algunas pinceladas de humor involuntario y nada más. Acaso el hacer mención que aparece un bebé siendo cargado con toda naturalidad dentro de una maleta para pizzas (!), sea suficiente para entender el supuesto humor del director.

Las actuaciones, a pesar de los esfuerzos de un actor entrenado como lo es Iberico, nada pueden hacer para hacer creíble o al menos, medianamente entretenida, la imposible historia de amor, pues como ya sabemos, El amor ya no es lo que era. Finalmente, y de acuerdo a la publicidad que “adorna” el afiche, se debe señalar que la presente obra tuvo su estreno mundial aquí, antes del propio en las ciudades de Los Ángeles, Buenos Aires, Bogotá, Off Broadway y Madrid (sic). Ojalá encuentre su público objetivo por esos lares, pues acaso por allá El buen teatro ya no es lo que era.

Como nota adicional, al investigar sobre el pasado del dramaturgo y director Federico Merani, descubro que escribió y dirigió una obra el año pasado llamada Los indestructibles, protagonizada por Cecilia Tosso y Gustavo Mac Lennan, producida por Vicky Paz y estrenada en el Teatro Auditorio Miraflores. Así lo confirman el portal ADONDEVAMOS.PE y el periodista Ernesto Jerardo “La Estrella”. Lo que no mencionan ambos medios es que dicha obra no es otra que Dinosaurios, comedia escrita y dirigida por el dramaturgo argentino Santiago Serrano, tal como lo demuestra su página oficial y lo confirman las sinopsis de las notas de prensa aparecidas sobre Los indestructibles, en donde Merani no hace mención alguna al verdadero autor de su montaje. Una lástima que a estas alturas se continúe con la informalidad en un nuestro medio teatral. Una pena, pues La informalidad en el teatro sigue siendo aún lo que es.

Sergio Velarde
30 de octubre de 2011

viernes, 28 de octubre de 2011

Crítica: NAVAJA EN LA CARNE

Una mirada a nuestras miserias

Plinio Marcos es un autor brasilero que se caracteriza por retratar las miserias de los parias de la sociedad, sin dejar de exponer con sutileza sus sentimientos y sus motivaciones. En Perdidos en una noche sucia (acaso su obra más representada en nuestro país y que encontró su montaje ideal, obviamente, en el dirigido por Jerry Galarreta), Marcos expone la tirante relación de dos delincuentes que luchan a muerte por un par de zapatos que podrían rescatarlos de su dura realidad. La crudeza del intercambio verbal de los personajes resulta siempre lo más destacable del drama. Actualmente se viene presentando en la AAA, con la producción de Pasión Mystica Teatro, Navaja en la carne, otra mirada del autor a un puñado de personajes que habitan en zonas marginales y su desesperanzadora vida, de la cual aparentemente no pueden ni quieren escapar.

La pieza Navaja en la carne (escrita en 1967, pero que aún posee contundente actualidad) nos traslada a una sucia habitación en la que conviven una cansada y recorrida prostituta con su abusivo proxeneta; la convivencia es atroz, pero ambos parecen estar conformes con su miserable estilo de vida; especialemente ella, quien es sometida a una terrible agresión física y sicológica por parte de él. La desaparición de un dinero dentro del cuarto trae a escena al homosexual encargado de la limpieza, quien saca a relucir la sordidez de la pareja, que termina en un brutal duelo verbal. Los diálogos, de fuerte carga erótica y contenido vulgar, son contundentes y recrean el insoportable ambiente en el que los personajes se encuentren inmersos.

El ahora director José Medina (antes actor de reparto en todos los montajes de Pasión Mystica Teatro) propone un sencillo y directo montaje, con mínimos cambios de luz y efectos de sonido, privilegiando la acertada construcción de los personajes marginales que participan en la historia. Javier Quevedo convence como el bravucón protagonista, especialmente en su ensañamiento con la prostituta; y Santiago Moreno se luce como el divertido homosexual, cuando intenta seducir al matón. Mención especial para Jacqui Chuquillanqui, quien hace creíble la desesperanza de su otoñal prostituta, así como su absurda decisión de someterse día a día al lado del hombre que más la humilla. Y es que Chuquillanqui es creíble y se mueve con igual solvencia en drama y comedia. Navaja en la carne de Plinio Marcos es un modesto pero contundente retrato de las miserias del ser humano.

Sergio Velarde
29 de octubre de 2011


domingo, 23 de octubre de 2011

Teatro universitario: LOS ÁRBOLES MUEREN DE PIE

Teatro universitario en buena forma

Este año la Universidad Privada Antenor Orrego fue la sede del XVI Encuentro Nacional de Teatro Universitario Peruano y del I Encuentro Internacional de Teatro Universitario, que se desarrolló desde el 17 al 22 de octubre en la ciudad de Trujillo. La coordinación de este evento estuvo a cargo de la Coordinadora Nacional de Teatro Universitario Peruano (CONTUP), que dirige el Lic. Raúl Vásquez, también director del elenco de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega. Justamente la obra que presentó dicha universidad en el mencionado evento fue Los árboles mueren de pie, una de las obras más populares y recurrentes de Alejandro Casona. Sobre el montaje, hay que recalcar la valoración de un hermoso texto, en el que se mezclan el drama, la comedia, la esperanza y la emoción. La historia juega con el engaño del señor Balboa, quien busca desesperadamente ocultarle la verdad a su esposa acerca del destino y de la maliciosa personalidad de su nieto. Vásquez debe corregir algunos aspectos técnicos, pero acierta con la riesgosa elección de un actor para el papel de la abuela. Felizmente Luis Espinoza, a pesar de no ser un actor profesional, otorga la dosis exacta de ternura y fuerza para no caer en el fácil estereotipo. El resto del elenco cumple satisfactoriamente, aunque algunas caracterizaciones, como la del personaje de la criada, deben revisarse. Esta versión de Los árboles mueren de pie, a pesar de ser ejecutada por un elenco aficionado casi en su totalidad, resulta mucho más coherente y sincera que otros montajes, supuestamente profesionales, pero que dejan entrever su lamentable informalidad. Pero ya escribiremos de ello muy pronto.

Sergio Velarde
23 de octubre de 2011

sábado, 22 de octubre de 2011

Crítica: VISITANTE NO IDENTIFICADO

Curiosos encuentros cercanos

Discurre en ciertos círculos un errado concepto sobre la producción en el teatro independiente: creer que el economizar significa por ejemplo, contar con un elenco cada vez más reducido, que interprete varios personajes en la obra; convocar a una persona sin entrenamiento previo y sin la mística teatral obligatoria para apoyar en la parte técnica; y un promotor que escriba, actúe, dirija y produzca la obra, sabiendo de antemano que no podrá cumplir al 100% sus deberes, en demérito de la puesta en escena. Es necesario dejar sentado que cualquier carencia que pueda afrontar un grupo de teatro independiente (¿qué grupo no tiene problemas en producción en estas épocas?) debe ser resuelta de manera creativa por parte de los responsables del proyecto. Y por supuesto, tomando en cuenta siempre el respeto hacia el sufrido público, que frecuentemente hace las veces de conejillos de indias. Felizmente, esta mentalidad poco a poco está desechándose, gracias a la calidad de la mayoría de teatristas independientes.

Acaso importe este comentario antes de reseñar la nueva puesta en escena de La Caja de Oropel Producciones, estrenada en el Teatro Auditorio Miraflores, titulada Visitante no identificado. Un freak llamado Odiseo (Alfonso Pagaza), ávido por descubrir la existencia de vida extraterrestre, encuentra en la calle a un misterioso ser llamado Xadón (Edward Montano), quien afirma haber sido abandonado en este planeta por expedicionarios del planeta Tryor. La comunicación entre ambos personajes es posible, gracias a los conocimientos de Odiseo en el idioma de Xadón. Así se inicia el aprendizaje por parte del supuesto extraterrestre para poder sobrevivir en nuestro mundo. Sin embargo, las apariencias engañan y ambos personajes finalmente revelarán sus verdaderas intenciones. Si bien la historia resultó interesante por momentos, la caótica operación de luces y sonido, así como el retraso en el inicio de la función y los largos cambios de escena, le restó demasiados puntos al montaje, debido principalmente a la inasistencia del operador de luces y sonido, que tuvo que ser reemplazado a última hora.

Al autor, director y actor de Visitante no identificado, Alfonzo Pagaza, le pasa factura el pretender abarcar demasiadas funciones en el montaje, pues esto conlleva al descuido de esos detalles técnicos, que pueden parecer triviales en un inicio, pero que terminan por arruinar la función. Los dilatados cambios de escena pueden ser corregidos, ya sea con la presencia de más apoyo en tramoya o utilizando creativamente las luces. A estas alturas, el apagón y la interminable música de fondo pueden ser sustituidas de mil maneras con creatividad. Contar con un técnico que pueda faltar a una función, sea cual sea el motivo, denota una enorme irresponsabilidad pues su labor es crucial para el espectáculo. Ni siquiera el director pudo asumir esta función, ya que participó en el montaje como actor. Actuar y dirigir a la vez son dos responsabilidades muy grandes para una sola persona; la decisión de asumir ambas debe ser tomada con mucha prudencia y siempre tomando en cuenta el no descuidar la calidad del espectáculo. De las tres funciones que asume Pagaza en la obra, la que tiene mayor mérito es la de dramaturgo, pues Visitante no identificado tiene una historia curiosa que bien pudo ser mejor aprovechada.

Sergio Velarde
22 de octubre de 2011

viernes, 14 de octubre de 2011

Entrevista: ALONSO CHIRI

Pasión por el teatro

El Teatro de mi Vida es un muy visitado blog creado por un joven apasionado de las artes escénicas y lleno de una energía desbordante: Alonso Chiri, sobrino nieto de la teatrista María Isabel Chiri, quien gentilmente atendió nuestro pedido para una entrevista en El oficio crítico, con motivo de celebrarse los dos primeros años de su bitácora teatral, en la que entrevista a actores y directores; además de comentar estrenos teatrales en nuestra capital. “Al inicio, yo mismo me puse de sobrenombre Alonso El Champiñón”, recuerda Alonso. “En las reuniones familiares siempre éramos mi computadora y yo. Era muy tímido y calladísimo”. Una historia muy conocida para todos aquellos que estamos inmersos en el mundillo teatral (incluido quien escribe). “Hace 4 años mi papá me llevó a ver varias obras, entre ellas una obra de Moliere en el Centro Cultural de La Católica. Luego de la función no podía dejar de hablar de ella. Estaba “alucinado” con los actores, las luces, con todo. Algo hervía dentro de mí”, recuerda emocionado. Fue así que esa energía interna que Alonso sentía hacia el teatro, se volcaría después en un interesante blog que existe desde el 2009.

“Entré primero al Taller que dictó Oscar López Arias, luego de ver dos de sus obras: Arsénico y encaje antiguo y El mentiroso, recuerda Alonso, quien se volvió en el alumno más empeñoso del taller. “Para cada cosa que Oscar pedía, yo levantaba la mano. Oscar tuvo que pedirme después que le diera la oportunidad a los demás compañeros”. Luego Alonso llegó (cómo no) al Club de Teatro de Lima, la ya mítica institución teatral a cargo del señor Reynaldo D’Amore. “Estuve sólo dos años en el Club”, precisa el bloggero, quien también tenía que atender sus estudios de Ingeniería de Sistemas en la Universidad San Martín. “En el Club me enseñaron Gerardo Cárdenas y Pold Gastello. Con Gerardo reforcé mi parte creativa, teníamos que inventar historias en 15 minutos. Con Pold tuve las cosas más claras, ya que inmediatamente comenzamos los ensayos de nuestra muestra, que se llamó La vida sigue igual de Emilio Carballido”.

La génesis del blog









Sobre la creación del blog El Teatro de mi Vida, Alonso nos cuenta que “todo comenzó en el Teatro La Plaza Isil, cuando asistí, invitado por mi amiga Gloria Farfán, a ver la obra Incierto Concierto. En la obra, Gisela Ponce de León juega con el público y me sacó a escena a participar. Fue muy emocionante. Esa noche no pude dormir ni de madrugada, estaba lleno de energía y decidí crear el blog”. Elegir el nombre fue tarea difícil, ya que el que más le gustaba ya estaba tomado: Tu vida es puro teatro ya era el blog del dramaturgo César De María. “Fue así que decidí llamarlo El Teatro de mi Vida, escribí todo lo que ya comenté y listo”. Alonso trata de abarcarlo todo, aunque sabe lo difícil que esto puede resultar. “Lo que yo quiero hacer es contarles a todos sobre el gran trabajo que realizan los actores y directores”, cuenta entusiasmado. “Hacer una obra de teatro cuesta, es mucha “chamba”, sudor y sufrimiento. Quiero compartir todo este proceso con los que visiten el blog".

Una anécdota muy simpática fue la que tuvo cuando entrevistó al actor Carlos Tuccio. “¿Eres pariente de Manuel Chiri?, me preguntó. Le contesté que sí y luego me dijo que conocía a mi tío abuelo del trabajo en el banco, y a mi tía abuela del teatro. Fue una conversación muy divertida e interesante”. Alonso considera que él es el único de la familia que heredó la “locura” del teatro, si bien es cierto tiene primos y primas que también actúan. “Siento una pasión desbordante por el teatro y me demoro hasta más de 12 horas en preparar cada una de las entradas a mi blog”. También afirma que uno de los grandes problemas que afectan al teatro actual es la falta de comunicación y unión entre los teatristas. “Fue una sorpresa para mí conocer a tantos actores y directores en la reunión que se realizó con la ministra. Tenemos que conocernos más para poder estar unidos”, afirma.

Finalmente Alonso Chiri les da un consejo a aquellos jóvenes que deseen incursionar en el teatro y que sienten la misma pasión por él. “La actriz Ana Cecilia Natteri me dijo algo muy sabio: Excelente que el teatro te haga volar, pero debes tener algo que te haga retener tus piececitos en la tierra. Si te gusta la actuación o el teatro, aprende algo, estudia algo”, concluye Alonso. Desde El oficio crítico le deseamos mucho éxito con su blog El Teatro de mi Vida y que su pasión desbordante por el teatro nunca se extinga. El teatro necesita de comunicadores como él.

Sergio Velarde
14 de octubre de 2011

lunes, 10 de octubre de 2011

Crítica: TODAS LAS SANGRES

Arguedas siempre vigente

Sumándose al centenario del nacimiento de José María Arguedas, como ya lo hiciera el grupo Teatro del Sol y su obra Mitos de fuego, el Taller de Teatro Zapatos Rotos rinde homenaje a nuestro ilustre hombre de letras, quien reivindica como ningún otro a los forjadores andinos. Acaso lo que diferencia a Arguedas de otros indigenistas es el ver al indio desde dentro. Despreciado por su madrastra al morir su padre, es obligado a dormir en la cocina con los indios y convivir con ellos. Es por ello que en su obra involucra aspectos económicos, sociales, políticos y religiosos dentro de la cultura occidental, revalorando al mundo andino, la comunión con la naturaleza y especialmente, la justicia.

La trascendental obra de José María Arguedas, Todas las sangres, adaptada al teatro por Áureo Sotelo y presentada por el Consorcio Cultural La Compañía en Los Olivos, es un crudo retrato de la situación social del gamonalismo andino anterior a la reforma agraria de Velasco. El suicidio del viejo hacendado Andrés Aragón y Peralta (Freddy Miranda) provoca que su herencia sea repartida entre sus hijos Bruno (Roger Guerrero) y Fermín (Martín Sepúlveda), ambos con caracteres muy diferentes. En medio de ellos, el minero Rendón Willka (Miguel Cano) se convierte en el digno héroe que defiende los derechos de los indios; mientras que el inescrupuloso ingeniero Cabrejos (Jhimi Zegarra), en el malvado intrigante que sólo busca su conveniencia económica.

El director Arturo Fernández saca partido a su joven y numeroso elenco, muy entusiasta y enérgico, para mantener el ritmo de la obra interpretando a varios personajes cada uno; además de aprovechar el reducido espacio que dispone con paneles y cubos. La utilización de algunas máscaras y el vestuario enriquecen la puesta, así como el baile y música en vivo. Acaso el recargado maquillaje en las caracterizaciones, como en el caso del patriarca don Andrés, desentone debido a la cercanía del público con los actores. Los movimientos corporales durante las escenas con diálogo son coherentes, pero también deberían estar presentes en las escenas con Matilde (Ginger Apaza). A destacar también el personaje de Asunta (Sandra Quiroz), muy preciso y convincente. Todas las Sangres de Arguedas es una obra coral en donde se encuentran todas las razas y culturas del Perú, y que el Taller de Teatro Zapatos Rotos se encarga de mantener vigente.

Sergio Velarde
10 de octubre de 2011

sábado, 8 de octubre de 2011

Crítica: PEDRO Y EL CAPITÁN

Conmovedora lucha psicológica

Pedro y el capitán, obra de teatro escrita en 1979 por el escritor y poeta uruguayo Mario Benedetti, nos remite a una época muy cercana a nuestra realidad: los interrogatorios entre las fuerzas del orden y los detenidos por apoyar causas izquierdistas durante la dictadura militar uruguaya. La misión del capitán en cuestión es la de averiguar datos y acciones de los implicados en las manifestaciones contra el régimen; mientras que la de Pedro, ocultar y proteger a sus colaboradores, a pesar de las terribles amenazas y castigos que sufre. La violenta etapa de la historia reciente de Uruguay es muy reconocible por nosotros, ante las reiteradas denuncias de abusos cometidos contra los presos políticos. Pero, más allá de las motivaciones de ambos personajes, erradas o no, la pieza nos envuelve en una dilatada y emocionante lucha psicológica.

Dividida en cuatro cuadros, Pedro y el capitán nos muestra un vibrante diálogo entre el mencionado capitán, representante de las fuerzas armadas; y Pedro, víctima de la persecución a los activistas de las ideologías de izquierda durante la dictadura militar de su país. Los brutales abusos físicos cometidos contra el preso no son mostrados en el escenario, pero sí sus consecuencias. En el primer cuadro, Pedro no pronuncia una palabra, siempre encapuchado con un sucio costal, negándose a delatar a sus socios ante las insistentes preguntas y amenazas del capitán. El mismo resultado obtiene el capitán en los siguientes interrogatorios, pero ahora él es quien comienza a relatar anécdotas familiares, las figuras de autoridad parecen modificarse, hasta producirse el quiebre emocional del capitán en el último acto.

La puesta en escena de Pedro y el Capitán, dirigida por Jimena Del Sante, acierta al elegir su espacio: el sótano del Centro Cultural Juan Parra del Riego es lo suficientemente oscuro, húmedo y claustrofóbico como para semejar un intimidante calabozo subterráneo. El capitán, interpretado por José Miguel Arbulú, inicia el interrogatorio con mucha energía y llega a ser realmente perturbador. Sin embargo, algunos detalles como su particular orden y su obsesión por la limpieza no son coherentes del todo cuando, por ejemplo, manipula el costal ensangrentado y sucio de Pedro, colocándolo junto al café sobre su mesa. Acaso lo sobresaliente del montaje sea la actuación de Ray Álvarez como Pedro, quien hace creíble a este torturado, que nunca revela su secreto y quiebra sicológicamente a su torturador. Algunas escenas, como la onírica, en la que Pedro se libera metafóricamente de sus ataduras, son arriesgadas pero ajustadas a la propuesta de la directora. Las luces y los sonidos apoyan la recreación del ambiente. Pedro y el capitán es una pieza bien ejecutada, sólida y conmovedora, que retrata con acierto la lucha ideológica entre dos hombres no muy diferentes entre sí.

Sergio Velarde
08 de octubre de 2011