domingo, 26 de septiembre de 2010

Crítica: OCTUBRE NEGRO


Adaptación cómica de “Otelo” muy funcional

Martín Abrisqueta, actor y autor de la obra Octubre negro, basada libremente en Otelo, señala al terminar su última función en la AAA, que a pesar de algunas críticas recibidas que atacaban esta nueva versión, actualizada y “peruanizada” de la notable tragedia de Shakespeare, dicha temporada se realizó con mucho respeto hacia este clásico mundial. Hay que reconocer que luego de apreciar el montaje, se le debe dar la razón a Abrisqueta. Se ha escrito mucho acerca de hasta qué punto se pueden adaptar los textos universales, con el propósito de darles una nueva lectura, revisitarlos creativamente o traerlos hacia nuestro propio contexto para “facilitar” su entendimiento en el nuevo espectador. A veces se logran aciertos contundentes, pero también llegaron a escena rotundos disparates: quedarán para el recuerdo las pobres hijas de Bernarda Alba, ya sea interpretadas inexplicablemente por varones o por bellísimas actrices llorando su fealdad; o las comedias de Moliere, destruidas en versiones libres y criollas, amparados en una supuesta variante de la “comedia del arte”. Lo cierto es que, mientras se respete el objetivo del autor en primer lugar, las posibilidades de acertar teatralmente crecen considerablemente.

Octubre negro sigue la misma línea argumental de “Otelo”, pero situando la acción primero en Lima y luego en Cuzco, dentro de un contexto militar en plena lucha contra el terrorismo y el narcotráfico, en el que el “Negro” (Abrisqueta) vive un romance prohibido con “Desi” (Claudia Burga), hija de un congresista corrupto y racista, mientras que es víctima de las astutas maquinaciones de “Yago” (Nelson Tafur), un envidioso soldado que odia en secreto al “Negro” y busca su aniquilación. La adaptación de los nombres, lugares y situaciones es inteligente, con varios momentos cómicos que no lucen incoherentes ni involuntarios; por el contrario, le dan brío y energía a la puesta en escena y mantienen el interés en la historia. Reconocible la dirección por encargo de Juan Carlos Díaz, quien siempre busca la fluidez y la solvencia en sus montajes.

No hay un desnivel notorio en las actuaciones; Abrisqueta y Burga interpretan con convicción a la trágica pareja protagónica, especialmente en la escena clave, que es el asesinato de “Desi” por el “Negro”. Como en cualquier versión de “Otelo”, ya sea clásica o adaptada, es el personaje de “Yago” en el que recae todo el peso dramático: Tafur está impecable como este hipócrita antagonista, cuidando al detalle cada gesto, pausa y entonación en sus parlamentos. La troupé habitual del grupo Pasión Mystica (Chuquillanqui, Medina, Calvo, Prieto, Quevedo y Moreno) tiene esta vez breves papeles en la obra, que cumplen con bastante soltura. Abrisqueta y Díaz logran una entretenida revisión de este clásico de Shakespeare, convirtiendo a “Octubre negro” en una digna adaptación de una de las tragedias más conocidas del bardo inglés.

Sergio Velarde26 de septiembre de 2010


sábado, 18 de septiembre de 2010

Crítica: BODAS DE SANGRE


Un digno homenaje a Lorca   

¿Cuál es la suerte que tiene un clásico del teatro en nuestra capital? Pues, lamentablemente, no pocos “productores” llevados por una inquietante codicia, deciden “rendirles homenaje”, preparándolos apuradamente, sin ensayos, sin pruebas de vestuario, sin análisis de texto y sin el menor intento por ofrecer un producto decente y estilizado. Sólo importa la venta en colegios y llenar salas con funciones vendidas, timando a despistados profesores y haciéndoles tanto daño a los pobres escolares, que probablemente, luego de ver dicho montaje, jamás vuelvan a pisar un recinto teatral.

Por eso, resulta motivador que el director Miguel Pastor, responsable de la excelente puesta en escena de Los cachorros de Varga Llosa, lleve a escena “Bodas de sangre”, capital e inmortal tragedia en verso de Federico García Lorca, como parte de la I Convocatoria de Ayudas a la Producción y Exhibición en Artes Escénicas en la Casa de España. El argumento es bien conocido: la Novia huye el día de su boda con su antigua pareja Leonardo, y ambos son perseguidos por el Novio desencadenando la tragedia. Todos los elementos lorquianos están presentes en la puesta en escena y en cada personaje: la Vida, la Muerte, el Amor y la Pasión; así como también los símbolos: la Luna, el Puñal y el Cuchillo. Rindiéndole homenaje a la película de Carlos Saura del mismo título, la música y el baile también están presentes con el ballet "Pasión Flamenca".

Acaso la principal dificultad para el total disfrute de la obra radique en algunas actuaciones. Los personajes secundarios brillan con luz propia y consiguen los mejores momentos: los gestos y miradas que vaticinan la tragedia de Mirtha Ibáñez, como la mujer de Leonardo; el veterano Ismael Contreras resulta totalmente convincente como el interesado padre de la Novia; la absoluta naturalidad de Carmela Izurieta, como la suegra de Leonardo; y la energía y técnica de Eileen Céspedes, en doble papel, como la Vecina y la Criada. Del elenco principal, sólo Carolina Infante logra transmitir el hastío y el apasionamiento sincero en sus primeras escenas, pero una vez desatada la tragedia, sus compañeros en este triángulo amoroso, no la ayudan a escapar del estereotipo. Tal vez la actuación más fallida sea la de una muy afectada Mónica Domínguez como la Madre: en este papel, crucial en el desarrollo de la obra, resulta muy melodramática y exterior en sus emociones.
Con todo esto, el texto de Lorca es infalible y la limpia dirección de Pastor lleva a buen puerto este montaje, que definitivamente crecerá en un espacio más amplio que el que ofrece la Casa de España. “Bodas de sangre” resulta de visión recomendable, no sólo por su clásico y contundente texto, sino también por ser un espectáculo digno y entretenido.

Sergio Velarde

13 de septiembre de 2010

viernes, 17 de septiembre de 2010

Crítica: LA MANZANA PROHIBIDA


Excelente regreso de Libre Palabra   

En el mes de julio, el Centro Cultural de España ofreció en su espacio los estrenos de cuatro proyectos beneficiados a través de la I Convocatoria de Ayudas a la Producción y Exhibición en Artes Escénicas, que tiene como objetivo apoyar y estimular a grupos teatrales a financiar sus estrenos. En este marco, se presentó la obra La Manzana Prohibida de Gonzalo Rodríguez Risco, a cargo del grupo Libre Palabra (que vuelve a escena con esta pieza), con las actuaciones de Yuri Cárdenas y Sergio Ota, bajo la dirección de Carlos Acosta.

La Manzana Prohibida fue ganadora del Primer Concurso Nacional de Dramaturgos Jóvenes del Centro Cultural La Noche en 1997 (y estrenada al año siguiente por Pipo Gallo con las actuaciones de Vanessa Robbiano y Marco Zunino) y es una de las más reconocidas de su autor, tan certero en el retrato de una juventud limeña llena de secretos, prejuicios y mentiras como en Un verso pasajero o Asunto de tres. Verónica y Juan Carlos, a pesar de gozar de una amistad que data de varios años, no se conocen del todo. Y un fin de semana, encerrados en un departamento, sacará a relucir las verdaderas intenciones de ambos, a través de agudos diálogos y escenas oníricas.

Buen trabajo de Ota y Cárdenas, especialmente esta última, quien no se deja ver muy seguido en las tablas. Ambos logran darle frescura y dinamismo a sus personajes, volviéndolos creíbles y entrañables. Como ya es costumbre, la dirección de Acosta es limpia, ordenada y fluida; aprovechando todos los recursos escénicos y dirigiendo con precisión a sus actores. La Manzana Prohibida supera al anterior montaje del grupo, Sólo dime la verdad de Daniel Dillon, y confirma a Libre Palabra como uno de los grupos más interesantes del teatro independiente.

Sergio Velarde
17 de septiembre de 2010

domingo, 12 de septiembre de 2010

Crítica: THE REALITY LIMA PIPOL CHOU 2010


Un “arroz con mango” de cuidado   

¿Pueden acaso las barras bravas, el nazismo, los reality shows, los soñadores, “Lolo” Fernández y el Apocalipsis convivir juntos y revueltos en un mismo montaje teatral? Pues de ser esto POSIBLE, el reciente estreno de “The Reality Lima Pipol Chou 2010” en el Teatro Julieta, deja en claro que dicha empresa es IMPOSIBLE. Jorge Da Fieno vuelve a la carga, luego de varios años de estrenado su primer "Reality" (que cosechó buenas críticas en su momento), pero esta vez de una manera caótica y desordenada y con un elenco demasiado irregular, que poca ayuda hace para darle coherencia al dilatado tiempo del montaje.

“The Reality Lima Pipol Chou” no puede empezar mejor, con la figura de un divertidísimo Hitler (Da Fieno) lleno de amaneramientos y torpezas. Pero de ahí en adelante todo se derrumba de manera aparatosa, con las entradas toscas y salidas inexplicables de un sinnúmero de personajes que, o no tienen mayor trascendencia en el montaje, o simplemente se desvanecen en el aire sin terminar a cabalidad sus historias. Una de las supuestas virtudes de la obra (para los propios productores, lógicamente) era el de tener a 10 actores, interpretando 40 personajes en escena. ¡Pero de qué vale si la mayoría son apenas débiles bosquejos, cuya ausencia no afectaría en nada al montaje! El argumento, que podría ser dividido en capítulos no muy coherentes entre sí, sólo sirve para apreciar algunos aciertos parciales, como las actuaciones cumplidoras de Gladys Hermoza como un remedo de conductora de “reality” y de Giancarlo Delgado como la anciana secretaria del cura.

Pero si de algo valió la puesta en escena (y es que hasta de los más fallidos montajes, se saca algo de provecho), fue la de apreciar en acción a ese gran actor, que no se dejaba ver mucho en estos tiempos, llamado Jorge Da Fieno. Sus dos personajes: el líder nazi y el ingenuo párroco, son caracterizaciones de antología, que se merecían mejor suerte, con un montaje y elenco aparte. Tal como lo dijo el propio Da Fieno al final del estreno, sea cual sea la razón de su regreso a las tablas, el público lo celebra y le reclama un segundo debut, pero con las condiciones de lucimiento adecuadas, que le permita apreciarlo como se debe.

Sergio Velarde
12 de setiembre de 2010

Crítica: LOBO, ¿QUÉ ESTÁS HACIENDO?


Discursivo pero entretenido montaje para todas las edades  

Patricia Denegri escribe y dirige “LOBO, ¿QUÉ ESTÁS HACIENDO?” en el Centro Cultural Ricardo Palma, luego de haber terminado otra temporada para adultos en el mismo espacio. Ésta vez, se trata de una puesta en escena dirigida a un público infantil, pero el montaje contiene ciertas situaciones que bien podrían llamar la atención no sólo de los más pequeños. La premisa es la siguiente: el malvado Lobo consumó sus fechorías al haberse comido a Caperucita y a su Abuelita, pero debido a una fuerte indigestión, ambas son expectoradas. Pero la Abuelita quiere volver, debido al cálido ambiente de paz y tranquilidad vivido en las entrañas del Lobo.

Una vez presentados los personajes y la situación, la historia fluye con coherencia, aunque la dramaturgia puede pecar de discursiva por momentos. La Abuela (Felipe Verme) decide ahora buscar al Lobo (Raúl Durand) para que se la coma, y es entonces cuando Caperucita (Miriam Guevara), junto al Leñador (Roberto Huamán), quien no cumplió su deber inicialmente, deciden encontrar un galán otoñal, de nombre don Fabiano (Paul Beretta) para la Abuela, antes que permitir que regrese a las entrañas del Lobo. El concepto de la historia es atractivo y original, pero una puesta en escena más lúdica, en el que predomine el movimiento, la gestualidad, el trabajo corporal, frente a un buen manejo del texto y nada más, pudo haber resultado una mejor opción. La escenografía también es funcional, pudiendo ser más vistosa y creativa aún.

Sin embargo. Denegri consigue una puesta en escena atractiva, gracias a un inspirado elenco, en el que destaca nítidamente Raúl Durand como el divertido Lobo (el "antagonista" por excelencia convertido ahora en una torpe y graciosa "víctima") quien saca provecho de cada una de sus intervenciones, ganándose el cariño del público. “LOBO…” funciona como un entretenido divertimento, no sólo para niños, pero podría levantar más vuelo con una dirección más arriesgada que permita aprovechar todos sus elementos y recursos al máximo.

Sergio Velarde
12 de setiembre

domingo, 5 de septiembre de 2010

Crítica: EL RAPTO DE PERSÉFONE


Gran espectáculo, fallida dramaturgia


Rodeada de gran expectativa, se estrenó en el Centro Cultural Ricardo Palma la obra teatral “El rapto de Perséfone”, a cargo del grupo Kronopios bajo la dirección de Carlos Rubín, quien basó la dramaturgia en una antigua leyenda griega: Perséfone, hija de la diosa de la Tierra llamada Deméter, es secuestrada por Hades, para ser la reina del Inframundo. Inmersa en su dolor, Deméter deja de atender sus labores en bien de la Naturaleza, hasta no recuperar a su hija, lo que explicaría los cambios de estación en el mundo. Y si bien el mito de Perséfone no es de una gran complejidad, Rubín yerra ya sea en no propocionarle mayor simpleza al argumento, o en restarle coherencia a las acciones dramáticas, pues de uno u otro modo, el espectador promedio se vería confundido al no entender de qué va el montaje.

Pero si la idea de Rubín es darle al público sólo un vistoso espectáculo, lleno de imágenes, movimientos y creativas caracterizaciones, pues “El rapto de Perséfone” acierta a todo nivel. A pesar de algunas deudas que le tiene Rubín a Richard Torres y su particular visión de hacer teatro, las escenas en las que los actores escenifican sus coreografías constituyen lo mejor del montaje, dejando en segundo término al argumento en sí. El mismo Rubín se reserva el mejor personaje, Hades, en una cuidada caracterización en cuanto a maquillaje y vestuario, así como un ingreso espectacular con música, antorchas y danza. Los veteranos Mariella Trejos y Reynaldo Arenas recitan sus textos sin tacha, pero completamente aislados del resto del montaje. Edith Tapia cumple como la bella y trágica Perséfone, pero poco puede hacer por resultar algo más que un mero elemento decorativo. Acaso lo más interesante sea el trabajo en conjunto del Coro, en el que se encuentran actores de registro tan variado, desde Jeffrie Fuster hasta Úrsula Kellemberger (ambos, lo mejor de “El marqués del Mangomarca” del año pasado, también dirigida por Rubín), acompañados por Mariella Elizalde y Vanesa Carranza, quienes aportan fuerza y precisión en su desempeño escénico.

“El rapto de Perséfone” termina con un inexplicable parlamento a cargo de Reynaldo Arenas quien, en medio del escenario y sin máscara (obviamente en su calidad de intérprete), defiende a aquellos creadores que se arriesgan en estrenar obras teatrales “complejas” o “polémicas” de los críticos teatrales, quienes deberían darle mayor valor a las buenas intenciones que a los resultados en el escenario. Dicha postura no resulta para nada descabellada, pero sí resulta incoherente y fuera de lugar darla a conocer al finalizar algún espectáculo teatral, ya que se prestaría a muchas interpretaciones. Esta nueva obra de Rubín, a pesar de los problemas en dramaturgia y dirección de actores, vale como una honesta creación de este joven director, quien poco a poco irá encontrando su propio camino.

Sergio Velarde
05 de septiembre de 2010